QUE EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA LOS ACOMPAÑE.

viernes, 23 de noviembre de 2007

EL CASO DEL LIBRO DESAPARECIDO



La asociación NOVELPOL ha puesto en marcha un hermoso plan: liberar libros negro-policíacos en diferentes partes del mundo. Y les paso el chisme del que se va a liberar en México.

EL CASO DEL LIBRO DESAPARECIDO: JOY ANDA SUELTO

Me voy a amparar en dos razones para liberar este libro: una, que lo tengo repetido y, dos, que es muy difícil encontrarlo en México. Joy es la primera novela del escritor uruguayo radicado en Cuba Daniel Chavarría. Se considera la mejor obra policíaca publicada en la década de 1970-1890 en la isla caribeña. Y, sobre todo, como siempre, está llena de ese humor, tan cubano y característico de sus textos.
La novela será liberada el sábado 24, por la tarde, en la línea del metro que corre de CU a Indios Verdes –en México, D.F. Me sentiré muy contenta cuando la encuentres y la leas. Y si no te gusta, no la tires, por favor, el libro no tiene la culpa: sólo ponla a circular, una vez más. Hay alguien, por ahí, que te lo va a agradecer.

Si lo encuentras, sería muy bueno que nos dejaras un mensaje en esta nota. Así sabremos dónde y cuándo lo vas a soltar de nuevo. Sólo eso.

YAMILET GARCÍA ZAMORA

viernes, 16 de noviembre de 2007

DOS POEMAS, POR YAMILET GARCÍA ZAMORA

Nunca me he considerado poetisa, muy al contrario, mis poemas son escasos y nada buenos. Se pueden salvar, quizás, dos o tres. Soy, definitivamente, narradora, cuentista de pura cepa. Pero hoy me tomo el atrevimiento de subir dos poemas: el primero, escrito en México y el segundo, un viejo poema realizado en Cuba.


Mi amante hurga la razón del tiempo
Triste en la penumbra, me tiende el infinito
Sus manos se hunden
me asesina la nada
Mi amante de ojos sin despertares
Me desnuda de vicios
me prostituye de insomnios
Soy la novia fugaz que siembra espacios inconclusos
Mi amante es el ángel de la perdición perenne
Es mi amado no amado de caminos sin salida
Quiero sus brazos
la triste parsimonia de los tozudos
Me destroza el alma
no supo el cuerpo
Sus dedos trazaron dársenas en mi sexo
Es mi musa sin destino
sin castigo
Mi amante sin labios despierta mi lengua
Me intuye en las palabras
me extravía en el deseo
Yo soy otra en los instantes de su lucidez
Otra que escapa entre sus piernas insumisas
No puedo revelarle el camino
Sólo es mi amado sin tiempo y sin retorno
Alguien que abre puertas sin saberlo
Yo tomo el sonido de los goznes
silencios del amor acorralado
Lo extravié una tarde sin nombre
Naufragó entre cuerpos sin futuro
Mi amante de pesadillas sin noches
Almohadas desabridas de amores frustrados

“ INTERROGANTE DE LOS ESPEJOS “
La última interrogante de los espejos
asalta los cuerpos
alguien puede abrazar sortilegios
apresarlos entre ramas transparentes
ahora sólo hay necesidad de sosiego
cruzar la próxima aventura que se esconde
siempre
una doble interrogante tras los espejos
no reflejes un movimiento definitorio
las flores ya no abren a las caricias
la ternura es la búsqueda inmediata de lo inapresable
algo nuevo en cada resquicio
no rompas las esperas explorando el germen
en nosotros está la semilla
todo oculto a la espera
a la nueva canción que nos surca de imágenes
de cada ceniza brotarán melodías
cuerpos a la caza del postrer aliento
cuántos anhelan el final conjugado
nada es infalible en esta apocalipsis
el amor suele jugar sus perfectos remates
mi cuerpo es sólo un violín sin sustos
repleto de perplejidades

viernes, 9 de noviembre de 2007

De los cronopios oscuros ( SEGUNDA PARTE)

Hada Urbana( México, D.F, 1986) es una voz muy peculiar dentro de los cronopios -y no sólo por ser la única mujer. Sus textos fluctúan entre la realidad más descarnada y la poesía, navegando por temas filosóficos en ocasiones. Pese a su corta edad, muestra un dominio muy prometedor de la palabra. Hoy comparto con uds. un breve texto, desgarrador por su contenido y en el que subsiste, no obstante, un hálito poético y nostálgico que estremece.

Castillos y dragones.
POR: HADA URBANA.

Mariana llora todas las noches cuando su padre, invadido de alcohol, la golpea hasta caer inconsciente. Ella escapa a su cuarto, pone el seguro a la puerta —por si él llega a despertar— y se refugia en el pequeño espacio que hay entre su cama, un buró de madera y la pared color pastel de su habitación.
Las lágrimas han recorrido su rostro casi tantas veces como el incontable número de gotitas saladas que ahora la asfixian; con cada una de ellas va perdiendo su infancia, se le va escapando la vida.
Permanece con las piernas recogidas contra su pecho. Soba sus heridas y las baña con su dolor salado hasta que poco a poco ella misma se va engañando; se deja convencer por la idea optimista de su inocencia: “mañana papá volverá a prometerme, cuando regrese de la escuela, que no va a tomar más, pero mañana será cierto.” Con este consuelo se va adormeciendo. Se acurruca ahí mismo para sentirse más segura y sueña, sueña con castillos sobre montañas, palacios en las nubes, vuela montada sobre amigables dragones rojos de cuernos afilados y piel rugosa; sueña con un príncipe que la quiere y protege aunque en su fantasía no haya madrastras malvadas, hechiceras tétricas o monstruos; y Mariana sonríe cuando su príncipe le promete ser feliz con ella, por siempre y para siempre.

Despierta. Quiere seguir soñando. No desea ir a la escuela porque sabe que tendrá que inventar más excusas, más historias... Se levanta. Suspira. Va a clases.

Hoy soñará con el mito de los finales felices. Quizá mañana el azar esté de su lado y ella ya no despierte.

sábado, 3 de noviembre de 2007

De los cronopios oscuros de Casa Lamm (PRIMERA PARTE)

Bajo seudónimo -porque así lo quieren ellos- les presentaré textos de mis queridos cronopios. Ellos son -y lo digo muy orgullosa- mis alumnos, aprendices de escritores que prometen mucho, dada su edad. Laranjinha nació en el D.F, en 1982. La prosa de hoy hace referencia al ídolo de la juventud universal, el Ché Guevara. Desde una mirada posmodernista -el fin de las utopías, la caída de los fetiches y la humanización de los héroes- Laranjinha indaga en lo que pudo suceder si la historia hubiera sido otra. Su obra es, pues, una interrogación actual y muy interesante de ese sueño que se llama Cuba desde la óptica de la juventud, más allá de la Isla, que se cuestiona la persistencia de los cánones impuestos. Y los que conocen a Laranjinha, como yo, saben que el Ché es más que su heterónimo y que lleva a Cuba en la sangre.

Dr. Guevara
MI HETERÓNIMO
( Por Laranjinha)
In Memoriam Dr. Guevara
En días recientes este diario publicó la desafortunada noticia de la muerte del Dr. Ernesto Guevara de la Serna. Tuve oportunidad de conocerlo personalmente hace algunos años y mantuve, con relativa frecuencia, contacto con él. A manera de homenaje, me permito reproducir en esta columna la entrevista que me concedió, hace cerca de un año, con motivo de su más que merecido reconocimiento por parte de la Organización Mundial de la Salud, por su labor en el tratamiento e investigación de la lepra; especialidad a la que se abocó desde muy joven, cuando aún cursaba la carrera de medicina. Como siempre sucedía en nuestras pláticas, la charla giró inevitablemente a la política; tema que le apasionaba tanto o más, que la medicina.

Laranjinha.- En su diario de viaje sudamericano con Alberto Granado, usted, en el leprosario de San Pablo, Perú, menciona en un discurso: “…la división de América en nacionalidades inciertas e ilusorias es completamente ficticia. Constituimos una sola raza mestiza que desde México hasta el estrecho de Magallanes, presenta notables similitudes etnográficas” ¿Un médico multi homenajeado de 79 años, sigue pensando como aquel joven de 24?
Che.- Sí…, sí y cada vez me convenzo más de ello. Existen fronteras diluidas en el mundo globalizado; pero las fronteras sociales, económicas, políticas y, en mi caso, de salud, existen, y están bien implantadas de México a Argentina o como lo podemos ver en África o en las tres europas: occidental, central y del este. Aunque también tengo mi parte global, los principales problemas de la lepra en el mundo: desinformación y prejuicios.
L.- ¿Sigue declarándose comunista?.
Che.- No, de hecho nunca lo fui. En aquellas épocas, cuando llegué aquí a México, que andaba de fotógrafo-esposo-viajero-guerrillero, me definía más bien como socialista, que no es lo mismo que comunista.
De manera utópica sigo pensando igual, pero la vida, la madurez, la sistematización que han hecho los años, me hacen ver lo idílico que resulta una sociedad sin clases sociales; además, sería yo un pésimo ejemplo: trabajo en un hospital y en fundaciones privadas, doy conferencias en el corazón capitalista, mis hijos van a escuelas privadas, vivo en una residencial exclusiva… aunque tal vez sea el estar dentro de todo ello lo que me hace declararme con más fervor como socialista. Conozco al monstruo por dentro.
L.- ¿No se contradice, Doctor?
Che.- No necesariamente. No dejo de luchar desde mi posición por una sociedad más justa. Si la vida te da una situación cómoda, aprovéchala, disfrútala, pero que no por ello pierdas el deseo de justicia. No se necesita ser pobre para tener conciencia social.
L.- ¿Cómo ve Cuba actualmente?
Che.- Bipolar. No me sorprende lo de Fidel, desde que lo conocí aquí en México le ví grandes dotes de líder y con hambre de poder. Fue una de las cuestiones que me hicieron dudar aquella noche… Cuba cuenta con áreas muy positivas, como educación y alfabetización, medicina, deporte; pero ¿qué tan válido es que sean líderes en América Latina en estos aspectos si se pisotean los derechos humanos? ¿Si la cultura está supeditada a gritar loas al régimen? ¿Si una persona está por cumplir 50 años en el poder? ¿Si el consumo de carne, leche, jabones, gasolina e infinidad de productos tan básicos para nosotros están racionados? Claro, está el bloqueo; yo creo que Estados Unidos no ve que el bloqueo le da la excusa perfecta a Fidel para seguir en el poder. Si se acaba el bloqueo, hay dos escenarios: o Cuba se abre por necesidad al capitalismo y lo abraza o, lo que veo más factible, que se le acaba a Castro la excusa y la gente se harta aún más. En cualquier escenario, a la larga, Cuba no se sostendrá eternamente así. Es retrasar lo inevitable. Se acaba el bloqueo, se acaba Fidel.
L.- ¿Se arrepiente de no haber subido aquella noche al Granma (sic) con Fidel para iniciar la Revolución?
Che.- En sí dejé que el azar lo decidiera: tardé demasiado en encontrar mi inhalador contra el asma y al tratar de alcanzar a mis compañeros, me convencí de lo inútil de la lucha. Y me regresé.
¿Realmente pensábamos cambiar al mundo? Probablemente ahora ya estaría muerto y olvidado. No sé… tal vez hubiera sido mejor en el sentido de que, a pesar de estos homenajes, reniego del culto a la personalidad, al mito... es como si el capitalismo me hubiese engullido y ahora mi cara estuviera en pósters, playeras, tazas, pulseras con alguna frase épica. A un guerrillero socialista argentino de Cuba… eso sí sería contradictorio.

Hasta siempre, Doctor…

sábado, 27 de octubre de 2007

Poesía de la nostalgia.

A Juan Carlos Flores ( La Habana, 1962) lo conozco hace tanto tiempo que se me pierde la memoria en sus vericuetos. Capitán de la palabra nos enseñó, sin prisas ni cátedras, el valor de la metáfora. Tengo el inmenso orgullo de haber pertenecido a una generación de escritores que está grabando sus nombres, hoy en día, en los anales de la literatura cubana: Almelio, Juan Carlos, Jorgito, Pedro, Rafael, Ponte, Carlos... cuando todos éramos apenas aprendices y Amir llegaba a La Habana. Aquellas bacanales literarias en el taller José Lezama Lima, sí, en el mismísimo Trocadero 162 donde, cada jueves, construíamos sueños. Juan Carlos llegaba de esa ciudad acuática que es Alamar para compartir con nosotros hasta el último atisbo de té. Hace años que no lo veo pero guardo con mucho cariño lo más valioso: su literatura.

Idea de la poesía
Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
Convertida en cuerpo, en espejo,
es dos un hombre que se mira.
Convertida en árbol,
han de luchar la serpiente y el pájaro.
Convertida en relámpago, en muelle,
un niño tira de un cordel a la luna,
viene la madre y corta con tijera el cordel.
Si ascendemos la máscara, si descendemos el túnel.
No me encuentro, me busco, estoy ahumado.
La poesía en el duermevela
como el ave de la resurrección
a cada instante nace, se aniquila.
La palabra una mitad, el silencio la otra.
El poeta en una orilla, el escucha en la otra.
El poeta es el escucha, el escucha el poeta.
El acto poético es amor
y presupone una fe y una más allá,
sillar, isla que no se alcanza.
Adentrarse en la poesía.
Como se adentra un santo en el nirvana,
como se adentra un cuerpo en otro.
La libertad, timón hacia la poesía,
la poesía, timón hacia la libertad.
Agua y tierra y viento y fuego
es el poeta, es el escucha.
El sueño y la realidad dialogan, se rechazan
se engendran, se aniquilan:
una bocanada de luz, una paletada de tierra.
Intuimos a Dios y comenzamos a morir,
intuimos a la mujer y queremos la inmortalidad.
Me intuyo, luego soy poeta.
Te intuyo es una puerta, un vaso, si lloviera.
Qué cansancio en los ojos de perro,
una herida en el muslo y nos creemos dispuestos
para habitar nuevamente el paraíso.
Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
El cadáver de un rey flota en el pasto.
TOMADO DE: http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/en/Revista/ultimas_ediciones/76/flores.htm
APUNTES, DESTINADOS A UNA FOTO EN UN ÁLBUM FAMILAR
Rubén Duarte, uno de mis amigos y hombre cristiano si aún los hay, tiene en su casa a un perro —de la raza alemana, móvil de cacería— que alguna vez, mientras vivía en los nichos —sitios calientes de la ciudad— imponía a los otros, perros mestizos, su Ethos, más que un ente era un instrumento cortante.Rubén, tramo a tramo, le ha ido remansando para que juegue con su hijo pequeño, a quien nosotros, por sus hermosos rasgos firmes no tocados por el odio, que el rostro adulto crispa, llamamos “El niño albigense”, la semilla destinada a lo abierto, quizás.En el columpio donde La Simpatía al mecerse traza un canal sobre las dos orillas, ¿Cuál tocará el cielo y cuál tocará el suelo?, algo de niño tendrá el perro y algo de perro tendrá el niño, de modo que el sitio y el tiempo de los juegos pertenecen a otro orden, a duras penas avizorado por los mutantes, tras largas estaciones entre piedras y cactus, sin probar la sal de los comunes, en vísperas de la natalidad.Los científicos, usando palabras que son haces de paja, intentarían explicar lo que está sucediendo. Dijo Rubén: “hace un desierto afuera, dan ganas de quedarse junto a ellos como se queda uno en un brocal”.

PARA LOS TÍTERES
1. Una mujer pequeña, próxima, cotidiana, apenas perceptible. Un hombre pequeño, próximo, cotidiano, apenas perceptible.2. La mujer pequeña, próxima, cotidiana, apenas perceptible buscando -an-sio-sa-men-te- al hombre pequeño, próximo, cotidiano, apenas perceptible. El hombre pequeño, próximo, cotidiano, apenas perceptible buscando -an-sio-sa-men-te- a la mujer pequeña, próxima, cotidiana, apenas perceptible.3. Ambos soñando en construir una cámara o respiradero -para-uso-de-dos- frente a las sustancias tóxicas de la realidad, que emanaban convertidas en gestos de agresión, desde todos los puntos posibles del Espacio.4. La mujer pequeña, próxima, cotidiana, apenas perceptible nunca pudo encontrar al hombre pequeño, próximo, cotidiano, apenas perceptible. El hombre pequeño, próximo, cotidiano, apenas perceptible nunca pudo encontrar a la mujer pequeña, próxima, cotidiana, apenas perceptible.5. Quedó sin construir la cámara o respiradero -para-uso-de-dos-.6. Ambos murieron solos en el mismo hospital, el mismo día y a la hora señalada pero en cubículos distintos, contaminados ambos por las sustancias tóxicas de la realidad, que iban y volvían convertidas en gestos de agresión, desde y hacia todos los puntos posibles del Espacio.Post-Data: “Practicada la autopsia, los dos cadáveres ya en vías de descomposición fueron juntados en el congelador del hospital, y hoy, sus Esqueletos secados, de blanquísimos huesos, hacen las delicias del noviciado burlón, en una de las escuelas de medicina.”

El repartidor de biblias
El repartidor de biblias, Dios o su mensajero, va de casa en casa distribuyendo biblias. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Hoy que me llamo Pessoa, mi nostalgia es la botella cuyo contenido era leche a la puerta dejada. Exiliado de mí, si pudiera regresar a algún sitio, me gustaría regresar a mí mismo, lugar con arboledas. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Hoy que me llamo Pessoa, mi nostalgia es la botella cuyo contenido era leche a la puerta dejada. Exiliado de mí, si pudiera regresar a algún sitio, me gustaría regresar a mí mismo, lugar con arboledas. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Bombas de humo, para que tú en el invisible te conviertas. Algo por los asediados hay que hacer.
TEXTOS TOMADOS DE:
http://jorgealbertoaguiar.blogspot.com/2007/02/juan-carlos-flores-ocho-poemas-inditos.html

FOTO TOMADA DE: http://habanaelegante.com/SpringSummer2006/AzoteaDos.html
EN ESTA ÚLTIMA DIRECCIÓN PODRÁS ENCONTRAR MÁS TEXTOS DE JUAN CARLOS.
Juan Carlos Flores obtuvo en el año 1990 el Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba con su libro Los Pájaros escritos, publicado por Ediciones Unión en 1994 y con el cual obtuvo el Premio de La Crítica ese mismo año

martes, 23 de octubre de 2007

Desde Chile

Me encantaría que La morada fuera un lugar de encuentros y reuniones entre escritores jóvenes que no se conocen entre sí. Hace unos días, les dejé una historia de Sandra. Hoy quiero compartir con uds. un cuento de Mauricio Torrealba ( Santiago de Chile, 1976), que aparece en su blog: mtorrealba.blogspot.com/search/label/escritos. Ahí pueden leer otros, tan interesantes como éste. A Mauricio también lo conozco -lo "leo" sería mejor decir- en ese espacio literario ya imprescindible en las noches que es la Trivia.
" Final del círculo" es un relato corto pero sumamente desgarrador, que presenta una problemática muy de América Latina. Los encuentros y los desencuentros, las búsquedas y las partidas son, en nuestro continente, una constante social y política. Esta historia, contundente en sus frases cortas, pudo -puede- haber ocurrido en cualquiera de nuestros países.
Bien por Mauricio. Y, para la próxima, algo de los cronopios oscuros de Casa Lamm

“FINAL DEL CÍRCULO”.
Dejó caer su bolso sobre el pavimento al tiempo que bajaba el último peldaño. La brisa marina le golpeó la cara, refrescándolo. Había sido hasta ahí un largo viaje, iniciado un par de días antes en Ciudad de México, en aquella conversación con Aníbal. De ahí, vuelo hasta Santiago, y casi sin interrupción, bus hasta La Serena. María bajó del bus tras él, lo tomó del brazo, besó su mejilla y lo abrazó tiernamente, sin decir nada. Se quedaron así unos instantes, mirando hacía el océano. Tomás sabía perfectamente que su búsqueda se iniciaba recién, y que era hacia la cordillera donde debía emprenderla. Anochecía, y mientras sus pensamientos vagaban en torno a la jornada siguiente, alzó la mirada al cielo y pudo comprobar por qué esa región es la preferida para la instalación de observatorios astronómicos: en ningún otro lugar del planeta había admirado las estrellas con tanta nitidez. Siempre que miraba el cielo de noche se sentía muy pequeño, apenas una mota de polvo en el universo. En ese lugar, la humanidad entera le pareció insignificante.

Había nacido casi 30 años antes en Chile. Pronto el exilio lo obligó, con su padre, a partir. México los recibió. Ya en su adolescencia, Aníbal le contó que él no era su padre. Tomás era hijo de Esteban, el mejor amigo de Aníbal, y de la criada de la familia de aquél, una muchacha humilde, de origen indígena, proveniente del norte de Chile. Esteban sufrió un grave accidente en motocicleta meses antes del golpe. Estuvo hospitalizado grave un par de semanas antes de morir. En sus momentos de lucidez, le confesó a Aníbal que esperaba un hijo, y le hizo jurarle que cuidaría de él. Debió partir en búsqueda de la muchacha, que había retornado a su pueblo. Después de mucho buscar, dio con su paradero, en unas cuevas enclavadas en los cerros de La Serena. Ahí, entre cabras, perros, ratones y serpientes, había nacido Tomás, en medio de una miseria absoluta. Ya le precedían 3 hermanos. Aníbal convenció a la mujer que le entregara al niño, a cambio de una ayuda para paliar un poco la pobreza de su familia. Esta historia explicaba lo distinto de Tomás y su padre. Éste muy blanco, casi rubio, y Tomás oscuro, con marcadas facciones indígenas, de pelo negro azabache.

Tomás conocía la historia hacía tiempo, sin embargo, no sabía exactamente dónde vivía esta mujer. Además, se preparaba para empezar una nueva etapa en su vida, y le nació la necesidad de buscarla. Eso fue lo que conversó con Aníbal días antes. Ahora tenía un contacto, un lugar donde preguntar por su madre biológica.

Respiró profundo. Se detuvo un instante. Habló con el administrador del bar y preguntó por Eugenia. María, siempre a su lado, vio aparecer a la mujer desde la cocina y de inmediato notó el parecido. Desde el punto de vista físico, era el complemento materno perfecto para Tomás. La mujer se acercó, llamada por el administrador, a la barra donde estaban ellos. “Eugenia, este joven desea conversar contigo. No te distraigas demasiado” dijo el administrador retirándose. Se quedaron mirando. Luego de un segundo de silencio, Tomás dijo “Soy Tomás, el hijo de Esteban… tu hijo”. La mujer dejó caer la bandeja que tenía entre sus manos. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Tartamudeó. La única palabra coherente que salió de sus labios fue “perdón”. Tomás había llegado ahí sin ningún tipo de resentimientos, entendía perfectamente cómo habían ocurrido las cosas y se consideraba afortunado después de todo. La tomó por los hombros. “Tranquila, no pasa nada” y la abrazó. María, emocionada, pudo atestiguar la comunión producida entre madre e hijo, tan parecidos, pero tan diferentes a la vez, y que a pesar del tiempo y las distancias, se reencontraban. “Ella es María, nos vamos a casar en un tiempo más, y queremos que tú estés ahí”.

Un par de días después, volaban de vuelta al caos de Ciudad de México. María dormía a su lado. Tomás se distraía mirando por la ventanilla del avión y jugando en sus manos con un cubo Rubik, tratando de encajar los colores tal y como estaba logrando encajar las partes de su historia.

domingo, 21 de octubre de 2007

Concurso de literatura policíaca

III Concurso de Relatos Cortos Justo Vasco
BASES
1. La Asociación Cultural NOVELPOL (Amigos de la Literatura Policial) convoca el III Concurso de Relatos Cortos “Justo Vasco”, en el que se valorará la calidad literaria y originalidad de los trabajos.
2. Podrán participar todas las personas que lo deseen, sin distinción de edad, sexo o nacionalidad.
3. Todos los trabajos, sin excepción, han de ser inéditos, no haber sido premiados en ningún otro concurso, estar escritos en lengua castellana y pertenecer al género negro, policial o criminal.
4. Cada autor podrá participar con un máximo de dos relatos.
5. Todos los trabajos han de estar mecanografiados con fuente de doce puntos y en ningún caso podrán sobrepasar los 17.000 caracteres incluidos los espacios.
6. Los relatos, que no podrán llevar firma ni señal alguna que denuncie su procedencia, serán enviados a la dirección electrónica relatosjv2007@yahoo.es en un mensaje que llevará como asunto el título del relato, adjuntándose en el correo un archivo en formato word para Windows que contendrá el relato. Dicho archivo de word llevará igualmente como nombre el título del relato. El participante deberá enviar asimismo otro mensaje a la dirección electrónica plicasjv2007@yahoo.es, con el mismo asunto y adjuntando un archivo en formato word que llevará como nombre el mismo título del relato seguido de la palabra PLICA. Este archivo contendrá los datos personales del autor: nombre y apellidos, DNI, dirección física completa, teléfono y dirección de correo electrónico.
7. No será admitido a concurso ningún relato que no cumpla las condiciones establecidas en estas Bases.
8. Se enviará e-mail de confirmación de recibo a todos los participantes.
9. El plazo de recepción de los trabajos se cerrará el día 31 de diciembre de 2007. Cualquier relato recibido con posterioridad a esa fecha no será tenido en cuenta.
10. La decisión del Jurado, que será inapelable, se hará pública antes del 31 de marzo de 2008, y se comunicará a los participantes por los medios que la organización considere adecuados.
11. De acuerdo con la decisión del Jurado, de entre todos los relatos recibidos serán escogidos cinco finalistas, entre los que será elegido el relato ganador, que recibirá un premio en metálico de 250 euros.
12. El premio podrá ser declarado desierto, pero en cualquier caso se escogerán cinco finalistas. Si esto sucediera, cada finalista recibiría la suma de 50 euros.
13. Todos los relatos recibidos estarán en propiedad de la Asociación NOVELPOL desde el momento de su recepción hasta el fallo del Jurado. Si cualquiera de los trabajos presentados apareciese publicado o recibiese un premio o mención en otro concurso en ese plazo, quedará automáticamente descalificado.
14. Los trabajos finalistas serán publicados por la Asociación NOVELPOL, ya sea en formato digital o impreso. NOVELPOL se reserva el derecho de publicación de otros relatos si así lo considera oportuno.
15. La composición del Jurado se dará a conocer en el momento de anunciar el ganador del concurso.
16. El Jurado podrá resolver aquellas situaciones no contempladas en las presentes Bases, así como las dudas que se planteen sobre su interpretación.
17. La participación en este concurso supone la aceptación de todos los puntos de estas bases.
FOTO Y TEXTO TOMADOS DE : http://blognovelpol.blogia.com/

miércoles, 17 de octubre de 2007

Elfriede Jelinek ( Segunda Parte y Final)

DESEO, LA NOVELA DE LA CLAUSTROFOBIA.
POR YAMILET GARCÍA ZAMORA
El rostro de los personajes se diluye en un ambiente donde los días se suceden sin cambios y los espacios cerrados se imponen en la existencia. Pocos son los individuos con nombre propio, Gerti, la mujer, por ejemplo. El resto son el director, el hijo, el estudiante, la gente del pueblo, las mujeres, los niños. Este recurso posibilita un alejamiento impresionante de los hechos: si el lector no sabe cómo se llaman y casi no conoce cómo son, no se involucra en las pasiones, deseos o pensamientos de ellos.
Gerti está presa en una rutina que la hace, aún más, alguien a expensas de su marido. No basta con la dominación sexual y económica: la vida de esta mujer se circunscribe a la casa, el súper mercado, el hijo. En general, el espacio de la novela es más bien cerrado, al igual que el tiempo. Las propias descripciones lo hacen agobiante, hasta cuando hacen el amor: el baño cerrado, el coche. Y es que las propias personas habitan un universo enclaustrado y la autora se encarga a cada momento de recordarlo.
Cuando comencé la novela, tuve la impresión de estar en presencia de un narrador con problemas sicológicos, un narrador omnisciente al que le repugnaba el sexo y el contacto humano. No soy sicóloga ni pretendo realizar un análisis de esa índole pero al investigar un poco más acerca de la autora me encontré datos muy interesantes. En más de una ocasión, Jelinek ha expresado su terror a las multitudes, miedo que la hizo no participar en la ceremonia de entrega del Nobel. No pongo en duda, entonces, que en esta novela haya muchas de las fobias reales de su creadora que las vertió, consciente o inconscientemente, en la narración. La gran duda queda como una interrogante para investigaciones futuras, ¿ esto incluye al sexo?
Borges dice: "Cada uno se define para siempre en un solo instante de su vida, un momento en el que un hombre se encuentra para siempre consigo mismo. Quizá es posible percibir esta sensación básica y definitiva hacia la vida propia en la biografía. Al recordar su infancia, Jelinek percibe la soledad y el aislamiento como emociones principales, soledad como refugio ante el mal matrimonio de sus padres, más adelante, ante la enfermedad de su padre. Perplejidad, incertidumbre, trastorno, son los principios dominantes de su autoapreciación. Predomina el registro de constantes rupturas que, a la vez, parecen ser el hilo conductor de su obra, rupturas que son implacables y catastróficas. De esas sensaciones primarias se deriva un juicio hacia la sociedad como inhumana y una percepción de las reglas de convivencia, como desastrosas"[1]
En toda obra hay mucho de ficción y otro tanto de realidad. Cada escritor pone de su vida y sus maneras de verla en los personajes. En este sentido, veo mucho de autobiográfico en Deseo, en tanto sus personajes son violentos, deshumanizados, sociópatas casi –porque del asunto sexual no puedo afirmar ni negar nada. La propia vida de la autora, tal y como se plantea en la cita anterior, conduce a pensar esto.
Al final, quedé profundamente desencantada con la solución “feminista” que se le da al conflicto de Gerti. Esperaba algo como el famoso portazo de Nora[2], una actitud que me mostrara que, a pesar de su vida, frustraciones y desencantos, Gerti puede rebelarse. Que su odio a los hombres, en particular y a la sociedad, en general, lo puede enfrentar. Sin grandes epopeyas pero sí con gestos contundentes. Pero no. Gerti se convertirá en asesina de lo que más ama, en un acto que muestra su rendición. Matar al niño es su venganza contra los hombres y contra la sociedad porque los niños representan el futuro de la Humanidad. Muy feminista actitud. Muy abanderada de lo que debe hacer una mujer. Creo que es válido presentar historias, atípicas o no, de la cotidianeidad. Pero una escritora que se autoproclama defensora de los derechos de la mujer debe, al menos, ser consecuente en su literatura. Si junto al asesinato se hubiera perpetrado un suicidio, creo que la visión hubiera sido más acorde con la filosofía de su autora. Pero en su radiografía social, Jelinek –que ya ha desmoronado, página a página, el amor, el sexo, la política, el país, los gobernantes- destruye lo último, lo más sagrado por siglos de educación occidental. Pusilánime, humillada y vencida, Gerti no es capaz de matar al marido o al amante; no es, siquiera, en su infinito egoísmo, capaz de matarse, sino que destruye el fruto de un amor que es asqueroso, la semilla que, un día, será hombre y hará lo mismo. Esto es obra de una mente profundamente retorcida y enferma en sus raíces, aunque no creo que Gerti esté loca sino sólo cansada. Cobarde y sometida, no encuentra otra salida, ni siquiera la de las grandes heroínas de la literatura o los actos no tan sublimes pero sí diarios de miles de mujeres que huyen, reconstruyen su vida lejos o matan al marido. Claro, estoy escribiendo mi novela y no la de Jelinek. Pero es muy decepcionante creer en la actitud feminista de alguien para terminar leyendo una novela cobarde y machista.

[1] http://www.vozuniversitaria.org.mx/numero1/elfriede_jelinek.htm. Página consultada el 9 de octubre de 2007.
[2] Nora, personaje protagónico de Casa de muñecas, la obra de teatro de Henrik Johan Ibsen (1828 - 1906). Pero Deseo no se atreve a tanta liberación de la mujer.

BIBLIOGRAFÍA.
1- Gónzalez, Marta Leonor. “Gloria Guardia: No creo en lecturas obligatorias” La prensa literaria. Suplemento semanal del Diario La prensa, Nicaragua, 9 de marzo de 2002. en: http://www-ni.laprensa.com.ni/archivo/2002/marzo/09/literaria/ensayos/
2- Jelinek, Elfirede. Deseo. España, Destino, 2004
3- Kalinsky, Beatriz. “Una construcción antropológica del tratamiento jurídico-penal de madres imputadas de masacre familiar” en: http://www.ugr.es/~pwlac/G19_16Beatriz_Kalinsky.html
4- Montero, Mayra. Púrpura profundo. España, Tusquets Editores, 2000
5- http://www.vozuniversitaria.org.mx/numero1/elfriede_jelinek.htm
6- http://elmundolibro.elmundo.es/elmundolibro/2004/12/01/narrativa_extranjera/1101921583.html

domingo, 14 de octubre de 2007

Elfriede Jelinek ( Primera parte)


Donde no hay deseo.

Por YAMILET GARCÍA ZAMORA

Elfriede Jelinek ( Austria,1946) es una escritora que ha generado muchas polémicas con sus libros. Clasificada como feminista por la inmensa mayoría de la crítica, Jelinek ha publicado alrededor de una veintena de libros, entre los que se desatacan Somos reclamos, baby ( 1970), Los excluidos ( 1980)), La pianista ( 1983) y Deseo ( 1989). Y de esta última, precisamente, voy a hablar a continuación.
La primera impresión que me produjo la novela fue de una obra con un lenguaje inquietante. El estilo telegráfico del mismo se fue revelando como una novela donde el protagonista, el gran protagonista es el lenguaje. Tengo que admitir que para despertar el cúmulo de sensaciones que la obra abre en el lector hay que tener un manejo único de la forma. Y es algo que no se le puede negar a la autora. Pero –y aquí vienen mis críticas- el lenguaje se convierte en violador de las imágenes, nada poético, profundamente retorcido y repugnante. Lo curioso de esta narración es que aquí no hay deseo y el paratexto del título se convierte en la primera gran bofetada: este matrimonio, en apariencia ejemplar, es una fachada de la mujer comprada y sometida, humillada una y otra vez por el macho. Aquí no hay erotismo. No hay orgasmos. No hay sexo para complacer sino para autocomplacerse. Esta mujer, Gerti, es violada sistemática y brutalmente por su marido. Y hago énfasis en el concepto violación porque ella no participa en el show que su marido monta sino que es una pasiva y complaciente acompañante de un marido dominador. Cualquier acto sexual que se realice con la complacencia de los implicados está bien –sea lo que sea- pero cuando uno de ellos lo hace obligado, física o moralmente, es una violación. Crudo hasta la escatología más humillante, Gerti se pliega a los caprichos de su marido porque él es quien la mantiene.
Aun cuando es una novela llena de sexo, las escenas son tan repetitivas que llegan a cansar. No hay imaginación, ni inventiva, con una mujer siempre pasiva y un hombre dominante que la usa a su antojo. Lectora y escritora, como lo soy, de textos eróticos, no pude menos que comparar Deseo con Púrpura profundo[1] . Efectivamente, la novela de Jelinek no es erótica porque no juega con ese sentido de los más vastos, inconfesables y abismales sueños sexuales de los humanos que es, en definitiva, lo que nos despierta la libido. Página a página, la autora se esfuerza –y lo logra- por mostrarnos un mundo donde la mujer es juguete sexual de los hombres, con referencias al sexo francamente despectivas, con un odio concentrado que hace levantar muchas sospechas acerca de la salud mental o, al menos, sexual, de una narradora omnisciente que utiliza descripciones crudas, nada complacientes y sí altamente denigrantes para referirse al acto del amor. De esta manera: “La mujer se queda quieta como la taza de un retrete, para que el hombre pueda hacer su gestión dentro de ella”[2]. O los hombres utilizan un rabo-abrelatas. Este hombre, de nombre y rostro desconocido, ordena que la mujer no se bañe para disfrutar sus olores ( p. 52), la golpea cuando ella se niega a hacer algo, o puede, incluso, meterle guisantes, lentejas, imperdibles o cuentas de cristal por el sexo. Puede orinarla. Puede defecarla, aunque ella quiera o no. A medida que avanzaba en la lectura, me pregunté cuál era el objetivo de la autora al describir una realidad que, si bien es cierta –y no sólo en las clases medias, a esto me referiré más adelante- no apuntaba a una visión feminista.

DESEO Y EL FEMINISMO.
La crítica actual se ha dedicado con bastante tenacidad a establecer las posibles diferencias entre literatura feminista y literatura femenina. Al respecto, la escritora Gloria Guardia[3] expresó:
La diferencia es clara: literatura fémina,{femenina} como nos dice su etimología latina, quiere decir propio de mujer, de persona del sexo femenino. Esta literatura puede ser escrita tanto por hombres, como por mujeres. Porque el tema, no tanto el tratamiento que se dé a éste, es lo más importante en este tipo de escritura. Un ejemplo de Literatura Fémina es “Madame Bovary” de Gustave Flaubert. Aquí, la visión que tenemos de la protagonista es la patriarcal, la que incluso fue imitada por muchas escritoras europeas de finales del siglo XIX, y de principios del XX y que desafortunadamente algunas de nuestras autoras siguen calcando a esta fecha. La otra, la literatura feminista es aquella que refleja, en su lenguaje, en sus metáforas y en sus mitos, la visión femenina contemporánea. Un buen ejemplo de esta literatura feministas es “Simetrías”, de la argentina Luisa Valenzuela. Se trata de un libro de narraciones que puede considerarse como un autoanálisis; o sea como una reflexión sobre la escritura que se vuelve meditación sobre la propia identidad.[4]
Existe, por lo tanto, una clara distinción entre ambos términos aunque todavía haya quienes los confundan. No obstante, hay algunos ejemplos en la literatura mundial de obras escritas por hombres que son femeninas y feministas –aunque parezca muy extraño que un representante del “sexo fuerte” pueda escribir desde la visión femenina. Tal es el caso de Las Honradas, de Miguel de Carrión[5] Y al comparar ambas, la del cubano y la austriaca, me pregunto qué quiso decir, plantear y demostrar Elfriede Jelinek con Deseo, una novela con una sexualidad pacata, repugnante y conformista. Jelinek se autoproclama feminista pero creo que entre sus confesiones y la literatura que escribe, en muchas ocasiones, hay una contradicción. En una entrevista realizada por el periódico austriaco 'Der Standard', la autora dijo: “… {que en Deseo había} intentado constituir el lenguaje femenino de lo pornográfico… {pero} es imposible dado que la óptica de lo obsceno es inevitablemente masculina.. El sujeto del deseo es el hombre, y cuando lo es la mujer no tiene (aún no lo tiene) un lenguaje para su deseo..."[6] No puedo leer esto sin sentirme profundamente irritada por una opinión tan machista, máxime cuando es una mujer la que la expresa. Quizás la fuente no la citó correctamente pero no es necesario, siquiera, averiguar esto porque cada página de la novela está diciendo, precisamente, lo mismo. Para una mujer del siglo XXI con libertad imaginativa, económica, cultural y vivencial, es denigrante siquiera pensar que no posee, como ser humano, lenguaje para su deseo y que lo obsceno es territorio exclusivo de los hombres. Es cierto que las féminas librepensadoras han sido clasificadas, históricamente, como meretrices, putas y hasta lesbianas pero de ahí a negarles –negarnos- un lenguaje de lo erótico, lo que deseamos y lo que debemos expresar en nuestra vida sexual, se me hace una posición medieval. Si no pudo construir un lenguaje femenino de lo pornográfico, inclusive siendo mujer, es que está muy alejada del erotismo real de la vida.
¿ Que hay en el mundo, todavía, matrimonios como el de la novela? Nadie puede negarlo. Y peores, diría yo sin temor a equivocarme. Y no hay que ir a Austria para encontrarlos. El machismo latino es profunda y ancestralmente más violento que otros del mundo. México es, desgraciadamente, un muy buen-mal ejemplo de esto, a todos los niveles sociales. Un machismo que se expresa desde lo más burdo –los golpes- hasta lo más “sofisticado” de ciertas clases acomodadas, al no permitir a la mujer trabajar con el manido pretexto “yo gano lo suficiente”- pretexto que, en ocasiones, aplica para todo tipo de estratos en la sociedad. Es, por lo tanto, casi risible una denuncia literaria contra una hipocresía matrimonial casi generalizada a todos los niveles y en todos los países, máxime cuando aquí la justificación es el SIDA. Creo que nuestros queridos machos latinoamericanos jamás han necesitado un motivo, banal o cierto, para tener amantes u obligar a las mujeres a un sexo contra su voluntad. Quizás sí funcione en Austria pero me queda la gran, terrible duda, ¿acaso las clases menos acomodadas, los proletarios, no hacen lo mismo? Ese proletariado sin rostro –o con un gran rostro colectivo- que presenta la novela con una mirada casi utópica. El proletariado de la fábrica, la gente del pueblo, que trabajan, comen embutido y se reproducen, sin entrar en los juegos de la doble moral burguesa, son casi un símil de la idea roussoniana[7] del hombre natural. La realidad de la vida cotidiana muestra que no es cierto, que la hipocresía y la doble moral es común a todos y hasta en las sociedades del “hombre nuevo”, donde el “vil Capitalismo” ha sido derrotado y la moral “revolucionaria” prima, existen ambas condiciones. Y muchas otras.
Continuará...

CITAS:
[1] Mayra Montero. Púrpura profundo. España, Tusquets Editores, 2000. Esta novela obtuvo el XII premio de literatura erótica La sonrisa vertical en el año 2000
[2] Elfriede Jelinek. Deseo. España, Destino, 2004, p. 36.
[3] Novelista, ensayista y académica panameña- nicaragüense; nació en Venezuela el 12 de marzo de 1940. En 1984 la Academia Panameña de la Lengua la eligió Individuo de Número. En 1990 colaboró, en Madrid, en la elaboración y redacción de la vigésima primera edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia. Y desde 1999 forma parte de la Comisión de Lingüística, de la Academia Colombiana de la Lengua. En 1992 fundó, por sugerencia de la sede central en Londres, el capítulo panameño de la Internacional P.E.N, la más antigua sociedad mundial de escritores, cuya tarea prioritaria es la defensa de los derechos de los escritores alrededor del mundo.
[4] Marta Leonor González. “Gloria Guardia: No creo en lecturas obligatorias” La prensa literaria. Suplemento semanal del Diario La prensa, Nicaragua, 9 de marzo de 2002. en: http://www-ni.laprensa.com.ni/archivo/2002/marzo/09/literaria/ensayos/
[5] Miguel de Carrión (1875-1929), escritor cubano. En 1918 publica Las honradas, una novela donde se presenta a la mujer en sus distintas facetas y el papel que juega en la sociedad. La visión de Victoria, la protagonista, es extremadamente liberal y feminista en su época y el parlamento final de la misma es un breve ensayo acerca de cuál es el papel de la mujer en la sociedad cubana de principios del siglo XX y el dilema de una madre ante la educación futura de su hija. No obstante ser considerado por los críticos como una figura menor en la narrativa cubana, creo que en Las honradas y Las impuras ( 1919) –más en la primera que en la segunda- hay un texto muy vigente acerca de los sentimientos, deseos, anhelos y frustraciones –incluso sexuales- de las mujeres de todos los tiempos. Y hay, además, un deseo de búsqueda y una rebelión contra el papel impuesto por la educación al llamado “sexo débil”.
[6] http://elmundolibro.elmundo.es/elmundolibro/2004/12/01/narrativa_extranjera/1101921583.html. Página consultada el 7 de octubre de 2007.
[7] Juan Jacobo Rosseau ( 1712-1788), filósofo ilustrado francés. Introduce, en El contrato social (1762) la imagen del "buen salvaje", una suerte de inocencia natural (no existe el pecado original), la bondad es innata así como la igualdad absoluta. El concepto de naturaleza –que está muy marcado en la novela con la presencia del bosque, las casitas, las nevadas en el campo, el río- sirve como punto de referencia y concepto directivo.

FOTO TOMADA DE:
http://www.elmundo.es/elmundolibro/2004/10/07/protagonistas/1097147317.html

A propósito del gerundio.

La noticia ha recorrido el mundo: el gobernador de Brasilia ha prohibido el uso del gerundio en los documentos administrativos de la capital brasileña. En vez de alentar a los servidores públicos a un uso adecuado de las formas no personales del verbo y de los tiempos en futuro, el camino más sencillo, alentar la ignorancia, es el que ha sido tomado. Nadie niega -mis alumnos lo saben- que la utilización adecuada de los ando y los iendo es una labor laberíntica. Tan complejo es este asunto que la mayoría de los lingûistas y gramáticos -desde Gili y Gaya, pasando por María Moliner y Manuel Seco, que le dedica varias páginas en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española- invierten tiempo, conocimientos y estudios en tan difícil tema. Pero la clave está en aprender su utilización correcta. Dominarlo. Y ponerlo al servicio de nuestra lengua. Si empezamos a eliminar todo lo difícil, engañoso, problemático de nuestro idioma -o de otras lenguas romances- ¿ a dónde llegaremos?

Y para demostrar que sí es posible escribir bien con gerundios -y hasta poéticamente- les dejo un cuento de Diana Gamarnik, correctora y redactora del periódico Clarín y de la editorial Heliasta, ambas de Buenos Aires. Y después de revisar a conciencia la gramática del cuento, estoy muy asombrada de un texto breve, capaz de utilizar un lenguaje telegráfico pero profundamente poético, un manejo adecuado de los gerundios y de las oraciones con verbos elípticos. Un excelente ejemplo del dominio escritural.

Mi cara en el espejo

La mesa cubierta de libros y de apuntes.
Sergio leyéndonos las características de los yacimientos de oro.
Alicia preparando café.
Mi mano derecha a veintisiete centímetros de tu mano izquierda.
El anillo en el dedo anular de tu mano izquierda.
Tu voz retumbando en mi cabeza confesándome que no sabías qué hacer con lo que sentías por mí.
Mi voz retumbando en tu cabeza contestándote que eras mi amigo y que estabas casado.
Los nueve días que pasaron entre esa conversación y este momento.
Tu mano que me atrae y me repele como si fuera un imán de polos invertidos.
El anillo que brilla desafiante.
Mi mano que abandona la distancia y busca tu caricia.
Tu mano que se adueña de la mía y la penetra.
Sergio levantándose a buscar agua.
Vos estampándome un beso que me lastima y me desdibuja la boca.
Tu barba raspándome la piel.
Yo enmudeciendo sin saber qué decir.
Vos caminando como un tigre enjaulado.
Sergio avisando que terminamos de estudiar por hoy y que se tiene que ir.
Alicia anunciando que tiene que salir pero que enseguida vuelve.
Vos diciendo que te quedás un rato más para tomar unas notas.
Las respiraciones contenidas esperando encontrarse a solas.
Tu vida apoderándose de mi vida.
Las palabras que no alcanzan para todo lo que queremos contarnos.
Vos y yo escondidos en el baño por si Alicia llega.
Las ganas demoradas de comernos el uno al otro.
El apuro entremezclado con la lentitud de la espera.
Mi camisa azul y mi corpiño desabrochados.
Las bocas cumpliendo todo lo que las manos habían preanunciado.
Mi pollera levantada.
Mi bombacha en tu bolsillo.
Tus pantalones en los tobillos.
Los dos enfrentados a nuestra imagen en el espejo.
El tirón de pelo que me diste para que levantara la cabeza y me mirara.
Tu cara oscura perdida en mi pelo rubio.
Mi cara en el espejo y la rotunda comprobación de la imposibilidad de ponerle límites al deseo.
CUENTO TOMADO DE: http://www.elcastellano.org
FOTO: http://diana-marina-gamarnik.neurona.com/

lunes, 8 de octubre de 2007


JINETERAS

Por José Ramón Gómez Cabezas

En el año 98 viajé por primera vez a Cuba. En el vuelo de regreso a España me invadían sensaciones ambiguas sobre el viaje que acababa de realizar: por una parte, Cuba me había parecido un país espectacular en sus paisajes y con una historia curiosa y envidiable en muchos aspectos, pero a la vez estaba decepcionado o quizás angustiado por algunos detalles que dejábamos atrás, entre ellos, ver como una muchachita de no más de doce años, en una de las playas cercanas a la capital, consentía los tonteos de un grupo de asiáticos, algo ya veteranos, con intenciones muy definidas.
Quizá fuera el sabor agridulce de esta decepción lo que me impulsó a acercarme, con cierto desespero, a la literatura policial cubana, de la que había oído maravillas, pero aún no había tenido el placer de leerla.
Fue así como, tras una búsqueda intensa, me hice con algunos libros de autores cubanos: Leonardo Padura, Lorenzo Lunar, Amir Valle, Daniel Chavarría, Reynaldo Cañizares. Todos ellos mostraban, con poderosa narrativa, un mundo de picaresca donde la supervivencia a cualquier precio pasa de ser un instinto a convertirse en el leitmotiv de todo un país
De toda esa pléyade de autores isleños, me atrajo desde un primer momento un tal Amir Valle, refinado autor que traslucía un auténtico amor por su patria, pero al que no le dolían prendas remover algunos cimientos de la hipocresía del poder en Las Puertas de la noche, Si Cristo te desnuda o Entre el miedo y las sombras. Ni que decir tengo que devoré estas novelas donde se dibujaba una realidad mucho más parecida a la que yo intuía que a la probablemente oficial o turística. Drogas, abusos sexuales, proxenetismo; todos sus libros esbozaban un submundo lleno de cotidianeidad corrupta, incluso putrefacta, que duele en los ojos al leer y un nudo cabrón te acompaña en el pecho durante su digestión.
Ahora, cuando ya han pasado algunos años y he podido charlar con el autor en innumerables ocasiones, cuando ha publicado Santuario de sombras, para mí la mejor de la serie de novelas protagonizadas por Alain Bec y el viejo Alex Varga, llega a nuestras manos formalmente editada Jineteras, un envidiable ensayo periodístico que ha implicado del autor prácticamente nueve años, nueve dolorosos años para que esta tesina sobre el mundo de la prostitución en el Caribe vea la luz, emprenda una peculiar carrera de obstáculos y reciba los elogios y premios que merece.
Algunos pudimos conseguirla a través de Internet hace tiempo, pero aquello no era serio; era, digamos, un esbozo, un boceto que curiosamente no acabó con el libro, si no que más bien le confirió una inesperada publicidad: ¡para que luego digan de la red de redes!
El jineterismo es prostitución, llamada con otro nombre más cubanizado, afirma el autor; es una de sus variantes, y la prostitución en el Caribe ha existido desde que en La Pinta viajaran seis prostitutas para aliviar las tensiones de la tripulación. A partir de aquí, Amir Valle reconstruye este fenómeno históricamente hasta nuestros días, con inigualable pericia.
Para llevar a cabo su trabajo de investigación, el autor se ha entrevistado con 125 jineteras, 32 proxenetas, 15 dueños de casas de alquiler, 3 dueños de burdeles, 14 dueños de casas para shows de travestismo, 9 travestís, 6 taxistas particulares y 27 médicos, abogados, psicólogos, policías, empleados de hotel, etc..., impresionante elenco del peculiar universo que se esconde tras este reclamo que, año tras año, atrae a miles de turistas de medio mundo.
Las verdaderas protagonistas nos irán desvelando, en primera persona, cómo se iniciaron, sus motivos, los beneficios que sacan, las reglas no escritas, incluso detalles mucho más escabrosos. Por su parte los chulos nos hablarán del reparto de las zonas, los castigos que se han de inflingir si alguna osa trabajar por su cuenta, los sobornos a policías y custodios de hoteles y negocios. En definitiva, no falta ni un solo ángulo de visión para este complejo prisma.
La oficialidad probablemente tenga sus manidas explicaciones al respecto. Incluso, autores ideológicamente más cercanos a esa oficialidad, como Daniel Chavarría en su premiada novela “Adiós Muchachos”, utilizan el fenómeno para componer un magnífico personaje. En cualquier caso, y en el libro queda reflejado, más de un cubano gira la cabeza decepcionado cuando se les habla del fracaso de la Revolución en este aspecto.
Para los que hemos leído la obra de Amir Valle, Jineteras se convierte en un referente indiscutible para conocer, de primera mano, las desdichas de los verdaderos protagonistas de sus libros anteriores. Para los que nunca hayan leído a este autor, Jineteras les abre las puertas de un mundo semioculto, pero real, donde las perversiones y el salvajismo comparten almohada con el desencanto y el poder y, en definitiva, tan solo reflejan el quehacer diario de la dolorosa perspectiva de un país.


domingo, 7 de octubre de 2007

La rueda, un cuento de Sandra

A Sandra, la Negra, la conocí en la Trivia, ese espacio virtual donde nos reunimos todas las noches a jugar, hablar y discutir de Literatura... y otras cosas. Y aunque ella nació en 1972 y vive lejos de mí, en Argentina; a pesar que nunca nos hemos visto personalmente, a veces tengo la impresión que la conozco de toda una vida. Sandra Nélida Pécora - que es su nombre completo- escribe poemas y pequeñas prosas poéticas. Hoy tengo el gusto de presentarles una, toda poesía,todo corazón.

LA RUEDA.
A Alexis García Zamora
En esta historia representarás siempre el mismo papel: siempre estarás huyendo, siempre traficarás cosas inútiles, siempre la verás y sabrás que es Ella. Siempre la encontrarás en una encrucijada, le darás la mano, la rescatarás del olvido, se amarán y seguirán su camino. También Ella tendrá una sucesión de repeticiones. Fracasará una y otra vez. Se sentirá triste, trágica e imposible.

Así, la Rueda seguirá girando.

Hoy la cita es en Buenos Aires. Plaza Dorrego. Muriendo el invierno. Entrarás a un Pub. Estarás solo - o eso creerás-.Pensarás que estás de paso. Sos un viajero que trafica cosas inútiles. Hoy son teoremas, jugás con los números como la Rueda contigo.

Ella estará leyendo ávidamente. Ya sabés... nunca pierde el tiempo. Parece devorar las cosas, como si el mundo terminara hoy. Aquella vez era cantante y llevaba un escotado y sensual vestido rojo. Te fascinó. Hoy es escritora. Mejor dicho, lo será. Todavía necesita la estrella de tu presencia en su vida.

Te sentarás en una mesa junto a la de Ella. Algo te atraerá...su perfume. Intenso. Con notas a madera de oriente y sándalo.

Se sentirá observada. Levantará la vista y como recitando un ancestral mantra dirá: -Lo demás es nada. La frase de Pessoa. Aquel poema que le leíste. La clave de la cita.

La Rueda sigue su curso.

No tendrás dudas. Otra vez te está esperando. Nunca te ha dejado ni te dejará. Entonces, la recordarás cantando en Montmartre, cuando no tenía estos largos cabellos que acariciarás. Sus labios no son tan finos como los que besaste en la calle de la Bonn. Tampoco sus ojos son iguales, eran celestes, grandes, brillantes. Hoy son marrones, algo tristes. La mirada es la misma. Lejana. Profunda.

Es Ella. ¡Es Ella! No te dejó. Ha regresado. Ayer fue canto de sirena. Te atrajo su música, su voz. Hoy es...¡Qué importa! Siempre es Ella. Siempre sos Vos.

Mientras te cuenta su fracaso, te irá reconociendo. Y aquel lejano amor volverá a aparecer. Intentarás representar el papel que más te gusta. Querrás seducirla. Usarás tu máscara de niño travieso. Esa vieja costumbre que te lleva de una mujer a otra. De un adiós al siguiente. De un abandono a otro.
-No hace falta - te dice -. Tenemos un pacto. Somos fugaces. Pasajeros de un sueño. Jamás te dejaré.

Ella es tu eterno fantasma. Y Vos el de ella. Aparecen y desaparecen para que la Rueda siga girando.

Estirarás tu mano. La recorrerás. Perderás tus dedos en sus cabellos. Ella te dibujará, rozándote apenas Grabarán en sus almas este recuerdo. Este poema que escriben de a poco. Una estrofa por vida. Sus ojos. Si. Sus ojos serán la clave de la próximacita.

Esta vez el lugar creerás elegirlo vos. En realidad, lo elige la Rueda. Se verán en El Cairo. Será un momento difícil. Un mundo peligroso los rodeará. Pero no les preocupará. Tienen que continuar.

Allí los volveré a soñar. O nos soñará la Rueda, para seguir girando. Otra vez estarás huyendo, traficando cosas inútiles y necesitando rescatarla y Ella deseando volver aamarte. Hasta un día. Cansados de tanto viaje. Se mirarán de frente. Decidirán escoger cuál será su derrota. Terminarán de escribir el poema. Comprarán el mejor vino. Brindarán a la salud de nadie. Y se irán a dormir.

Esta vez sin soñar ni ser soñados.

Por fin, para ustedes, la Rueda no seguirá girando

jueves, 4 de octubre de 2007

Premio Nacional del Libro en Caracas

Novela negra, roja y rosa se llevó Premio Nacional del Libro

ABN 03/10/2007Caracas, 03 Oct. ABN.- La obra del escritor y periodista Eloi Yagüe, Cuando amas deber partir, calificada por el autor como una novela negra, roja y rosa fue premiada este miércoles con el IV Premio Nacional del Libro 2006. Esta obra titulada con un verso del poeta francés Blaise Cendrars, cuenta la historia del periodista Fernando Castelmar, y forma parte de una trilogía integrada por Las alfombras desgastadas del Gran Hotel Venezuela y por otro título en el cual trabaja el autor y que será denominado La princesa flotante. El protagonista, Castelmar, es la figura del antihéroe característica en el género de la novela neopolicial latinoamericana que posee algunas chispas de humor y otros elementos que carece la novela negra clásica. Autor de cuentos de terror, policiales, fantásticos y minicuentos, Yagüe explica que lo rojo de la novela consiste en su contexto político y social en el que se desarrolla el movimiento popular del 27 de febrero de 1989, conocido como El Caracazo, el cual es el detonante que acelera la crisis de Castelmar y lo hace retomar sus ideales de izquierda. La parte rosa de esta novela también ganadora del Premio Salvador Garmendia está basada en un romance del protagonista con una joven llamada Aída, un personaje que fue muy difícil de construir y uno de los mayores retos de la obra a juicio de Yagüe. Cuando amas debes partir tiene una estructura policial de novela negra y presenta una investigación en torno a la búsqueda de la verdad que le garantiza al lector que va a haber resultados.

TOMADO DE: http://balacera.blogia.com/

lunes, 1 de octubre de 2007

El Dios de las pequeñas cosas


Las pequeñas cosas no se llaman Mujer.
Por YAMILET GARCÍA ZAMORA
El Dios de Las Pequeñas Cosas es una novela de la escritora india Arundhati Roy, (1961). Es su primera obra y, hasta ahora, la única novela que ha escrito. Ganó el Premio Booker en 1997 y fue traducida, rápidamente, a varios idiomas. Aparentemente, el texto cuenta las vivencias de dos hermanos gemelos en el estado indio de Kerala, durante el año 1969- aunque el tiempo de la novela se desarrolla entre ese año y 1993, cuando ambos se reencuentran. Pero, en realidad, la trama es mucho más ambiciosa, al presentar la discriminación a que son sometidas las mujeres en la sociedad india, el sistema de castas y su injusticia, la posibilidad del amor entre clases sociales diferentes, la presencia del Comunismo y cómo se puede atentar contra la salud mental de los niños, al punto de traumatizarlos para siempre.

La novela comienza con la llegada de Rahel- la gemela- a su casa, muchos años después de su partida. No se mantiene una narración lineal en la obra sino que se realizan saltos espacio-temporales al pasado y al presente. En estas analepsis el lector tiene que ir tejiendo el relato, para no perder los datos esenciales que se presentan. Porque desde el inicio se habla de la muerte de Sophie Mol- la primita medio india y británica- pero sólo con la lectura se puede reconstruir todo lo que sucedió.

La mayor parte de la historia sucede en una aldea llamada Ayemenem, en Kottayam, Kerala, por lo que el espacio es muy concreto y representa no sólo un lugar en específico sino un contexto muy nacional, con las características de la sociedad que la autora quiere resaltar y denunciar. Los problemas familiares y sociales de esta familia en dicho pueblo no son fortuitos ni casuales, sino que representan uno de los grandes dilemas del país: la discriminación a la mujer. Por lo tanto, en un espacio real y concreto- autobiográfico, además, como se verá más adelante- la autora coloca, a nivel familiar, un conflicto nacional que, aún hoy en día, no se resuelve.
Ayemenem no es un lugar ficticio. Es una aldea real en donde vivimos todos en los años 60. La casa todavía está allí y mi familia materna todavía vive allí. No puedo llamarla, completamente, novela autobiográfica .Porque los caracteres en la novela se asemejan a nuestros miembros de la familia, hay una tendencia a verla como autobiográfico… Arundhati era una niña muy sensible. La relación entre Ammu y Velutha debe haber sido la historia de la vida real de algún otro. La novela es un producto de los años de la niñez de Arundhati en Ayemenem.
Hay pocas mujeres que pueden trabajar y apoyar a sus familias en la India. Las mujeres indias necesitan una independencia más económica. Una certeza absoluta en la India es que las mujeres nacen para conseguir matrimonio…Éste es el problema más grande a que las mujeres hacen frente en la India de hoy. Lo que necesitamos es independencia mental y financiera para las mujeres de modo que puedan existir como ciudadanos indios con los mismos derechos que los hombres. [1]
Esta entrevista fue realizada a la madre de la escritora. En boca de una mujer de nuestros días, las palabras toman una connotación especial porque no se está refiriendo a hechos acaecidos en un pasado lejano sino a la realidad actual. La ficción, autobiografía y realidad se conjugan en la existencia de Ammu, la mujer que se casa con un hombre alcohólico. Cansada de la vida que lleva, decide abandonarlo y marchar a la casa materna- ¿ paterna?- con sus hijos, los gemelos Estha y Rahel. Volver, divorciada, al amparo de su familia, donde las mujeres no tienen ni propiedad ni respeto, ya es un acto de insolencia. Tuvo una oportunidad en la vida y cometió el error de casarse con el hombre equivocado. Por eso el resto de los parientes los ven, a ella y a sus hijos, con desprecio; también consideran a Ammu como un peligro por su clara furia interior ante la situación sofocante en que está atrapada. Ammu disputa su suerte como mujer pero en esa sociedad los cánones son diferentes. Su verdadero papel era aguantarlo todo, como su madre, que es golpeada sin misericordia y jamás se queja. Los elementos de discriminación sexista en la obra abundan y representan no sólo una actitud machista y misógina: en ocasiones, las propias mujeres aceptan su destino como una cruz, algo establecido e inviolable. Es por eso que la rebelión de Ammu es tan escandalosa a los ojos de todos.
Bebé Kochamma es un personaje realmente negativo, vengativa y envidiosa, una mujer desgraciada por no tener marido y que se opone a Ammu, por principios, enseñanza, abulia, rencor. “ Ammu irritaba a Bebé Kochamma porque la veía luchar contra un destino que ella creía haber aceptado dignamente…Estaba totalmente de acuerdo con la opinión generalizada de que una hija casada no tenía ningún derecho en la casa de sus padres”[2] Es la visión de las mujeres acostumbradas, sumisas, contra la de aquéllas que pretenden una vida diferente. Pero, incluso desde la óptica femenina clásica, es inaceptable la rebelión, el intentar vivir de otra forma. Y aunque con el sello de la India, la situación representa la existencia de otras muchas mujeres en lugares disímiles del mundo, más lejanos o cercanos a la India pero que comparten un machismo arcaico; machismo que se presenta en todas y cada una de las posiciones en la vida. En este tipo de sociedad, las mujeres no deben trabajar. Supeditadas al dominio de los hombres, su papel queda enmarcado a las labores domésticas y el cuidado de los hijos y el esposo. Por lo tanto, Ammu “ … logró aumentar un poco más la mala opinión que reinaba en Ayemenem sobre las esposas que trabajaban”[3] Y lo mismo sucede si las mujeres ya no aman a sus esposos: la sociedad y las costumbres las presionan para que sigan a su lado, a pesar de todo –incluso los golpes.
La discriminación no es sólo por sexo, sino, además, clasista. Existe, históricamente, en la India, el sistema de castas, que marca a las personas desde su nacimiento y de por vida.
…cada individuo ha nacido en una de las principales varnas, o grandes categorías, y ha de permanecer dentro de ella hasta la muerte, aunque la posición de cada casta puede variar según las diversas regiones del país y con el tiempo. En orden de precedencia, los brahmanes son los sacerdotes y maestros; los kshatriyas, los nobles y guerreros; los vaishyas, los mercaderes y negociantes; y los shudras, los campesinos, obreros y artesanos. Los intocables pertenecen a una quinta categoría al margen del sistema de varnas, porque las labores que se les encomendaban eran demasiado impuras ritualmente como para incluirlos en esa escala… Los intocables, sin acceso a la educación ni a los libros de los brahmanes, estaban autorizados a desarrollar sus propias aptitudes, por ejemplo en la agricultura o la obstetricia. Pero únicamente porque beneficiaba a las clases superiores.[4]

Toda la sociedad hindú tiene su punto de partida en la conformación de una cosmogonía que rige la vida. Estas nociones clasistas son la base de una sociedad ancestral y aparece reflejada en la literatura, la vida y la política del país. Incluso, en muchas regiones, no aparece en su forma pura, sino que existe todo un sistema de subcastas como unidades pequeñas y cerradas- más cerradas aún.

Se cree que esta concepción podría tener sus fundamentos religiosos en la declaración del Puras-sukta en el Rig Veda: los Brahamanes provienen de la cabeza, los kashátrias de los brazos, los vaiçyas de la cintura y los çudras de los pies de Dios. Sin embargo, subyace a esta división un sentido ideológico de control social. En forma sintética, podríamos definir en términos occidentales lo que significaría el rol de cada casta. En primer término los brahamanes, el sector superior dedicado al sacerdocio; los kashátrias, los guerreros; los vaçyas, comerciantes y finalmente los çudras, que conformaban un grupo mixto: una masa popular conformada por campesinos y artesanos, que si bien se encuentran dentro del hinduismo no reciben el “smaskara” o “cordón sagrado” que implica un segundo nacimiento de connotación espiritual.[5]
Aunque esta organización social hindú es milenaria, muy poco se ha podido hacer al respecto. Hoy en día, persiste el sistema de castas. Incluso, algunos estudiosos han comparado el apartheid con dicha forma. La gran diferencia es que el segundo fue establecido por la raza blanca extranjera para dominar a los negros nativos y el primero implica el gobierno total y absoluto de connacionales. En lo que sí ambos convergen es en la segregación de los menos favorecidos.
Los Dalits, los intocables de la India, cuyo número supera los 250 millones, son víctimas del sistema de castas Hindú, jerarquía social opresora construida sobre los principios de la pureza ritual y la contaminación, la segregación y la exclusión social... Los poderes religiosos, políticos y sociales dominantes han asignado el lugar más bajo de la escala social a los Dalits para que sean esclavos y servidores de sus amos de las castas superiores. Viven en barrios segregados fuera de la aldea y son personas despreciadas y excluidas. La humillación, la burla, el desprecio, la depravación, la violación, la tortura y, a veces, la muerte cruel son el trato que reciben de quienes no son Dalits. Aunque son pobres y frecuentemente engañados por las personas de las castas superiores[6]

Velutha pertenece a los Intocables- de quienes, incluso, se decía que olían diferente. Esto está muy acorde con actitudes racistas similares: los negros apestan, los chinos son amarillos, los indios americanos son vagos, etc, etc. La familia le dio la oportunidad de estudiar para carpintero y él les paga enamorándose de Ammu. Es comunista y todos lo saben. El propio camarada Pillai le dice a Chacko que lo bote de la fábrica porque le va a traer problemas. Pero la realidad es que el joven quiere mucho a los gemelos quienes, ante la ausencia del padre, se acercan a él. Para la inamovible sociedad donde viven, los reglamentos se deben cumplir- no interesa si la gente es comunista, católica, ortodoxa. Cuando Ammu y Velutha pasan al territorio prohibido y violan estas leyes, "promulgadas hace miles de años", los tres representantes de la tradición establecida en la sociedad -la familia, la policía y los marxistas parlamentarios- unen sus fuerzas para castigar a Ammu, matar a Velutha y destrozar la vida de sus hijos. Los que tienen el poder, los perpetradores de la violencia. A Velutha lo castiga la sociedad por su descaro y los únicos que lo pueden ayudar- los niños- no lo hacen por miedo Por proteger a la madre. De manera cobarde, es asaltado y golpeado salvajemente, mientras dormía. La última traición- la de la inocencia- rompe el débil hilo de la salvación y de la infancia. Cuando Ammu va a defenderlo, es mal vista por el doble, triple, cuádruple pecado de la mujer que desdeña todas las reglas ancestrales. “Ammu preguntó por el jefe de policía, y cuando pasó a su despacho le dijo que había habido un terrible error y que quería hacer una declaración… Dijo{ el inspector} que la policía sabía todo lo que necesitaba saber y que la policía de Kottyam no aceptaba declaraciones de veshyas[7] ni de sus hijos ilegítimos”[8]

Conmueve -y duele- pensar que la rebelión de esta mujer la haya eliminado del seno de su familia y haya condenado a sus hijos a vivir sin ella. Ammu es expulsada de la casa; Estha, enviado con su padre; Rahel, sin protección maternal, bajo el cuidado de la tía y la abuela. No es de extrañar que la niña no sepa comportarse como una chica. “ Rahel creció sin que nadie le fijara directrices”[9] Tampoco es difícil de entender que se dirigiera hacia el matrimonio “ como un pasajero se dirige hacia un asiento vacío en la sala de espera de un aeropuerto. Con la sensación de que al fin podía sentarse” [10]Es por eso que las experiencias sexuales con el esposo son un desastre, con una mirada “ entre la indiferencia y la desesperación” [11] Sin saberlo, está pagando el sometimiento atávico de su raza y su sexo

Estha no escapa por su condición masculina. Los hermanos están veintitrés años sin verse y el niño -después de convencerse que por su culpa mataron a Velutha- deja de hablar. Los gemelos, tan unidos, son violentamente separados. El trauma de la infancia -el padre borracho, la muerte de la prima, la muerte del joven que era el único compañero, amigo, padre; la expulsión de la madre, el complejo de culpa de los niños y la experiencia sexual obligada con el Hombre de la Limonada y la Naranjada- dejan un vacío existencial imposible de llenar. Y aunque demencial, horrible, antinatural -pero en modo alguno imprevisto, se venía venir- es lógica la unión sexual de los hermanos. La búsqueda de la otra mitad que les falta. El sostén y la ayuda. Supongo lo escandaloso que debe haber sido esta secuencia. Y hay que reconocer la valentía de la autora. Porque Estha y Rahel nunca tuvieron -ellos tampoco- las grandes cosas. Su única forma de sentirse vivos era aferrándose a las pequeñas cosas -aún veintitrés años después. Nadie como ellos sabían que todo cambia en un instante.

La muerte de Sophie Mol fue sólo un pretexto para que se desencadenara el infierno. Todos querían quitar del medio a Velutha, expulsar a Ammu, separar a los gemelos -que también molestan, como agregados-, doblegar el carácter de Ammu. Lo de Sophie fue un accidente, provocado por la misma niña que insiste en ir con sus primos. Un accidente que, quizás, provocaron los mismos adultos, por su forma de tratar a los niños. Un accidente que convino para tomar decisiones postergadas y destruir la vida de Ammu y sus hijos.

LA HISTORIA POLÍTICA Y EL LENGUAJE.

No se puede negar que El dios de las pequeñas cosas maneja un lenguaje muy poético. Contada en tercera persona ominisciente, muchas de las descripciones de sentimientos, encuentros, deseos o pensamientos son manejados por la autora a través de metáforas y símiles. Esto le confiere, a veces,- dado que los niños cuentan la historia desde su óptica- un giro casi infantil en la valoración de los acontecimientos. Pero también en los encuentros de adultos hay un derroche de poesía muy sugerente.

Sólo que hubo lágrimas. Sólo que el Silencio y el Vacío encajaron como una cuchara sobre otra. Sólo que hubo un olisqueo en los huecos de la base de una garganta adorable. Sólo que un hombro de color miel acabó con una marca semicircular de dientes. Sólo que siguieron abrazados el uno al otro mucho tiempo después de que aquello acabara. Sólo que lo que compartieron aquella noche no fue felicidad sino un terrible dolor. Sólo que, una vez más, transgredieron las Leyes del Amor…[12]

No hay censura ni discursos morales en esta sencilla poesía de un acto, a todas luces, abominable -según las Leyes de Dios, los Hombres, la sicología, el marxismo y todo lo humano y lo divino. Su gran valor radica en decirlo en palabras que lo hacen menos perturbador. Más tierno -en el gran drama existencial de los gemelos. Y esta forma de enfrentar los acontecimientos hace que muchos hechos terribles de la novela -como la muerte de Sophie Mol, por ejemplo- sean menos espeluznantes.

La historia de la India, con sus racismos, sexismos y castas, es también una diferente noción del Comunismo, un marxismo-maoísmo a la hindú que, a todas luces, tampoco podía resolver ciertos asuntos ancestrales.
Con Naxalbari, un partido de nuevo tipo, un genuino partido bolchevique nació.... [E]l Partido Comunista de la India (Marxista-Leninista) se formó el 22 de abril de 1969.... el VIII Congreso... celebrado el 15 y 16 de mayo de 1970 en Calcuta... eligió a un Comité Central de 21 miembros... con el Camarada Charu Mazumdar como el Secretario General… Naxalbari y el PCI(ML) trazaron un claro deslinde entre marxismo y revisionismo. Puso la lucha armada en la agenda de la revolución en la India....Naxalbari tomó lugar en un tiempo cuando no sólo las masas de la India se estaban desilusionando por los treinta años de falsa independencia, sino que en una época en que el mundo entero estaba en desorden... Naxalbari restauró la esencia revolucionaria del marxismo en la India la cual había distorsionado, corrompido y destruido la semántica revisionista del PCI y del PCI…identificó la etapa de la revolución como Nueva Democracia, a los enemigos de la revolución como el imperialismo, el feudalismo y el capital burocrático comprador, y que los amigos de la revolución eran los obreros, los campesinos, las clases medias y la burguesía nacional, siendo los campesinos la fuerza principal y el proletariado, la fuerza dirigente. Este claro y tajante análisis de clases fue de importancia histórica....
Sobre la cuestión de tácticas, rechazó el parlamentarismo y llamó al boicot electoral. Luchó contra el economicismo, legalismo y reformismo, y sus métodos de trabajo y organización. Impulsó la construcción de un partido tipo bolchevique estrictamente clandestino.... El PCI(ML) emergió como un partido de tipo bolchevique preparado para dirigir la lucha…Sobre la cuestión del camino de la revolución... Recalcó claramente que el camino a la liberación se basa en la construcción de un ejército popular, la creación de bases de apoyo liberadas en el campo y gradualmente cercar y capturar las ciudades. También afirmó que la revolución democrática es sólo el primer paso del largo período de transición al socialismo y comunismo ...Sobre la situación internacional, apuntó a las dos superpotencias, el imperialismo estadounidense y el socialimperialismo soviético, como los principales enemigos de los pueblos del mundo, y China como el centro de la revolución mundial. En la India, sostuvo el derecho de las nacionalidades en la India a la autodeterminación incluyendo la separación; también desenmascaró el expansionismo de las clases dominantes de la India…[13]

Evidentemente, la historia muestra un Comunismo apegado a las ideas de Mao y la manera en que su aplicación en China resultó como lo máximo. La visión de la novela, que analiza profusamente el fenómeno en las páginas de la 86 a la 93, es hasta un poco sarcástica. El Comunismo mundial siempre estuvo dividido entre el bloque chino y el ruso. El primero ha sido tratado, por siglos, como más retrógrado y extremista, sin embargo, es el que ha subsistido, haciendo cambios en su proyección económica. Es muy curioso cómo se intenta explicar la razón por la cual había tanto comunismo en Kerala: desde la supuesta unión de los cristianos sirios a las ideas comunistas hasta el alto grado de alfabetización que tenía la región. “ … el comunismo se había introducido… como un movimiento reformista que nunca cuestionó de modo abierto los valores tradicionales de una sociedad de castas en extremo tradicional… ofrecían un cóctel revolucionario. Una mezcla embriagadora de marxismo oriental e hinduismo ortodoxo, con un chorrito de democracia”[14]En esta afirmación Arundhati define una concepción sui géneris de un marxismo diferente. Chakco tiene una fábrica, explota a sus obreros, les dice compañeros y se autoproclama marxista. Velutha sí tiene carnet pero ni siquiera el Partido intenta salvarlo de su “pecado” porque no se ocupa de esas cosas. “ Para ser justos con el camarada Pillai, hay que decir que no planificó el curso de los acontecimientos que siguieron. Simplemente, deslizó sus dedos predispuestos en el guante expectante de la historia” [15]Pero el camarada Pillai- el comunista que le pone a su hijo Lenin- es un político que se mueve con la corriente: le sugiere a Chacko que bote a Velutha, no apoya a éste cuando lo necesita pero sabe que un hombre muerto puede ser una mina de oro para sus intereses y para el Partido. A la muerte del joven, inicia las revueltas en la fábrica, hablando de los derechos de los Intocables, y afirmando que “ las castas son clases, camaradas” [16]Son, pues, marxistas muy diferentes y aunque en los mítines se juntan los Intocables con otras castas, al final, la historia -de la novela y de la vida- demuestra que los inteligentes -como Pillai- saben manejar la situación y que los más pobres -Velutha- son sacrificados… aunque todos sean camaradas, canten la Internacional y griten “ Proletarios de todos los países, uníos”. Porque, tácitamente, Pillai se une a toda la sociedad que vilipendia a los Intocables. Y la verdadera revolución en la India era “ que la burguesía cristiana hubiera empezado a extinguirse” [17]Al parecer, hindú, oriental, europeo, africano o caribeño, todos los comunismos se disfrazan pero, en el fondo, son lo mismo.
Con Arundhati se aprecia otra cara de los que se autoproclaman Comunistas y no son más que vividores que van con la corriente.En El dios de las pequeñas cosas, quieren cambiar la vida pero no son capaces ni de comenzar por lo más elemental: eliminar el racista concepto de las castas.
El dios de las pequeñas cosas es una novela feminista. Aunque no haya sido objetivo de la autora, al final, deja bien claro la defensa de los derechos de las mujeres. Como también es una obra que aboga por los desposeídos de derechos, sean o no del sexo “débil”. La visión final es abrumadora porque la sociedad destruye a Ammu y Velutha por intentar cambiar las cosas. Y a sus hijos por formar parte de algo que nunca entendieron.
Si la literatura actual se preocupa tanto de la situación de las mujeres en el mundo, no es casual. Evidentemente, aun cuando hemos logrado ciertos avances -o yo no estuviera escribiendo este texto- falta un largo camino por andar. Hemos ganado ciertas batallas pero no la guerra.
BIBLIOGRAFÍA.

1- Roy, Arundhati. El dios de las pequeñas cosas. Barcelona, Editorial Anagrama, 1998.
2- http://www.rediff.com/news/sep/18arun.htm
3- http://www.unesco.org/courier/2001_09/sp/doss22.htm.
4- http://india.idoneos.com/index.php/372955
5- http://www.wcc-assembly.info/es/oracion-y-estudios-biblicos/participar-en-los-estudios-biblicos/el-mundo-de-los-intocables-de-la-india.html
6- http://www.awtw.org/spanish/numero_anteriores/1998-23/pw34-sp.htm
[1]http://www.rediff.com/news/sep/18arun.htm. Página consultada el 28 de mayo de 2006.

[2] Roy, Arundhati. El dios de las pequeñas cosas. Barcelona, Editorial Anagrama, 1998, p. 62.
[3] Íbid, p. 66
[4] http://www.unesco.org/courier/2001_09/sp/doss22.htm. Página consultada el 20 de mayo de 2006.
[5] http://india.idoneos.com/index.php/372955. Página consultada el 20 de mayo de 2006.

[6] http://www.wcc-assembly.info/es/oracion-y-estudios-biblicos/participar-en-los-estudios-biblicos/el-mundo-de-los-intocables-de-la-india.html. Página consultada el 22 de mayo de 2006.

[7] Prostitutas
[8] ,Arundhati. El dios de las pequeñas cosas. Ob. cit, p. 20
[9] Íbid, p. 31.
[10] Íbid, p. 33
[11] Ídem.
[12] Íbid, p. 370
[13] http://www.awtw.org/spanish/numero_anteriores/1998-23/pw34-sp.htm. Página consultada el 30 de amyo de 2006.
[14] Íbid, p. 87.
[15] Íibd, p. 3222
[16] Ídem.
[17] Íbid, p. 157

miércoles, 12 de septiembre de 2007

La herencia de Eszter, de Sándor Marai.

LA SUMISIÓN Y LOS AUTODESTIERROS.

POR YAMILET GARCÍA ZAMORA


La propia vida de Sándor Márai ( 1900-1989) puede responder a la hipótesis latente en La herencia de Eszter ( 1939 ). Algo que debió suceder en el pasado y no ocurrió signa la vida de los personajes de esta novela como marcó, posiblemente, la del propio autor, que fue condenado, censurado, exiliado y cuyo suicidio fuera de su patria señala el camino de los destierros reales y los autoexilios que designan a los seres humanos. Las miradas retrospectivas de las vidas –de la vida de Eszter- muestran palabras que no se dijeron, sentimientos ocultos, actitudes truncas. La memoria del pasado destruye también el presente porque aunque aparentemente todo se ha olvidado, sigue ahí, esperando el momento propicio para salir de nuevo.

Heredero de la mejor tradición literaria centroeuropea, Sándor Márai construye un universo novelístico que aunque recuerda algo al de Stefan Zweig, sin embargo, está dotado de sus propios recursos y registros expresivos. En este sentido, lo que más llama la atención de su prosa es la forma en la que elabora su discurso creativo. Un discurso melancólico y refinado, provisto de un esteticismo contenido que sirve a una voz elegante que se articula a través de personajes que parecen vivir atrapados por su pasado. De ahí que sus historias giren alrededor de la incapacidad de aquéllos por proyectarse más allá de una temporalidad acuciada por fantasmas biográficos que introducen una tensión que va en aumento gradualmente hasta que por fin se plantea la necesidad imperiosa de resolverla bajo la forma de una encrucijada vital en la que se decide el futuro de los protagonistas e, incluso, su propia supervivencia.[1]

Decir que la novela no me gustó no basta para llenar el cúmulo de sensaciones que despertó en mi, donde la ira prevalece en su justo valor: ira contra Eszter, fundamentalmente pero, además, rencor por un texto que se me hace sumamente machista y que pone a la mujer en un papel absurdo, aunque no puedo soslayar el hecho concreto que, en el mundo, hay mucha gente como Eszter, incapaces de luchar contra el “destino” y supeditadas a un hombre que jamás las ha querido y cuyo único fin en la existencia es vivir bien sin interesar a quién se hace daño.

La herencia… es una novela donde el tiempo y el espacio no están definidos. Se sabe que la historia transcurre en un pueblo, porque en varias ocasiones se dice, y que estamos en el siglo XX –aunque en la casa no hay luz eléctrica, nunca la ha habido- pero el resto de los datos no aparecen, en un intento manifiesto del autor por generalizar una situación que puede ocurrir en cualquier lugar del mundo.

Hace veinte años que Lajos se fue y al comienzo de la novela Eszter se entera que volverá. Los recuerdos y la memoria afectiva del pasado conducirán a la protagonista a formarse una ilusión a fuerzas. Espera que la llegada de su viejo “amigo” –con el que mantuvo un noviazgo y que, al final, se casó con su hermana- le despierte todo un universo de sensaciones que no puede dominar. Eszter es un cliché, alguien que sabe que es imposible volver al pasado, ni arreglarlo y que intuye un futuro nefasto pero que es incapaz de rebelarse por su vida. Por otro lado, su “amor” es un hombre sin ética ni límites morales.
- ¿ Dónde están tus límites, Lajos?
- Todo eso son puras palabras –observó, con un movimiento de la mano de aburrimiento- Límites, posibilidades. El bien y el mal. Son puras palabras, Eszter. ¿ Has pensado alguna vez en que la mayor parte de nuestras acciones no tiene ningún sentido ni ningún fin? Uno hace lo que hace, sin pensarlo, sin obtener ningún beneficio ni ningún placer con ello. Si examinas tu vida, te darás cuenta de que ha hecho muchas cosas sin querer, simplemente porque se te ha presentado la ocasión para hacerlas[2]

Lajos es un manipulador agresivo y descarado. Todos saben el tipo de persona que es pero nadie se rebela a sus maquinaciones. A los ojos de cualquier lector, se presenta como una especie de Diablo, disfrazado de humano, con el encanto de los Mesías, dictadores o dirigentes populistas, que encantan a las personas, cual serpientes desvalidas, con el uso de la palabra, la mirada, los gestos. Más allá de las posibles implicaciones de la moral, lo justo, lo honrado. La filosofía de Lajos es, por lo tanto, bien simple: “Uno es responsable de sus intenciones… Las acciones, ¿ qué son? Son sorpresas arbitrarias”[3] Una filosofía peligrosamente fascista –o represora, llámese cómo se llame su filiación política. Visto de esta forma, si mi intención es que la gente de mi barrio viva bien –muy buena intención, por cierto- no importa que mate a los vecinos del barrio colindante para lograrlo –eso es acción sorpresiva. Debajo de la manipulación de Lajos y de la pasividad absurda de Eszter hay todo un sustrato ideológico del terror y la sumisión al destino, algo del súper hombre de Nietzsche 4]y, también, del derrumbe de todo un universo pequeño burgués que vaticina el gran cambio político de Europa en los años cuarenta del siglo XX.

Además, es la novela de la tristeza, la nostalgia infinita por lo pasado que no volverá y una especie de imposibilidad de romper con ello para seguir adelante. Eszter espera a Lajos como el niño Marcel espera y sufre por el beso que no llega en Por el camino de Swan[5], vencidos ambos por la inevitabilidad del destino y por la falta de comunicación. Porque La herencia apela a una verdad casi dolorosa de nuestros tiempos: los sentimientos se deben decir en el momento preciso. Las obsesiones de los personajes son sicosis dignas del mejor estudioso del tema: por el pasado, por el tiempo que no existe pero que se empeña en mantener, incluso, por ese estado de complacencia de ser dominado que experimenta Eszter –en mayor medida- y el resto –en menor medida. Pero en el caso específico de la protagonista, deriva en las presencias sexistas. Eszter intenta rebelarse pero sucumbe en su intento.

Sí, estoy en el final de mi vida, y tú eres el responsable de que mi vida haya transcurrido así, tan vacía y tan falsa. Tú eres el responsable de que me haya quedado sola, como una solterona que, por ahorrarse sus sentimientos, al final acaba cuidando de sus perros y de sus gatos. Tú sabes que yo no me los he ahorrado nunca, y que nunca he tenido perros ni gatos… Yo tenía personas.[6]

El intento es válido pero queda sólo en eso: en un intento. Puedo comprender el sentido clasista que el autor pone en sus personajes porque Eszter ni es la gran heroína que romperá con los moldes impuestos ni es objetivo de la novela hacerlo, sino todo lo contrario, porque la obra presenta personajes arrinconados en su inmediatez, cegados por el destino. Pero, de cualquier forma, me molesta sobremanera el discurso machista de Lajos, al afirmar que el amor es cosa de mujeres. Y agrega:

Sólo destacáis en eso. Y en eso fracasaste tú, y contigo fracasó todo lo que pudo haber sido, todos nuestros deberes, el sentido entero de nuestras vidas. No es verdad que los hombres sean responsables de su amor. Hubieras tenido que amarme como ama una heroína. Sin embargo, cometiste el mayor error que una mujer puede cometer: te enfadaste, te echaste atrás[7]

Una visión del siglo XXI no ayuda mucho a comprender a Eszter. Pero si bien el peso del dominio recae en Lajos, no se debe olvidar que hasta su hija manipula a Eszter, sin interesarle los problemas o sentimientos de la mujer. Ésta es la novela de los egoísmos, los peleles y los asesinos pasivos, que saben pero no se atreven a intervenir directamente. Y el final, aunque molesta, no extraña: Eszter venderá la casa a Lajos para lanzarse, ahora sí, a un futuro totalmente incierto. Y es que: “… nosotras, las mujeres, no podemos ser siempre tan sabias ni tan consecuentes…Ahora comprendo que no es ésa nuestra tarea”[8] Si la Eszter real y las que todavía piensan así en muchas partes del mundo me pudieran oír, yoles diría: ni tan tontas. Ni tan sumisas. Pero ésa es otra novela.

Si los personajes logran levantar pasiones, odios y deseos asesinos es, indudablemente, por su magnífica construcción. Envidiable en extremo resulta la manera en que el autor logra conformar a gente tan viva dentro de su muerte moral. La pasividad absoluta y el dominio total escapan de las páginas y hacen que el lector viva intensamente el delirio de la historia, preguntándose a cada momento hasta dónde va a llegar Lajos y si Eszter lo soportará. Y en eso radica la genialidad de la novela.

Al estilo de Kafka, Eszter es un personaje cosificado, autoexiliado en su propia existencia, con sentimientos reprimidos y sin voluntad propia. Su herencia es el vacío, la duda y la nostalgia de los tiempos pasados, todos representados en una casa que es, también, una vida que sucumbe: la vida de Eszter.





[1] José María Lassalle Ruiz .”Sándor Márai y la herencia centroeuropea” en: http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article_id=633. Página consultada el 18 de agosto de 2007.
[2] Sándor Márai. La herencia de Eszter. Barcelona, Salamandra, 2006, p. 126.
[3] Íbid, p. 128
[4] Friedrich Wilhelm Nietzsche ( 1844- 1900) filósofo y poeta alemán, fue uno de los pensadores modernos más influyentes del siglo XIX. En torno al súper hombre o supra hombre nietzscheriano se ha escrito mucho y existen variadas hipótesis –desde colocarlo al nivel de Hitler hasta decir que se acerca al ideal del hombre renacentista- pero se puede clasificar, a grandes rasgos, como aquél que crea sus propias normas, morales y de todo tipo y que somete las cosas a su voluntad. Además, es un ser que cuando toma una decisión realmente la quiere tomar, y no se arrepiente de sus actos
[5] En la primera novela de En busca del tiempo perdido, Por el camino de Swan, Marcel Proust ( 1871-1922) describe una larga secuencia angustiante donde un niño –él mismo- vigila a su madre para que le dé el beso de buenas noches, en un acápite desbordante de manías, terrores, nostalgias, dolores y memoria.
[6] Sándor Márai. Ob. cit, p. 136.
[7] Íbid, p. 144-145.
[8] Íbid, p. 159