QUE EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA LOS ACOMPAÑE.

martes, 30 de octubre de 2012

DÍA DE MUERTOS EN CUBA


                                                                La Parca llegó a Cuba

necesitada de ternura
quería cargar con el Viejito
sin dar ni un brinquito
 
Pero los Iluminados
dijeron no estar preparados
el Viejito no se puede ir
todavía tiene que resistir
 
La Parca bufó y bufó
con la guadaña amenazó
pero el futuro comprometía
si con sus planes se salía
 
Triste y muy enfadada
la Parca de Cuba se fue
no estaba para pendejadas
de cubanos depredadores de fe
 
Dicen que la Flaca
anda gimiendo pesares
seguro que en esos lares
se comen a las calacas
 
La Parca se prometió
jamás a Cuba regresar
el Viejito no la quiere acompañar
y ella ya no puede esperar
 
Parquita, Parquita, qué pena me das
sigue pensando en tu orfandad
el Viejito muerto en su maldad
es sólo reliquia de lo que vendrá



 
 
 

lunes, 8 de octubre de 2012

LUCHAR POR ESE DÍA PARA CUBA


Las votaciones  en Venezuela me dejan con sentimientos encontrados: un profundo amargor en la boca y una enorme calidez humana. Respeto, admiración, pleitesía, le brindo hoy al pueblo de Venezuela que supo sobreponerse a la apatía y salir a votar. Veo a los miles de venezolanos que se organizaron en Miami y armaron sus caravanas para trasladarse los cientos de kilómetros que los separaban de las mesas de votación. Vi la alegría, la esperanza  por un futuro mejor. Ante estas historias de abnegación y sacrificio, ante la dignidad de un pueblo que confió  pero no s e durmió y ahora lucha por la democracia como antes lo hizo por un sueño envuelto en palabras bonitas, no queda sino quitarse el sombrero y besar la tierra que da gente tan llena de civismo patriótico.

Chávez acaba de ganar de nuevo pero, a efectos prácticos, perdió  muchos votos y Capriles subió peldaños en esta batalla. Venezuela ha demostrado al mundo que sabe luchar y creer. Y eso me hace sentirme triste porque mi país está lleno de separaciones, odios, rencillas; porque somos incapaces de unirnos para lograr una patria mejor. Los venezolanos en el exilio ejercieron su derecho al voto, demostraron que aman a su país y quieren un mejor futuro para sus hijos. ¿Cuándo, me pregunto, podrán los casi tres millones de cubanos que forman la diáspora, ir a votar en elecciones plurales por un presidente? ¿Cuándo podremos, estemos en el lugar del mundo que estemos,  ir  a NUESTRA embajada –no la embajada de los adeptos a una ideología- y votar sin ser llamados gusanos, apátridas, quedados? Los venezolanos que han salido los últimos años de su país lo han hecho, la gran mayoría, por motivos políticos. Pero ellos pueden votar. Nosotros no.

Sueño con el día glorioso en que yo pueda votar por un presidente en mi país. Un presidente que se  haya batido en un duelo igualitario entre varios candidatos que presentaron sus plataformas. Sueño con una Cuba respetuosa del derecho de todos los cubanos –vivan donde vivan- y con compatriotas que sean capaces de amar a su patria por encima de todo. Sueño con mi primer presidente libre porque, a mis 47 años, ya voté por un presidente mexicano pero jamás lo he hecho por un cubano. Y eso duele como nadie lo puede imaginar.

Si  las elecciones en Venezuela han demostrado que el Socialismo se puede mantener, 14 años después, por la votación popular, entonces, ¿por qué en Cuba no se arriesgan a realizar comicios libres, con candidatos opositores, tal y como acabamos de ver en el país suramericano? ¿Cuál es el miedo? ¿Necedad? ¿Prepotencia?

Sólo nos queda, estemos donde estemos, luchar por ese día para Cuba. Cada uno a su forma. Poniendo un granito de arena en la gran ola que moverá a la Isla de su mutismo.
Y soñar.

viernes, 5 de octubre de 2012

RECUERDOS DE LA INFANCIA

Crecimos los cubanos de mi generación entre muñequitos rusos y canciones producidas por la televisión cubana. Hoy me asombro con los programas que ve mi hija, tan didácticos y llenos de conceptos que apelan a la tolerancia, el respeto entre desiguales, la ayuda y el amor. Nosotros no supimos de eso sino de extraños seres que conformaban el folklore ruso y que para nosotros no significaban nada. No estamos locos de casualidad  pero sí somos la generación del exilio y la partida.

Los recuerdos nadie los puede borrar. Cuando nos reunimos un grupo de cubanos de la misma edad hablamos de la escuela al campo, el Parque Lenin, Matojo, En silencio ha tenido que ser. Entre el asco y la añoranza, recordamos las posadas, una escalera oscura y el malecón que saciaba nuestras celenturas. Por eso, mi post de hoy  es para ellos, mis amigos desparramados por el mundo. A los que todavía quedan en Cuba. Para todos los que compartimos el televisor ruso en blanco y negro y la utopía de un mundo mejor.