QUE EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA LOS ACOMPAÑE.

viernes, 31 de agosto de 2007

Manda flores a mi entierro, de Ricardo Bosque

Les dejo hoy un enlace con una reseña de la segunda novela de Ricardo Bosque ( 1964), Manda flores a mi entierro. Desgraciadamente, la obra no ha llegado a México y según me comentó el propio Ricardo es muy difícil que llegue pero sí la pueden comprar en España o en Internet. Para los amantes del género... http://elsomardon.blogia.com/ o http://balacera.blogia.com/ ,que en ambas aparece el texto crítico, a cargo de Amir Valle.

viernes, 24 de agosto de 2007

Evento Internacional de Literatura en Cuba


Coloquio internacional “Cuatro siglos de literatura cubana”
La Habana, 3- 7 de noviembre, 2008


En ocasión de conmemorarse cuatrocientos años del Espejo de paciencia, el Instituto de Literatura y Lingüística y el Instituto Cubano del Libro convocan al coloquio internacional Cuatro siglos de literatura cubana.
El coloquio estará dedicado al análisis de los procesos histórico-literarios más notables de nuestra tradición. Se espera contar con trabajos panorámicos (movimientos, etapas, géneros, visiones comparativas, etc.), aunque también se aceptarán trabajos sobre figuras y obras específicas de nuestra literatura.
Los títulos y resúmenes deberán enviarse antes del 30 de marzo de 2008, acompañados de un breve curriculum vitae de su autor/a. Las ponencias, que no excederán las 10 cuartillas mecanografiadas a doble espacio, deberán remitirse antes del 5 de septiembre de 2008.
La cuota de inscripción (75.00 cuc, estudiantes 50.00 cuc) deberá ser abonada en el Instituto de Literatura y Lingüística el 3 de noviembre de 2008, a partir de las 8:30 a. m. Quienes residen en Cuba pagarán la cuota correspondiente en cup.
Las personas interesadas pueden comunicarse con:
Departamento de Literatura
Instituto de Literatura y Lingüística
Ave. Salvador Allende, núm. 710,
e/ Soledad y Castillejo
Centro Habana, La Habana, Cuba
C. P. 10 300

Telfs. (537) 878 53 77
(537) 878 64 86
Fax: (537) 873 57 18
Correo-e: cuatrosiglos@cubarte.cult.cu

Literatura negra cubana: Amir Valle y Justo Vasco

La excelente novela de Amir Valle ( 1967) Santuario de sombras, recientemente premiada por la Asociación Novelpol, es una obra desgarradora acerca de una realidad cubana...

http://abandonadtodaesperanza.blogspot.com/2007/08/cuba-realidad-y-ficcin.html

jueves, 23 de agosto de 2007

ERNESTO CARDENAL DENUNCIA


UNA DENUNCIA OBLIGADA


Me veo en la penosa obligación de denunciar ante Nicaragua y el mundo que me ha llegado la información de que el presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo se han alarmado por la promoción (sin ninguna participación mía) de la candidatura al Premio Nóbel por considerar que soy un adversario; y que han decidido parar esta iniciativa lanzando una campaña de desprestigio contra mí, tanto nacional como internacionalmente por todos los medios a su alcance.

En caso de ser así yo estoy indefenso ante esta campaña del gobierno de Nicaragua y lo único que puedo hacer es anunciarlo antes de que suceda.

Son muchos los medios que el gobierno puede lanzar contra mí, y siendo muy fácil la presentación de falsas evidencias y falsos testigos y falsas pruebas, y estando todos los juzgados y las instancias judiciales y aun la Corte Suprema de Justicia bajo su control, ante esta impotencia en que me encuentro no puedo sino decirle a Dios como en el Salmo:

Sin motivo me pusieron una trampa,
hicieron un hoyo para que cayera en él;
que caigan en su propia trampa.



Managua, 21 de agosto de 2007
Ernesto Cardenal

domingo, 19 de agosto de 2007

Tumbas sin sosiego, de Rafael Rojas.

TUMBAS SIN SOSIEGO, EL DIÁLOGO Y LA INTELECTUALIDAD CUBANA.

POR YAMILET GARCÍA ZAMORA

La historia de la intelectualidad cubana de la República –que se extiende desde 1902 hasta 1959- ha quedado sepultada por la versión oficial de los hechos. El período fecundísimo de enraizamiento de la cubanidad en la literatura, del deseo republicano de una nación libre y la presencia de vertientes disímiles de pensamiento que, no obstante sus diferencias, mantenían un respeto mutuo por sus ideas, quedó sepultado en la Nueva Era de la revolución cubana. El primer medio siglo de la Cuba de los años XX se extravió entre las nociones discursivas revolucionarias que lo señalan como una época de servilismo, entrega, desespero. Tumbas sin sosiego, el excelente libro de Rafael Rojas ( Santa Clara, 1965), que ganara el premio de ensayos Anagrama en el 2006, muestra una realidad muy distinta a la que pretenden imponer : una especie de historia intelectual de Cuba, herida y virulentamente escindida por la revolución, la disidencia y el exilio.

Dividido en cuatro partes – Introducción, Políticas intelectuales, Perfiles inacabados y Memorias armadas- el texto indaga por el pasado y el futuro de la cultura nacional, sin obviar esa pasión por la cubanidad que permea todo el libro. Y es, también, un llamado a la cordura, a la unión de los de “dentro” y los de “fuera”, la reintegración de la intelectualidad en la reformulación del mito de la cubanidad que con tanto amor se defiende y mantiene en cualquier parte del mundo.

Uno de los valores innegables del ensayo es la investigación exhaustiva de los protagonistas, ya sean físicos –con semblanzas de intelectuales como Manuel Moreno Fraginals, Cintio Vitier, Roberto Fernández Retamar, Guillermo Cabrera Infante, Herberto Padilla, Jesús Díaz y Raúl Rivero, entre otros- o de las muestras escritas que dejaron muchos autores, ahora olvidados por la oficialidad y que ofrecieron, en aquellos años, una visión de las inquietudes, deseos y anhelos de los intelectuales cubanos en la primera mitad del pasado siglo. Y, por supuesto, la presencia de la generación más reciente, inscritos en lo que el autor llama “la lírica civil”, en un contexto donde es necesario recuperar el espacio letrado de una realidad donde prima la desilusión moral. La “desterritolización” de la literatura cubana actual es un fenómeno que recuerda el mismo desencanto nacional que primó en siglos anteriores. Visto de este modo, la historia intelectual cubana cumple un ciclo que jamás se ha roto y que, por momentos, ha alcanzado un cierto hálito de apertura, discernimiento y tolerancia para volver a caer en el vacío.

El libro no es sólo una crítica al castrismo. Minimizarlo de tal forma es eludir las valoraciones profundas que hace el autor del fenómeno cultural cubano en todos los tiempos y de las contradicciones ideológicas que siempre han sostenido a la sociedad isleña. Y aunque no se puede soslayar la crítica al totalitarismo, creo que Tumbas sin sosiego se convierte, más allá de las vehemencias políticas, en una radiografía valiente y desprejucidada del intelectual cubano y su relación con el poder. Si por algo aboga Rojas es por una discusión democrática y republicana de los graves asuntos que involucran a la cultura cubana, el mismo intercambio de ideas que realizaron, en algún momento, figuras como Mañach y Lezama –por sólo citar algunos nombres-, involucrados en el deseo genuino de salvar a la nación de su desintegración. Antes, como ahora, Cuba necesita del diálogo y de una refundación de sus destinos.


De Literatura cubana: Reinaldo Arenas

Rita Martin hace un muy serio análisis de " Final del cuento" desde la perspectiva de la crítica literaria contemporánea...

http://www.otrolunes.com/html/este-lunes/este-lunes-n02-a03-p01-2007.html

sábado, 18 de agosto de 2007

Sabores que matan, de Raquel Rosemberg.

El escritor argentino Ernesto Mallo ( para conocerlo mejor puedes visitar su página, http://www.ernestomallo.com.ar/marcos.html, sólo puedo adelantarles que acaba de ganar el premio Memorial Silverio Cañada por su novela La aguja en el pajar) escribe hoy una reseña del libro de Raquel que, según la propia autora, se acaba de agotar en Argentina. Raquel estará en México a finales de agosto pero todavía no sé si presentará o no el título. Por el momento, les dejo este excelente texto de Ernesto.
Sabores para regalarse
por Ernesto Mallo

Sabores que Matan
(Comidas y Bebidas en el Género Negro-Criminal)
Raquel Rosemberg
2007 - Editorial Paidós (Argentina)
195 Páginas

A fines del Siglo XIX, Pellegrino Artusi escribió su magnífico recetario titulado “La ciencia en la cocina y el arte de comer bien”, en el que, citando al poeta Olindo Guerrini (alias Lorenzo Stecchetti) se pregunta: ¿Por qué a quién se alegra mirando un buen cuadro o escuchando una buena sinfonía se lo reputa superior a aquel que siente placer con una excelente comida? Claro, otros tiempos corrían, otros valores y la virtud estaba siempre alojada de la nariz para arriba mientras que de allí para abajo sólo podían encontrarse las tendencias más abyectas y bestiales. Sin embargo negocios, transacciones y celebraciones no están completos si los participantes no se sientan a la mesa a beber y comer. Hoy los cocineros son estrellas y saber de bebidas y comidas es un must para quienes tienen el asunto de la alimentación garantizado. El comer se ha impuesto al maniqueísmo de las religiones, a las consideraciones morales que condenan la complacencia de los sentidos y al ascetismo. La comida es hoy un tema de debate fundamental que se multiplica en los medios de comunicación, en las publicaciones y hace eco en la prensa de todos los colores. La TV, reina indiscutida de los mass media, le dedica programas en todos los canales y hasta hay una señal entera sólo dedicada a las artes culinarias. La ciencia médica que, como la iglesia, nunca quiere quedar afuera de lo que ande pasando, responde con sesudos consejos sobre el alimentarse bien con recomendaciones, consejos y severas advertencias a los transgresores. Una moral con estetoscopio ausculta meticulosamente a quienes comen por placer. Porque en definitiva, de eso se trata. La paradoja es que mientras una tercera parte del mundo se muere de hambre, otra tercera trata de mantenerse dentro del grupo que come con regularidad y a la última le preocupa con qué regalarse. Para ellos la oferta va en aumento, no sólo se multiplica la cobertura mediática, también la oferta gastronómica. Restaurantes de todas clases surgen como hongos. En Buenos Aires, la vieja zona de Palermo, hoy rebautizada con pretensión de primer mundo, se ha poblado de locales para comer y beber. Etnico, comarcal, de fusión, japonés, vietnamita, neo argentino, usted pida que estamos para servirlo. Y, como si esto fuera poco, a las cocinas tradicionales y neo tradicionales se ha venido a sumar lo que se ha dado en llamar “cocina de autor”, zona de altísimo riesgo que, además de platos buenos, dudosos y deplorables, ha producido un nuevo género literario al que podríamos llamar “menú poético”, con sus variantes irónico, chistoso, incomprensible, simpático y así sucesivamente. No hay duda de que pronto, si es que no existe ya, se va a establecer en alguna universidad la carrera de ciencias culinarias y la licenciatura de crítica literaria del menú.
La comida es la actividad vital por excelencia y, como es ley natural, allí donde está la vida, también está la muerte, su par, su otra cara, su alimento, su sombra, su certeza. Y hay una lógica de hierro en esta cuestión pues para que alguien viva, para que alguien se alimente, es necesario que alguien muera, sea lechuga, vaca o nuez moscada.
Y aquí es donde se para y planta su cámara, su conocimiento, su humor, su crítica y su arte Raquel Rosemberg con sus Sabores que Matan. Escrito con una prosa muy cuidada, que se lee con facilidad, que abre el apetito, que dan ganas de seguir leyendo, este libro no es en modo alguno literatura light pero tampoco recurre a resfregarnos por la cara los males del mundo que habitamos a los que, sin embargo, tampoco les saca el cuerpo. Al mismo tiempo se trata de un libro instructivo, pero de esos en los que uno digiere las lecciones con toda naturalidad y en plenitud y ello se debe a tres poderosas razones: el indudable talento de la autora para la escritura, el acabado conocimiento de las materias que trata y el amor que trasunta hacia el arte gastronómico y el género negro criminal. Esta base, condimentada con exquisito humor, negro, blanco, político; con frases ingeniosas y bien construidas; observaciones originales y reflexiones agudas sobre el fondo de cocción de una prosa sencilla (algo muy difícil de lograr), todo ello colocado sobre un diseño de edición amable, claramente organizado y de enorme naturalidad. Si hasta parece fácil de hacer.

Sobre su contenido, el título lo dice todo: Sabores que Matan es un recorrido por el crimen, de la ficción y de los otros, en los que la comida ha jugado un rol fundamental. Al estupendo análisis que hace Rosemberg de obras del género le suma las recetas de los platos con los que la gente ha procurado deshacerse del prójimo. Impecable trabajo con un doble valor. Es un recetario del crimen y una guía de cocina. El volumen puede utilizarse para agasajar al marido con una receta exquisita o para abrise paso en la jungla de títulos que se publican y hallar el tesoro de la buena literatura del género. Quienes pretendan usarlo para servirle una golosina fatal a sus comensales, saldrán decepcionados, Raquel no incluye en las recetas las pociones y venenos que pondrán en el más allá al sujeto de nuestro rencor. Esa es una cuestión que cada uno deberá investigar por su cuenta.

Esta maravilla que Raquel entrega tiene un solo problema que no es menor. Uno no sabe si poner el libro en la cocina, entre Artusi y Simone Ortega, o en la biblioteca entre Chandler y Simenon. Yo lo solucioné comprando dos.

Entrevista a Raquel Rosemberg.

La escritora argentina acaba de publicar un libro de recetas que indaga...

http://www.ambitoweb.com/diario/noticia.asp?id=345423&seccion=Espect%C3%A1culos

De Cine

Uno de los más grandes directores de cine, Antonioni, murió en Roma. El cine ha perdido, el mismo día, a dos figuras...

http://www.granma.cu/espanol/2007/agosto/mier1/antonioni-el-ultimo-grande.html

viernes, 17 de agosto de 2007

PITIBUCHI RECOMIENDA

Algunas revistas de las que ya se hablan y constituyen visitas imprescindibles, realizadas por entrañables amigos. Poco a poco, les presentaré otras.

http://habanaelegante.com

http://www.otrolunes.com/

CUENTO GANADOR DEL JUSTO VASCO 2007


“SINFONÍA PARA UN CRIMEN”
YAMILET GARCÍA ZAMORA

Oyes el sonido del cañonazo – todavía se puede escuchar en Centro Habana, caray- y entonces, sólo entonces, apuras el paso. No hay crimen perfecto, y las palabras de tu amiga, la escritora policíaca, resuenan en tus oídos. Sí, sí lo hay, sólo hay que pensar un poco las cosas, saber hacerlas. Y sonríes. Hoy es el día, nadie podrá cogerte nunca, porque te vas en una balsa, a la Yuma, a vivir bien, Yo, asere, voy a ser millonario, le dijiste a tu “amigo”, el mismo que vas a despachar esta noche. La de tu partida.

Doblas por Lealtad y enfilas Reina. La calle está oscura y sorteas los posibles huecos en la acera. El 314 se perfila entre las sombras, los socios jugando dominó afuera, sin camisas, la botella de ron, la gritería. Hoy le están dando al Pulgas unas pastillas con ron y el pobre perro se revuelca, intentando huir. Qué sociedad protectora de animales ni qué carajo, estas bestias no saben de eso. Saludas a todos y entras al solar. Un ramalazo de pestes te alcanza: mierda, meao, sudor. Alguien hace el amor en el segundo cuarto y no le importan gritar, que las paredes se muevan y todo el solar se entere que la singueta es de padre y señor mio. Ni que los niños oigan. Ni que los ancianos sientan envidia y los jóvenes se masturben con el inconfundible hedor – porque aquí no es olor, ni siquiera el sexo huele bien- de los cuerpos desnudos. Una rata pasa a tu lado y se detiene. No huye. No se esconde. Te reta. Me cago en tu madre, puta rata, vete pal carajo. Das una patada en el piso y el animal te enseña los dientes. Pero un olor a comida llega del cuarto del medio y la rata sale corriendo. Frijoles negros y arroz, dices, olfateando. Hoy tienen todo un banquete los blanquitos.

Entre las sombras, te escondes de los curiosos. ¿ Curiosos? Todos te miran con indiferencia, los que están haciendo cola para bañarse. Atraviesas el patio, saltando los charcos de sustancias innombrables y llegas al último cuarto. Sabes que Julio está ahí, el mariconcito de carroza más conocido de La Habana. El que te armó un show hace ya varias semanas en medio del camello, No te hagas, bugarrón, no te hagas. Tú eres mi macho, lo sabes. Y eso, asere, no se le hace a un hombre. Desde tu musculatura de mulato estibador de los muelles, acostumbrado al alcohol, la mariguana y las jevas, sentiste una punzada en la cabeza y te bajaste del camello, rojo, furioso. Ya verás, maricón, ya verás. Y esperaste. Tres meses. Más meloso que nunca. Como si lo hubieras olvidado todo. Pero estabas maquinando tu venganza. Y la huída. Me piro y nadie podrá achacarme al muerto. Porque, asere, sí hay crímenes perfectos.

La puerta está entreabierta –como siempre- esperando por los posibles clientes, cubanos, extranjeros, no importa. Un altar a Yemayá en una esquina. El olor a incienso –sí, papito, yo jineteo por las cosas buenas, no sólo por las buenas pingas. Aquí no se sienten las pestes. Hay baño dentro del cuarto. Y barbacoa. Y cocina con gas. Julio está acostado, con la grabadora pegada al oído, escuchando música, quizás, El bolero de Ravel. Sí, Julio me la enseñó porque yo no oigo música clásica, ni sabía nada, de verdá, el mariconcito me enseñó algunas cosas, menos leer literatura policíaca, eso siempre lo he hecho, me gusta eso de los asesinatos. Por eso, recuerdas, empezó tu amistad con Telimay, la gordita rara de la secundaria, que escribía cuentos policíacos a los 14 años. Tu amiga, a pesar de ser ella toda una doctora en esa idiotez de Ciencias Filológicas y tú, un estibador. Ella me presentó a Julio, su primo, porque, vaya, yo nunca le he dicho que me gusta singarme a los hombres, soy macho, me acuesto con mujeres pero creo que ella adivinó esa debilidad.

Julio, en la oscuridad, no te oye llegar. La música lo ensordece. Lo embobece. Un movimiento, uno solo, le tapa la boca, la nariz. Lo ahoga. Lentamente. Manotea en el aire y tú te separas, no vaya a arañarte o arrancarte algún pelo que te pueda incriminar. No te das cuenta que las manos del otro se han aferrado a la grabadora. Lo arrastras hasta la cocina. Le metes la cabeza dentro del horno. Suspiras. Qué hambre tengo, este maricón de mierda hace tres meses que no me invita a comer, Porque estoy bravo contigo, papito, lo que te dije en el camello era verdad, sólo me pegué un poquito a ti, para sentirte, mi mulatón. Y me empujaste. Por eso te dije lo que te dije, papichurri. Y estoy bravo contigo. Nada de comida, porque si alimento tus tripas, alimento tu pinga. Y también estoy bravo con tu pinga. Sientes un ligero vahído, no sabes si de miedo, hambre o triunfo. Abres el gas. Un tenue tufillo sale, muy tenue, pero no le das importancia. Adiós, amorcito, a los hombres no se les arma esos shows. Aquí, en Los Sitios, eso cuesta la vida. Lo piensas. ¿ Lo piensas? ¿ Lo susurras? Te dejo la música porque me enseñaste que “es sacrilegio apagar una buena melodía” . Con cuidado, le muerdes el cuello –sin dejar huellas de dientes-, le das un chupetón, limpias la saliva. El crimen perfecto, Julito, te suicidaste. Cierras la puerta y te vas.

Ay, mi prima, tremendo show, niña. Le grité en medio del camello, una pataleta de maricón despechado. Pero ese mulatón me gusta y no tiene que hacerme eso en público, rechazarme así. No, si lloro de despecho, de ganas de acostarme con él pero lo estoy llevando de la mano y corriendo. No, déjame a mí, preparo un té en la hornilla eléctrica, niña, si no tengo gas. El mismo día de la bronca con Ciriaco, fue un día perro. Nada, que la gente de este solar es apestosa, cochina y envidiosa, me echaron pa’ lante, que tenía una toma clandestina de gas y ná, me lo cortaron. Eso sí, lo sabe todo el mundo menos Ciriaco, no lo invito a comer y le digo que es una venganza. Sí, mi prima, voy a fumarme un pito porque estoy muy nerviosa, imagínate, sin gas, pasando trabajo con la comida, sin macho. ¿ Vas a hacer eso? ¿ Como a las once? Sí, no te preocupes, te espero, al menos, comeré caliente. Ay, niña, vales un millón de pesos… no, me daba pena decirte todo esto, y como no venías… vaya, pensé que estabas en una de tus bajadas de musa…



Sí, la acompañaste porque estabas aburrido. Porque era sábado por la noche, ya habías visto las películas y ella te insistió tanto, Vamos, Ciriaco, no seas así, bailamos un poquito, dale, hazme la media, es en Los Sitios y no quiero ir sola. Te reíste de sus miedos de blanquita-doctora-asesina-en-broma. Mijita, te pasas el día escribiendo de la gente de la calle y no te atreves a ir a una fiesta. Dale, vamos.

Lealtad abajo, atravesando todo Los Sitios, hasta llegar a Belascoaín. La fiesta, en su apogeo. Alguien llamó a Telimay y tú te quedaste solo, en una esquina de la atiborrada sala. Te pasaron un vaso que aceptaste y un cigarro que rechazaste, Ahora no, compay, más tarde… si te queda, No te preocupes, asere, aquí al lado venden. Parejas sudorosas, bailando con frenesí, lujuria, sin tapujos ni permisos. El pegajoso calor de La Habana. Ron. Hierba. Sudor. Perfumes que se escapan porque no aguantan el embate de las gotas, chorros, que corren por los rostros. Telimay se acercó con un hombre alto, delgado, de sonrisa amplia. Ciriaco, mira, mi primo, Mucho gusto, yo soy Julito, al que le gustan los palitos por el culito. Lo miraste, un poco extrañado por las palabras del otro, Qué loca de carroza, pensaste, pero una corriente te atenazó la pierna, los muslos… el estómago. Lo siento, asere, yo no tengo palito, yo tengo una tranca. De ahí a la cama, pasaron veinte minutos.


Mira, Teli, yo sé que tú eres, vaya, una gente mechá, siempre lo fuiste, desde la secundaria, pero yo, la verdá, me quedo con La Gata Triste y Arturito, el del collar doble. Y ella te miró con roña, No hables así de los clásicos, no son tus amigos, Claro que sí, Teli, igual que tú, eres mi asere, hablo contigo aun cuando no estás, discuto de crímenes contigo, con ellos. Están en la casa de ella, un apartamento pequeño, al lado del solar de Julito. Y sabes que la mamá está en el trabajo y llegará tarde porque tú no le gustas a la vieja, esa amistad con un mulato mariguanero, borracho y quién sabe cuántas cosas más. Pero tú quieres a Telimay, es tu gran amiga y ella te adora, te presta libros. Vaya, Teli, a mi me gusta que me prestes libros pero algunos son tan aburridos, el Máscaras ése no me lo pude meter, hay libros que no entiendo. La Gata, sí. Y ves que ella suelta la carcajada, no lo puede evitar, tus desplantes literarios la hacen reír. Pero ni siquiera La Gata escribe crímenes perfectos, te dice, tu teoría se desmorona. Cualquier detalle, el más insignificante, el que no se planeó, lo echa abajo todo, porque, Ciri, los asesinos no son máquinas, son personas. Tomas un buche de ron mientras ella se prepara su té, Tan intelectual bebida, Teli, la fastidias siempre. Te digo, Teli, mi asere más leída y escribida, sí hay crímenes perfectos, escribe una novela de eso, te lo he dicho una pila de veces, yo te ayudo, vaya, yo invento todo el crimen y tú le pones las palabras bonitas esas de la pos mierdera o cómo carajo se llame. Ella se dobla de la risa y te sientes bien, en un ambiente donde eres oído por una persona muy inteligente, alguien que escribe de ti, de la gente de la calle, de los crímenes de esta ciudad, espejo de todo lo negro, llámese género, raza, amor, política o sexo. Está bien, Ciri, vamos a meterle mano a la obra: piensa en cómo hacer el crimen perfecto y yo lo escribo, Pero pronto, Teli, porque yo me voy. Ves cómo ella se entristece, tantas veces ha discutido contigo eso, No, Ciri, ésa no es la salida. Pero ya no te dice nada. Un crimen perfecto, Teli, pasional, como todo en este país porque, vaya, tu novela está buena, pero, asere, eso de los fantasmas y la historia es muy elevado para la… ¿ cómo dijiste el otro día? Coño, me gustó la frasecita… sicología tropical del cubano. De pinga, Teli, eso de matar. ¿ Crees que los escritores policíacos puedan ser asesinos? ¿ La Gata? ¿ Arturito? Te miró, esperando la pregunta que no hiciste. Pero ella sí. Y tú, Ciri, ¿ podrías matar a alguien?


Sales del solar, caminando lentamente y silbando una canción. Ya nadie juega dominó, el Pulgas está endrogado, dando vueltas sobre sí mismo y tratando de morderse el rabo. Nadie te mira. Sigues por toda Reina, entre el silencio y la oscuridad. Coño, deberían tirar de una vez este cabrón edificio, lleva como veinte años apuntalado, a ver si le cae arriba a Yumurí, o a un pobre infeliz que venga caminando, y después, se jodió el muerto y La Habana seguirá apuntalada. Doblas por Belascoaín, rumbo al malecón. No le dijiste a nadie, sólo a Teli, Me voy mañana, amiga, en una balsa con unos socios del Canal. Me van a recoger en el Malecón, para salir de la playa del Chivo, como a las doce de la noche. No te preocupes, la gente está saliendo por montones, hay que aprovechar la racha, no paran a nadie y te recogen los guardacostas yanquis apenas sales de las aguas de Cuba. Claro, asere, en cuanto llegue te llamo pero antes tengo que arreglar un brete. Le viste los ojos llenos de lágrimas, quizás la única persona que realmente te quería. Te abrazó con fuerza, Cuídate mucho, Ciri, todavía me debes el crimen perfecto para mi novela, Y tú, me debes el Nobel.


Le digo, compañero, es mi primo. Le traje comida caliente, porque no tiene gas. Encontré la puerta cerrada, lo que me pareció raro, porque él nunca cierra la puerta. Y como tengo llave… No, compañero, todo estaba oscuro, tuve que encender la luz y entonces lo vi, de rodillas, medio tirado, con la cabeza dentro del horno. Me asusté mucho y corrí a sacarlo. Me di cuenta que estaba muerto y entonces, los llamé… Pero, bueno, compañero, ¿ qué va a hacer con la cabeza dentro del horno, si no tenía gas hacía unos meses? Claro que no puede ser un suicidio, mire, hay señales de asfixia, ¿ve?, marcas de dedos que trataron de esconder con esos chupones de enamorado. ¿ Yo? No, compañero, soy escritora policíaca, por eso me doy cuenta de los detalles. Y, fíjese, estaba escuchando la grabadora. Pero las teclas que estaban encendidas eran las de grabar, no las de reproducir. No, no oí lo que se grabó, me dio miedo, no sé por qué. Pero ud. es la autoridad, puede escucharla.


La noche era cerrada por completo y apenas se veían entre ellos. No te diste cuenta de la cercanía de la policía. El “¡ Arriba las manos!” te paralizó. Viste como los otros se echaban a correr pero el cerco policial los detuvo. Como a través de una neblina, oíste una voz preguntar: ¿ Quién es Ciriaco?. Crees que diste un paso adelante. O levantaste la mano. No recuerdas. Las esposas cayeron sobre tus muñecas y apenas pudiste balbucear ¿ Qué pasa?. Y otra vez, a través de la neblina, o del tiempo, oíste tu propia voz, accionada desde una grabadora: “Adiós, amorcito, a los hombres no se les arma esos shows. Aquí, en Los Sitios, eso cuesta la vida. Te dejo la música porque me enseñaste que ‘es sacrilegio apagar una buena melodía’. El crimen perfecto, Julito, te suicidaste”.


YAMILET GARCÍA: ACCÉSIT DE LA SEMANA NEGRA 2007

HAY UN BEBÉ QUE LLORA.
YAMILET GARCÍA ZAMORA

Y es que llora, llora y llora con ese llanto insoportable de los bebés, entre aullido de gato y desespero de criatura despojada. Ya algunos vecinos me han preguntado, tienes visita. Y, claro, qué voy a decir, mi sobrina, sí, se está quedando, la madre está enferma. Y como hace poco que me cambié para acá, quién va a saber nada, me visto bien, siempre de traje, con un tono fresita y medio putón, la sonrisa mensa y barbera, soy muy buena onda, nadie sospecha. No pueden sospechar, el profesor es muy acá, suelen decir, yo soy profesor, para ellos, mis vecinos que viven con las ratas caminando por sus camas, comiendo en sus mesas. Ah, eso sí, no importa, esta unidad es perredista a muerte, qué buena onda los del Partido, ayer repartieron tortas y refrescos a los que fueron al mitín. Pos yo, mientras las cosas sean así, mejor, me dedico a lo mío, entre esta bola de nacos que no saben qué es filatelia y piensan que el tsunami puede llegar al Caribe. Pero, cámara, el pinche escuincle no para de chillar, ya le di su mamila, lo cambié y chilla, chilla. Me dan ganas de ponerlo en el piso, vaya, como para que el frío lo calme. El piso sucio, no hay agua en la unidad, hay que salir a acarrearla, pero me vale madre, yo quiero mi lana. Cállate, chamaco mocoso, puta madre, cállate ya.

Sábado en la tarde. La ciudad sin límites se inunda de paseantes. Vamos, bebé, vamos a hacer el súper, tú y yo, tu papá está de viaje hoy. A ver, véngase con su mami, gordito lindo, te pongo en el carrito. Ríete, bebé, estás con tu mami. El carrito, entre miles. Los estantes, gente que camina sin mirar, que respira sin vivir. Largas filas en las cajas. A ver, bebé, vamos a comprar la insulina, ya queda poca. Y los jugos sin azúcar. ¿Qué se te antoja hoy? ¿ Papaya para hacer licuados? Me encanta cuando dices todas esas cositas locas, sólo yo te entiendo. A ver, te dejo aquí, no me voy, tienes mamitis, mira, es sólo un metro. Y la mujer le sonríe al bebé, le da la espalda, un segundo, una instantánea en la eternidad, agarra la bolsa, toma la papaya. Y se voltea. Ahí está el carrito, sí, el carrito vacío. Duda, no, no es éste, debe ser otro, me equivoqué. Pero son sus compras. Sus compras sin el niño. Un grito la sacude, Mi bebeeeeeeeeeeeeeeeee, alguien que me ayude, se llevaron mi bebé. La gente la mira con indiferencia, en esta ciudad el dolor de una madre puede ser indiferente a los oídos, lápida al corazón. Sólo dos o tres se le acercan, la tratan de calmar. Alguien corre a la puerta, a avisar al guardia. Mi bebé, es el grito ahogado de una madre que acuna la papaya rodeada de la frialdad de la multitud, otra mensa que dejó solo al bebé para que se lo roben.

El pesero de Ermita, a esta hora, siempre va lleno, pinche pesero que siempre huele feo, estos nacos no se bañan, gûey, me guacaleo de sólo pensarlo. Mira, gûey, no me importa si el baboso se la pasa chillando, métele talacha, tápale la boca, me vale, gûey, pero de esa unidad no te vayas, es un lugar bueno, como que nadie está en nada y como que te puedes hacer el menso. Ambos hombres se miran, en silencio. Gûey, yo hice mi parte, no manches, llamé a la pinche vieja y le pedí la lana, no seas pendejo. Sí, se lo dije, que vamos a vender los órganos, que para eso lo tenemos, al pinche mocoso. El pesero atraviesa Churubusco, vamos a echarnos unos tacos en el Dragonejo, gûey, y unas chelas para ponernos bien de acuerdo. Se bajan, entre Me da permiso muy educados y los planes del secuestro en las manos. Oye, gûey, mañana vamos a pedirle al santito, a la Capilla de Manzanares, gûey, eso es lo único que funciona. Qué ley ni qué madres, gûey, ¿Te quedan unas talachas? No, gûey, ésas no las vendas, vamos a meternos unas y nos buscamos unas viejas para coger. Pos a tu apartamento, gûey, ya veremos cómo callamos al baboso.

A ver, a ver tus chichas, qué vieja más linda que eres, por acá, por este pasillo, cuidado, hay una coladera abierta, sí, ya sé que huele feo, hay popó por todas partes, camina con cuidado, hay ratas por acá en su banquete, a ver, gûey, tú estás peor que yo, cuál es el departamento, yo abro, entren, nenas.
Otra vez, el llanto. Disminuido, como pidiendo permiso, pero el llanto. Pinche baboso, voy a la recámara a ver qué tiene, cállalo, gûey, ten cuidado, me da pendiente que le pase algo, mira que la madre va a pagar bien. Y el hombre, alto, bien vestido, con ese aire fresa, tambaleándose, va al cuarto. El llanto cesa, no sé, compadre, estaba muy frío, y se volvió a hacer pipí, ese chamaco orina mucho y se la pasa o durmiendo o llorando, está amarillo, compadre, hace falta que la pinche vieja pague de una puta vez. ¿Tienen un niño? y la pregunta de una de las muchachas suena fuera de tono. No, nena, hablamos de un vecino, ah, es que me pareció oír chillar a alguien, no, es el gato del vecino. Gûey, yo en la recámara; tú, en la sala. Pero el otro ya no lo oye, ha caído al lado de la mujer, sin quitarse su traje ni aflojarse la corbata y ambos roncan la borrachera plagada de drogas.

Y el llanto del niño comienza, bajo, muy bajo, mientras ella se dobla sobre una cama de sábanas de dudosa blancura, mientras él la usa por todos sus rincones. Y no hay saliva, ni palabras, sólo una habitación a oscuras y un macho que monta a una mujer que aguanta las embestidas, rezando para que se acabe pronto, el llanto del niño la pone nerviosa, no es un gato pero no va a preguntar más. Pero este tipejo se demora, se detiene, resopla, busca algo, la pone en cuatro patas y ella siente que le mete algo por el culo, algo muy grande que la hace gritar, secundar al niño, revolcarse como él, pero la aguantan, la amarran, la penetran sin misericordia y sin perdón, puta barata, pinche vieja, oye que le dicen, y sabe que se desmaya, que no aguanta una mordida más, una quemada más, un removerse del puño del hombre que hurga en sus intestinos. Se vomita pero ya no se mueve. El sonido de las ratas llena el espacio del cuarto. Y el llanto del niño se hace lejano, lejano, lejano…

Mira, Juan, ya no sé qué hacer, ellos piden setecientos mil pesos, de dónde, Juan, de dónde lo saco. Piensan que porque uno trabaja duro, tiene un carro del año y se compró un departamento es millonario pero fíjate, me conocen, me dijeron que con lo que tengo en el banco y vendiendo la camioneta, lo completo. Eso me da más miedo, me dijeron que no le avisara a la policía pero fue lo primero que hice y la AFI anda investigando. Pero ellos también me pidieron dinero, Juan, para apurar el asuntito, señora. Yo quiero a mi hijo, lleva tres días sin insulina, ellos no saben Juan, no me dio tiempo a decirles cuando llamaron, es tan chiquito que nadie puede pensar que… sí, se me muere, Juan. Ya no sé a qué santo rezarle. Si sólo pudiera decirles que necesita insulina. Mañana es el día acordado para dejarles el dinero y voy a hacerlo, el que tengo. Y la AFI estará por allí para seguirlos. Tengo miedo, Juan, tú eres abogado, sabes qué fácil es escapar de la justicia en este país… Ernesto está como loco, fue a ver a unos tipejos ahí, en Tepito, compró una pistola y está buscando gente para que maten a los secuestradores… mi niño, Juan, mi niño llora… sé que está llorando…

Y decide acostarlo en el piso, el único lugar donde el llanto se calma. Ya no le pone pañales, total, se la pasa orinado. El frío de las baldosas hace que el bebé se voltee, busque con su boca la humedad, se revuelque en la mugre y sus orines. Este escuincle está enfermo, piensa con pavor, menos mal que mañana nos dan la lana y me largo a la frontera, a mi no me cargan el muertito, basta con la función de anoche, tuve que soltar a la muchacha, sangraba por todas partes, el muy bestia de mi compadre casi la mata y ella se fue con mucho rencor en la mirada y con un no sé qué de que sabe… sí, como que sabe…

Sí, señora, una llamada anónima. Un departamento en una unidad de Iztapalapa. Para allá vamos, señora. No, mejor espere, ya le avisaremos. No, quien llamó no sabe, sospecha, oyó el llanto de un niño, le dijeron que era un gato pero dice que ella no se equivoca y que los tipos son unas bestias, Sí, ella es… sexo servidora pero anoche terminó en un hospital. No, no, ud. va, entrega el dinero y no se apure, los oficiales estarán encubiertos. Y nosotros a nuestra chamba. No, señora, no, pos para que no sospechen y vaya, quién sabe, va y ellos mismiticos caen en la trampa.

Y sabe que todo está perdido pero no se rinde. El llanto ha cesado, el charco de orines es un abismo infranqueable alrededor del bebé que ya no es bebé porque las ratas se han encargado de reducirlo a casi nada. Un fuerte olor a amoníaco reina en la habitación, pinche escuincle baboso, no podías esperar a mañana, no debí ponerlo en el piso pero qué sabía yo que a los bichos esos les gustaba…Y no termina la frase, porque todavía sale una rata y bebe del pipí del bebé. Y se le acerca, amenazante. No se atreve a moverse, a subir a la cama al despojo, casi humano, casi niño, todavía festín de las ratas, porque el miedo es más fuerte, no voy a cobrar el dinero, puta madre, no voy a cobrar mi lana. Pero él es un chingón y como chingón chingará. Sonríe, cierra la puerta y va a buscar su dinero.

El Publix en la 68 y Collins se llena los domingos. Las familias van a hacer sus compras semanales, acunados por el olor inconfundible del mar y el salitre que se pega a los labios. El sol es implacable esta mañana pero adentro no se siente, el aire acondicionado se encarga de cambiar el clima. Un hombre alto, bien vestido, con traje negro, ademanes un tanto delicados y una sonrisa algo perdida en el tiempo, se acerca al área de lácteos. Varias mujeres empujan los carritos con las compras y los bebés. Sí, estoy en el mero sitio, aquí no hay nacos que están brujas, como en el Sedano's de la esquina de la Calle 9 y la cuarta avenida del East. Nadie lo mira. Se confunde entre compradores. Una mujer deja por un segundo el carrito con las compras y el bebé adentro. Un alarido sacude el super markets, my baby, personas que corren, guardias en movimiento. Un coche, en la esquina, arranca sin apuros. Yo, el mero chingón, cállate, escuincle baboso, pinches gringos, vamos a pedirle la lana a la puta vieja que te parió.


Cuentos finalistas de la Semana Negra 2007

Los cuatro accésit del concurso de cuentos se repartieron entre Cuba y España y corresponden a los relatos...

Premios Semana Negra de Gijón 2007.

Premios literarios semana negra de Gijon, 2007
Juan Hernández Luna, Amir Valle, Ernesto Valle, Antonio Jiménez Barca, Alfonso Mateo Sagasta y David de la Sierra se llevaron los galardones en la veinte edición de la Semana Negra. Así, el Premio Internacional de Novela Dashiell Hammett a la mejor novela policíaca publicada en español recayó en la obra Cadáver de ciudad, del escritor mexicano Juan Hernández Luna.El premio Rodolfo Walsh, otorgado a la mejor obra de no ficción del género negro fue a parar a manos del cubano Amir Valle, autor de Jineteras.Por lo que respecta al Premio Memorial Silverio Cañada, concedido a la mejor primera novela negra, en esta ocasión fue compartido por La aguja en el pajar, del argentino Ernesto Mallo y Deudas Pendientes, del español Antonio Jiménez Barca.Por otra parte, el Premio Espartaco, otorgado a la mejor novela histórica, el galardonado fue Alfonso Mateo Sagasta, por su obra El gabinete de las maravillas. En este premio, el jurado hizo una mención aparte a una de las finalistas, El desafío de las damas, de Almudena de Arteaga.La nómina de los ganadores de esta veinte edición de la Semana Negra la completó David de la Sierra, ganador del concurso de relatos con La ruleta rusa.

Lectura dramatizada del cuento ganador

Por segundo año consecutivo, en el marco del Salón Iberoamericano de Gijón y LA NOCHE DE LAS PALABRAS, la Asociación NOVELPOL contó con alumnos de la Escuela de Arte Dramático de Asturias, para leer los relatos, ganador y alguno de los relatos finalistas del II Concurso de Relatos “Justo Vasco”.
El dúo de alumnos- Rosalía y Lúxan de la Escuela de Arte dramático de Asturias bordó una lectura expresiva que permitió en algunos de su 'trozos' interactuar con parte de los espectadores. Luxán haciendo de cubano meloso... asere... interpretando al protagonista de “Sinfonía para un crimen” de la cubana afincada en Mejico, Yamilet García... consiguio concitar los aplausos del publico imprimiendo a su lectura la gracia y naturalidad que transmitia el texto.
Coincidió cierto momento de su dialogo con el paso de un joven de aspecto musculoso al que miraba mientras leía lo que venía: "...Mucho gusto soy Julito al que le gustan los palitos por el culito"... Rosalía en su papel de Olga, personaje femenino del relato finalista "Olga Borodín", del gijonés Carlos Fernández Salinas, interpelaba a un paseante ... a voz en grito "¿QUÉ ESPERRASSss PARA DESNUDARRRTE!"... como lo exigía el guión o lanzaba a cualquier sorprendido señor ..."ERRRESSss IGUAL QUE EL ESTUPIDO QUE MI MARIDO" , tambien dentro del texto... con un logrado acento ruso ... rulando las rrrrr... como rugidos.
La pareja de actores actuó, como profesionales elevando a su merecida calidad unos relatos magníficos.
RICARDO BOSQUE, SECRETARIO DEL IIº CONCURSO DE RELATOS CORTOS "JUSTO VASCO" , COMUNICA
En esta festividad de San Raymond Chandler (véase el Santoral de La Balacera para más detalles), es para mí un placer como Secretario del II Concurso de Relatos Cortos Justo Vasco adjuntaros el fallo del Jurado, integrado (al margen del que suscribe) por auténticos entendidos del género.Salud,Ricardo
FALLO:
El Jurado del II Concurso de Relatos Cortos “Justo Vasco”, convocado por la Asociación Cultural NOVELPOL (Amigos de la Literatura Policial) y patrocinado por LA GANGSTERERA y las librerías NEGRA Y CRIMINAL , ESTUDIO EN ESCARLATA y CÁLAMO, ha decidido conceder el primer premio, dotado con 250 euros, al relato
SINFONÍA PARA UN CRIMEN, de la escritora Yamilet García Zamora (Cuba).
Los otros finalistas han sido:
OLGA BORODÍN, de Carlos Fernández Salinas (Gijón, España)
LA SINRAZÓN DE JOB, de Miguel Ángel Carcelén Gandía (Villalgordo del Júcar, Albacete, España)
ANDRÉS SOLER, de Mario Marín González (Huelva, España)
MES DE ABRIL, de Raúl Flores Iriarte (La Habana, Cuba)
El jurado estuvo compuesto por José Javier Abasolo, escritor; Ricardo Bosque, editor de La Balacera; Montse Clavé, librera de Negra y Criminal; Juan Ignacio Montiano, escritor; y Amir Valle, escritor.
Además del relato ganador, y de acuerdo con lo dispuesto en las Bases del Concurso, los cuatro relatos finalistas serán publicados en la revista GANGSTERERA.
El total de relatos presentados a concurso fue de 258.