QUE EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA LOS ACOMPAÑE.

sábado, 19 de marzo de 2016


OBAMA EN CUBA.

CARLOS ALBERTO MONTANER


Resultado de imagen para OBAMA Y RAÚLO

El presidente norteamericano no había puesto un pie en Cuba y el régimen ya había comenzado a bombardearlo. Primero fue un largo editorial de Granma. ¿La esencia? Cuba no se moverá un milímetro de sus posiciones socialista y antiimperialista, incluido su apoyo al engendro chavista en Venezuela, enorme fuente de subsidio para los cubanos, de quebrantos para los venezolanos y de desasosiego para los vecinos.
Luego el canciller Bruno Rodríguez, el chico de los recados diplomáticos, le advirtió que su gobierno no agradecía que Obama hablara de empoderar al pueblo cubano. Tampoco, de que trataran de imponerles Internet. Cuba, dijo, “protegerá la soberanía tecnológica de nuestras redes”. En lenguaje llano quiso decir que la policía política seguirá controlando las comunicaciones. De eso y para eso viven.
El presidente norteamericano no se amilanó. Hablará sin tapujos de los derechos humanos en su visita a Cuba. Lo ha dicho, y lo va a hacer. Pero hay más: Barack Obama, aparentemente, no visitará a Fidel Castro. (Con cautela: nunca digas de este dictador no beberé). Al menos por ahora inhibirá la curiosidad antropológica que siempre despierta el tiranosaurio mayor. Hoy es una encorvada caricatura de sí mismo, pero  tiene cierto morbo conversar con un señor de la historia que se las ha ingeniado para llevar 60 años revoloteando por los telediarios.
Obama, además, tendrá la generosidad de reunirse con algunos de los demócratas de la oposición. Ahí hay todo un mensaje. Es una buena lección para Mauricio Macri, que todavía no ha ido, y para François Hollande, que ya pasó por La Habana y no tuvo la valentía cívica de realizar un gesto solidario con los disidentes. Obama se reunirá con los más duros. Les pasará el brazo por encima a los peleadores. A los más apaleados y curtidos. Esos a los que la policía política califica falsamente de terroristas y agentes de la CIA.
En todo caso, creo que Obama no ha calculado bien el avispero en el que se ha metido. Ha decretado unilateralmente el fin de la Guerra Fría con Cuba, pese a que la Isla insiste en asistir militarmente a los norcoreanos, ayudar a los terroristas del Medio Oriente, respaldar al sirio Bashar al-Asad o a los ayatolas iraníes. Tampoco importa que dirija la orquesta de los países del Socialismo del Siglo XXI (Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua), todos decididamente antinorteamericanos y empeñados en revivir la batalla que dejó inconclusa la URSS.
Obama, se siente invulnerable. Cabalga un enorme elefante, el mayor que ha conocido la historia y, desde su perspectiva de primera potencia planetaria, estos pintorescos enanitos latinoamericanos son algo así como unas pulgas que serán naturalmente aplastadas por el peso de una realidad inevitablemente apabullante.
Pudiera ser, pero hay un grave problema lógico. En Panamá, Obama declaró que Estados Unidos había renunciado a intentar cambiar el régimen cubano mientras, simultáneamente, continuará impulsando la defensa de los derechos humanos y la visión democrática occidental. Esa es una clara contradicción.
La dictadura de los Castro viola los derechos humanos, precisamente, porque suscribe la visión leninista de que esos son subterfugios de la encallecida burguesía capitalista. No cree en ellos. “La revolución” suscribe otros valores, expresados en los llamados “derechos sociales”, y, para alcanzarlos, le otorga al Partido Comunista la dirección única y total de la sociedad. Eso es lo que dice la Constitución, inspirada en la que Stalin impuso en la URSS en los años treinta.
Cuando un cubano expresa su criterio libremente y éste contradice al dogma comunista, no está ejerciendo su derecho a la libre expresión del pensamiento, sino cometiendo un delito. Cuando dos o más cubanos tratan de reunirse para defender sus ideales o intereses fuera de los cauces oficiales, no están ejerciendo el derecho de reunión. Están cometiendo un delito.
Estos atropellos no tendrán arreglo hasta que la Isla no cambie de régimen. Es seguro que la inmensa mayoría de los cubanos radicados en su país verán esta visita con mucho entusiasmo. Es  posible que el deshielo mejore las condiciones de vida de algunos cubanos. Incluso, es más que probable que ciertos exportadores norteamericanos se beneficien de la apertura de ese famélico mercado, aunque la factura la acaben pagando los contribuyentes estadounidenses.
No obstante, ahí no habrá libertades, ni respeto por los derechos humanos, ni se le pondrá fin al antiamericanismo militante y al espíritu de Guerra Fría, hasta que no termine el régimen totalitario y sea sustituido por una democracia real. Y eso, difícilmente, se conseguirá haciéndole concesiones unilaterales y sin costo a la dictadura. El apaciguamiento nunca ha sido una buena política, como se ha confirmado en la Norcorea de la dinastía fundada por Kim il-Sung y ya se vio en la Alemania de Adolfo Hitler. Los matones confunden la benevolencia con la debilidad

sábado, 5 de marzo de 2016

RECUERDOS

Un viejo poema -y escrito- de mi época más ferozmente lezamiana, en que la mano del poeta se cernía sobre mi pluma. Era 1993 sobre La Habana.

Kasperl es el eterno dilema del hombre europeo, deseoso de huir de una civilización que lo aplasta y sepulta. Kasperl interroga al Nuevo Mundo- tan viejo como el otro- y busca -quizás sin saberlo- la imagen perpetua de El Dorado.

Kasperl, romántico al fin, cree que la verdad se esconde en un mundo ignoto, en la presencia virgen de una naturaleza por descubrir.

Barbarie vs. Civilización. También la barbarie es poética y salvaje la civilización. Valores que, aún en nuestro mundo, prevalecen.

No somos civilización.

No dejamos de ser barbarie.



Tiendo una mano en lo oscuro
el infinito me abruma
extirpo la palabra pero la libertad es miedo
el mar
una onda    un desatino
el estiércol puro de los humanos
la presencia virgen de los ilusos. Soy salvaje. Mi mundo
oro locuaz y apocalíptico
el vero rufián
la literatura
Nada
Quién osa hablar de estirpes
de deseos
el tiempo vence todo gruñido
el amor sembró holocaustos
le naturaleza se burló de él
el Universo tiende sus leyes y caza aciertos
no busques     no encuentres.
ESTOY AQUÍ.

domingo, 28 de febrero de 2016

 
 
 

Sexus, Citus (Nos vemos en La Habana nº 3)

20 abril 2014
de Yamilet García Zamora
Disponible para descargar ya












Y aquí estoy, navegando por las nuevas tecnologías. Pueden encontrar mi cuento "Sexus, Citus" en amazon para Kindle pero no se preocupen si no tienen un lector e-book: busquen la aplicación de amazon que permite leer desde la computadora, se la descargan y listo, El cuento cuesta 20 y pico de pesos. Eso sí: debo advertirles que es un cuento erótico, así que después no me reclamen. No se dejen engañar por su aparente inocencia.
 
Y más adelante les contaré una anécdota de la lectura de este cuento en Cuba.

lunes, 22 de febrero de 2016

Febrero de la papa extinta, el pelotero fugado y una insólita Feria del Libro

Por:
  • 25 Feria Internacional del Libro de La Habana 2016
Toda la gloria junta del Santo Francisco y el Patriarca Kirill no obró milagros. Papas de dos Iglesias (Católica y Ortodoxa Rusa) reunidos por primera vez desde el siglo XI de la Historia y nada menos que en La Habana; pero ni una sola papa comestible, el divino tubérculo, sobre la tarima de los mercados cubanos. Y casi nada de otras viandas, vegetales y frutas; las pocas tocan el cielo por el alza de los precios. Ya ni el bullicio celestial de las Ferias Agropecuarias anima los barrios en fines de semana. Que si la lluvia. Que si la sequía. “¡Échenle la culpa al Niño!”1 Que si los guajiros montaron su Realengo 182 contra los intentos regulatorios del Estado.
Bateadores golpeando al aire, lanzadores tirando bolas contra el suelo. Ciegos parecían los jugadores del club Ciego de Ávila (con el refuerzo de medio equipo nacional) que asistieron a la última Serie de Béisbol del Caribe. Por si el fracaso no fuera suficiente, a la hora de volver apaleados a casa desde República Dominicana, el notición de espanto: “Yulieski Gourriel abandonó el equipo cubano…” (junto a su hermanito Lourdes). Tras la pérdida de la última estrella del firmamento doméstico: “¡el béisbol cubano ha muerto!”, “¡que clausuren el campeonato nacional de pelota!” La gente al hablar no se anda en chiquitas.
Por todas partes proliferaban vagos rumores. “Dicen que explotó todo el mundo en la editorial tal”. “No hay papel para las tiradas”. “Roturas en la imprenta”. “Empezaron a imprimir tarde”. Si no hay libros, “¿habrá Feria del Libro?”. Al fin, se convocó a conferencia de prensa por el Instituto Cubano del Libro (ICL). ¡Habemus feria! Como sea, tendremos 25 Feria Internacional del Libro de La Habana 2016 y dentro de las fechas programadas: 11 al 21 de febrero.
En esa rueda de prensa se ofrecen cifras: llegarán más de 300 participantes, incluida una amplia delegación de Uruguay, país invitado de honor; se presentarán más de 900 novedades editoriales. Cautamente, Zuleica Romay, presidenta del ICL, le recuerda a los periodistas que la Feria cubana se extiende desde febrero hasta abril, y que avanza desde la capital y hacia todas las provincias de la isla, por lo que la salida de los nuevos títulos “se hará progresivamente”. Puesto el parche. Sabiamente, el programa de actividades distribuido se prodiga en la mención de coloquios, paneles, homenajes, conversatorios, encuentros profesionales, pero no precisa muchos lanzamientos de libros.
Arranca en la Fortaleza de La Cabaña la fiesta del lector cubano. Primera sorpresa para el lector cubano: no existe, como en las ocasiones anteriores, una librería central que concentre la oferta, tendrán que circular por los stands de las diferentes editoriales para adquirir los volúmenes. Segunda sorpresa: menos timbiriches dentro del recinto ferial con oferta gastronómica. A menos pollos, mayor claridad, piensan los escritores y otros profesionales para los cuales este evento es asunto de trabajo y no todo festividad.
En cambio, los amantes del fútbol se restriegan las manos de contentos. Camisetas, gorras, revistas, posters y pegatinas, bolsos y bufandas, con los emblemas del Barcelona y el Real Madrid y el nombre de sus favoritos: Neymar, Cristiano, rellenan numerosos espacios. Ya en Isliada advertíamos cuando la Feria del pasado año de cómo Messi derrotó a Cortázar; este 2016 el rosarino se sobrepasó, para desbancar a Eduardo Galeano y sus compatriotas escritores.
Quizás, como pretexto, alguien arguya la devoción hacia el fútbol del autor uruguayo y esa nación suramericana en pleno. Pero algo ahí debería oler mal, si en fintas y goles se gasta el pueblo más CUCs3 que en pesos cubanos para comprar la sabiduría de los libros. Además, ¿por qué al unísono no se vendieron chamarras y promoción del deporte nacional? ¡Ay, y el béisbol cubano siguió perdiendo!
Muchas cosas van sucediendo según el cauce que ya se podía prever. Cancelación de varios lanzamientos de nuevos títulos por la no impresión a tiempo de los volúmenes (entre ellos, uno que mucho anunciamos por aquí: Isla en rojo. Historias cubanas de vampiros y otras criaturas letales). La novela escrita por George Orwell hace casi 70 años y publicada por primera vez en Cuba, 1984, se convierte en el libro más buscado.
Al cierre del capítulo habanero de la Feria, las cifras informadas por el Comité Organizador muestran un descenso significativo respecto al año anterior. Si en 2015 se registraron 312 359 asistentes, este 2016 casi se redujo a la mitad (187 000 personas). Notablemente peor en el número de los libros comercializados: 428 000 ejemplares en 2015, por sólo 90 000 en 2016. Aun más lamentable suena el conteo si se compara que más de un libro por asistente se adquirió en el pasado año, por apenas medio libro por persona en el presente.
“¡Pero, señor, no sea tan aguafiestas!” Sí, su razón tiene la queja, pues no todo fueron lunares. Brilló el sol de la bandera del país homenajeado, cuando la delegación venida desde el Río de la Plata desembarcó con selección de lujo: los escritores Rafael Courtoise, Fernando Butazzoni, Ramiro Sanchiz, Damián González Bertolino, Marcia Collazos, Mario Delgado Aparaín…; y además, muestras de su buen teatro (Gabriel Calderón), música (Daniel Viglietti, Fernando Cabrera), danza y tradiciones populares como el Candombe.
Tal vez no tan halagüeña para quienes conciben la Feria del Libro como magno evento popular; sin embargo, la edición de 2016 lució más consolidada en sus funciones como cita para expertos del mundo del libro. En ese acápite cabe destacar el programa del Salón Profesional y la nómina de participantes adscritos a actividades como la traducción, la edición y comercialización, los agentes literarios… Hasta acá se llegaron representantes de la establecida Feria de Frankfurt y emporios editoriales como Penguin Random House.
Pero la nota más original de este 2016 la brindaron quienes se apearon bien lejos del populacho de La Cabaña y montaron campamento en el Hotel Memories Miramar durante los días 15 y 16 de febrero. Me refiero a la nutrida “US Publishing Mission Havana Book Fair”, una constelación de CEOs de importantes empresas norteamericanas del ámbito editorial: Combined Book Exhibit, Publisher Weekly, Harper Collins, IPG, Bajer & Taylor, Smashwords, entre otros; que asistieron a un encuentro allí con sus equivalentes de la isla.
Junto a Ediciones Unión, Letras Cubanas, Gente Nueva, Arte y Literatura, Oriente, Boloña, Casa de las Américas, y otras del establishment nacional, asistió Isliada, como sorprendente invitada. De ahí que pueda informar sobre el clima de cordialidad y respeto mutuo que reinó en esta reunión; y de la evaluación de posibilidades de intercambio y de negocios entre ambos países.
Con la mira en un flujo futuro de libros y cultura entre las dos naciones, atascado hasta el presente por el prolongado diferendo entre Cuba y EE.UU, se desenvolvió un diálogo que culminaría con la firma de un promisorio memorandum of understanding o carta de intención entre las partes.
Por razón de este documento, donde “conscientes de que los públicos lectores tienen derecho a disfrutar de las obras literarias, artísticas y los productos del conocimiento de los dos países”, porque estos son “instrumentos básicos para apoyar los procesos de desarrollo humano y las buenas relaciones entre las naciones” y “con el objetivo de impulsar las relaciones de acercamiento y cooperación entre Cuba y EE.UU. en el campo editorial”, los participantes sellaron acuerdos dirigidos a garantizar la presencia de libros cubanos en la BEA (Book Expo America), a realizarse en Chicago en mayo próximo, así como la consolidación de las exposiciones de libros norteamericanos en las venideras Ferias cubanas del Libro.
De mayúscula impronta acerca de las buenas intenciones de los visitantes, quedó la promesa de elevar una petición en nombre del ámbito editorial estadounidense para aliviar las impedimentas legales “al menos para la posibilidad del intercambio de libros y productos culturales
Concurrente azar, que diría Lezama, pero justo cerrándose este evento insólito, y mientras la fiesta del libro se aprestaba a dejar la capital para abarcar toda la Isla en su periplo quijotesco, comienza a resonar en medios del mundo entero el bando que trae la nueva del viaje a Cuba del presidente Obama en el venidero mes de marzo.
NOTAS
  1. 1 Alude al fenómeno meteorológico científicamente llamado ENOS.
  2. 2 Célebre insurgencia campesina en los tiempos de la Cuba republicana.
  3. 3 CUC, unidad convertible cubana, equivalente a 25 pesos de la moneda nacional

TOMADO DE: Isliada  http://www.isliada.org/articulos/2016/02/febrero-de-la-papa-extinta-el-pelotero-fugado-y-una-insolita-feria-del-libro/

domingo, 21 de febrero de 2016

DE REGRESO

Sí, ha sido un largo silencio. Creo poder regresar ya y seguir compartiendo con uds. Creo tener tiempo ya. Para empezar, un video. Por este pasado 14 de febrero. Y a mi pasita, que le encanta. ¿Se acuerdan? Fue una canción muy escuchada en Cuba.

Que el ángel de la jiribilla los acompañe.


video


miércoles, 23 de julio de 2014

LA NIÑA DE GUATEMALA



Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda...

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores...

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente -¡la frente
que más he amado en mi vida!...

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.

miércoles, 25 de junio de 2014

LA GUERRA QUE TODOS PERDIMOS

LA GUERRA QUE TODOS PERDIMOS.
ARTURO PÉREZ REVERTE

Eso es siempre lo peor, en cualquier guerra; pero todavía hoy, cada vez que veo las viejas imágenes en blanco y negro, o las fotos desvaídas de hace sesenta años, me remuevo incómodo en el asiento al verlos pasar ante mí, llorando de la mano de sus padres por la frontera camino del exilio, agazapados en un portal mirando hacia arriba mientras suena el estrépito de las bombas, haciendo colas con ojos grandes de hambre y miedo para conseguir un mendrugo de pan.

El cadáver en la cuneta, el soldado que tiembla de frío en el frente de Huesca, el inválido ayudado por los compañeros que es empujado por los gendarmes franceses mientras se le cae la manta raída de los escuálidos hombros... Estos otros personajes son adultos; saben, o al menos deben saber qué diablos está ocurriendo. Por eso me producen menos compasión que esas docenas de ojos de críos que miran sin comprender. Que todavía hoy, medio siglo y una década más tarde, congelados en las sales de plata de la película fotográfica donde ya nunca envejecerán ni morirán, siguen mirándonos con ojos espantados que son una acusación, una denuncia, un insulto, un recordatorio de nuestro oprobio, nuestra vergüenza y nuestra locura.

Esa guerra civil no la viví; pero he vivido otras y sé que siempre son la misma. Esa guerra civil no la presencié, pero me la contaron cuando niño, mientras aún estaban frescas las heridas, la huella de la metralla en los muros de los edificios; cuando todavía había hombres y mujeres en cárceles y en el exilio y cuando el general Franco aún firmaba sentencias de muerte.

De las veladas alrededor de la mesa de camilla de mi abuelo recuerdo historias de bombardeos, y de ejecuciones públicas para después, ante los cadáveres hacer desfilar a las tropas a fin de que tomases buena cuenta de ello. Historias de héroes y de gentuza, mezclados unos con otros; indiferenciados bajo el mono azul de miliciano, la boina de requeté o la camisa azul de Falange. Relatos escalofriantes de amigos, vecinos y parientes detenidos de madrugada, sacados de su casa en pijama mientras la mujer y los hijos imploraban en la escalera; juzgados en tribunales sumarísimos, torturados en chekas, fusilados ante un paredón bajo la bendición de un cura con el yugo y las flechas bordado en la sotana, o asesinados a la luz de los faros de un camión en cualquier carretera. Esas viejas carreteras españolas, las monótonas autovías también nos borraron esa memoria, donde muchos años después aún me estremecía al ver los pequeños monumentos conmemorativos de lugares donde hombres de toda condición e ideología fueron asesinados con las luces del alba. Un nombre, una fecha, a veces una cruz. A veces flores secas.

Cada uno de nosotros tiene una, veinte historias familiares. Estúpidos aquellos jóvenes que no acuden a sus mayores a que se las cuenten, antes de que estas historias se extingan con ellos y duerman en el silencio sin aportar nada a las generaciones que no lo vivieron, haciendo imposibles la lucidez y la experiencia. Mis mayores han muerto, o están muriendo poco a poco,; pero el niño curioso que fui logró arrancar un puñado de esas historias al olvido, y ahora lamento que no hubieran sido más. Lamento las horas perdidas sin preguntar a aquellos que ya no están conmigo.

Eran- son las historias de cada uno de nosotros: de nuestros padres y nuestras madres y nuestros abuelos. Así pude saber, así sé, del tío Lorenzo, que cruzó el Ebro con diecisiete años y el agua por la cintura, con dos cojones, un máuser en las manos y los dientes apretados, que recibió un balazo y volvió a casa de sargento republicano con dieciocho años, y que nunca cumplió los veinte. Así pude saber de cuando mi abuelo Arturo pasó cuatro horas bajo un bombardeo, pegado a la pared de un polvorín; o de cuando una noche unos milicianos quisieron llevárselo a dar un paseo porque había cenado a la luz de una vela y eso, decían, era señales para la aviación nacional. O de cuando sus antiguos compañeros de la Armada quisieron fusilarlo por haber permanecido fiel a la República.

Así supe de mi madre con doce años llevándole comida a la cárcel a Pencho, mi otro abuelo, y cómo siempre pedía a los carceleros darle la fiambrera en persona, para así verlo un instante entre las rejas de un portillo y contarle a mi abuela que seguía vivo. O de mi tio Antonio que todavía, con setenta tacos largos, llora cuando recuerda el día en que le llevó, teniendo trece años, en bicicleta, una tortilla de patatas hecha por su madre a su hermano, cuya brigada pasó un día a treinta kilómetros de Cartagena. O de mi abuela María Cristina paralizada en mitad de la calle en mitad de un bombardeo alemán. O de mi tio Peque, que aprovechaba los ataques aéreos para ir corriendo por las calles desiertas, llenas de cristales rotos, y ponerse el primero en la cola del pan antes de que la gente saliera de los refugios. O de mi padre, caminando en una de las filas de soldados a uno y otro lado de la carretera, la manta al hombre y el fusil a la esplada, camino del matadero, salvado de casualidad porque un comisario se detuvo junto a él y preguntó quién de aquella fila tenía estudios y sabía escribir a máquina. O del tío de mi madre fusilado porque un vecino era militar, y los del piquete, que eran analfabetos, se equivocaron de piso. O la cajita de lata que siempre conservó, hasta su fallecimiento, mi abuela Juana, con las cartas escritas desde el frente por su hijo muerto, la bala que le sacaron en su primera herida , y el trozo de madera que, a falta de anestesia, apretó entre los dientes mientras le arreglaban el agujero que le hicieron en Belchite.

Cuántos muertos, y cuánto horror, y cuántos sueños, y cuánto heroísmo, y cuánta sangre, y cuánta mierda acumulado en sólo tres años. Curas santificando balas y justificando ejecuciones o siento torturados como animales, hasta morir. Generales, comandantes, soldados; heroicos y abyectos, y a menudo ambas cosas a la vez. Épica y barbarie, la mejor infantería del mundo contra la mejor infantería del mundo; Caín en plena forma, lo más hermoso y lo más miserable de nuestra tierra y nuestra raza maldita. Chusma acuchillando a los desvalidos, miserables aprovechándose del río revuelto, cambiando de chaqueta, congraciándose con el poderoso. Hombres honrados poniéndose en pie para pelear. Ojos de miedo y desesperación, balazos y bayonetas, casa por casa en Teruel, en la Ciudad Universitaria, monte arriba en Somosierra, Arriba España entre los escombros del alcázar de Toledo, Viva la República en el valle del Jarama. Moros, legionarios, milicianos, héroes y cobardes, vivos y muertos.

El patio del Cuartel de la Montaña en esa foto terrible, el suelo lleno de cadáveres, España eternaque se repite a sí misma en el ritual de la muerte y la tragedia. Plaza de toros de Badajoz, barcos prisión, españoles fusilados por comisarios húngaros o franceses o por legionarios alemanes o fascistas italianos, por hijos de puta que ni siquiera sabían hablar castellano y vinieron aquí a mojar en la sangre y en la muerte que sólo era de nuestra incumbencia, sin que a ellos les hubiera dado nadie maldita vela en nuestro entierro. Mujeres rapadas al cero, hombres humillados ante sus familias y sus vecinos, pidiendo clemencia o escupiendo a la cara a sus verdugos. Y esa foto que tanto me impresiona, la del español bajito y moreno con camisa blanca, que acaba de rendirse y al que llevan a fusilar, y que levanta los brazos resignado, fatalista, con una colilla en la boca. Esa colilla, ya lo escribí una vez, que siempre tenemos en la boca los españoles cuando nos llevan al paredón.

Dios. Cómo amo y cómo detesto a este país nuestro, cada vez que miro esas fotos. Cómo me enternecen esos rostros que son el rostro de nuestra tragedia, de nuestra desgracia. Pobre gente y pobre España. Qué guerra tan atroz, y tan española, o tan atroz por española. Una guerra civil como Dios manda, guerra civil de la buena, la que enfrenta a hermano contra hermano, a hijo contra padre, a vecino contra vecino. En ninguna guerra como en ésa, la que tuvimos, las que tuvimos antes, y las que a unos cuantos desalmados e irresponsables no les importaría que volviéramos a tener, aflora toda la ruindad que albergan los rincones oscuros del corazón del hombre.

Los viejos rencores, la envidia, el odio vecinal tan propios de la condición humana y tan nuestros; tan españoles. Tú me quitaste la novia, tú desviaste el agua de la acequia, tú mataste un conejo en mis tierras, tú me negaste el pan, tú publicaste aquel libro, tú fuiste feliz y yo no. Delaciones, chivatazos, ajustes de cuentas, canallas que medran con el dolor, y el sufrimiento de los otros, desgraciados que se humillan para comer, o para sobrevivir. Cárceles, campos de batalla, cementerios, exiliados, Machado muriéndose enfermo de pena en el extranjero, Max Aub, Sénder, tantos pobres hombres, mujeres y niños anónimos, perdidos. Españoles detenidos en Rusia y enviados a Siberia, niños de la guerra que luego morirán peleando en Stalingrado, franceses miserables que humillan a los vecinos, a los fugitivos, en la frontera, y que después los entregarán atados de pies y manos a los carniceros nacis...

Cielo santo. Cómo nos dio por el saco todo Dios, todo el mundo, toda Europa, estrangulando a este pobre, entrañable, desgraciado y viejo país. A esta pobre, entrañable, desgraciada y vieja gente nuestra. No es cierto que nos ayudaran; déjenme de milongas pamperas, de camelos retóricos, de demagogia. El arriba firmante se cisca en la solidaridad internacional de las derechas y las izquierdas, en los discursos y en la mandanga. Aquí a la España en guerra, se asomó todo Cristo a ver qué podía mojar en la salsa, a fumarse nuestro tabaco y a quemarnos los muebles. Comprendo que fuéramos un espectáculo apasionante: sangre, vino, mujeres guapas, guerra, romanticismo, intereses estratégicos, barbarie ancestral. Pero que no me vengan con historias de hermandades solidarias. Yo he pasado veintiún años yendo a guerras que no eran mías, y sé de qué iba Hemingway. Por eso me cago en Hemingway y en la madre que lo parió - See more at: http://revista-utopia.blogspot.com.es/2011/04/la-guerra-que-todos-perdimos-arturo.html#.U6qk9X-4sq8.facebook