QUE EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA LOS ACOMPAÑE

lunes 6 de julio de 2009

PRESENTACIÓN DE DEL OTRO LADO, MI VIDA





Agradezco a todos los que fueron a la presentación de la novela el pasado viernes. Me alegro mucho del apoyo recibido. Quisera poner todas las fotos, pero sólo puedo dejarles una pequeña muestra y las palabras que pronuncié.




BUENAS NOCHES

Antes de comenzar, quiero agradecer a la Editorial de la Universidad Veracruzana por su nivel de organización en la edición y presentación de esta novela. A Nina, mi editora, que supo mantener la comunicación y el intercambio constante. Y, por supuesto, a Casa Lamm por su apoyo para que esta presentación haya sido posible. Alguien me sugirió que, una vez que hubiera dicho esto, podía darles las gracias por su presencia y despedirme, sin agregar nada más. No lo haré pero lo cierto es que después de oír las intervenciones que me precedieron no tengo mucho que añadir acerca de la novela. Creo que me voy a centrar en contarles, brevemente, de mi filiación a la literatura negro-policial o negro-criminal, porque de las dos formas se le conoce en la actualidad.

Hace algunos años –no voy a decir cuántos, sólo que en aquella época tenía apenas 14- gané mi primer premio, con un cuento policiaco, en el concurso Aniversario del Triunfo de la Revolución, del Ministerio del Interior en Cuba. Recuerdo que un miembro del jurado me comentó que causó mucha gracia que alguien de mi edad se atreviera a concursar en un certamen como ése. Debo aclarar que, en esos momentos y durante mucho tiempo, el concurso fue el impulsor de toda la literatura policíaca que se escribía en el país. Cuba, un país de lectores, siente predilección por el género de los robos y asesinatos. Lo cierto es que aquella primera obra larga –casi una noveleta- fue un reto literario en todos los sentidos; un texto de contrespionaje –muy influido por el serial “En silencio ha tenido que ser”- y dónde mis personajes eran adolescentes que trabajaban para la Seguridad del Estado en defensa de la Revolución . Recuerdo que en las clases de Español y Literatura, en la secundaria, me dedicaba a escribir mientras mis compañeros, ansiosos, esperaban un adelanto. Ellos fueron mis personajes inspiradores y los primeros lectores fanáticos que conocí en mi vida. Después, ya en el pre, me pusieron el sobrenombre de Agatha para cubanizarlo, chotearlo casi de inmediato, por La Gata Triste. Pero dentro del relajo del cual no nos podemos sustraer en la Isla, había un apoyo que jamás me ha faltado. Estos fueron mis comienzos en el género, del cual me separé poco después y durante mucho tiempo, imbuida en los estudios y en la búsqueda de mi propio estilo. Escribí muchos textos a partir de mi entrada en la Universidad, más rebuscados en el lenguaje. Descubrí el ensayo y me hice adicta al género. Cuando salí de Cuba, en 1997, comencé a organizar Del otro lado, mi vida, que cuando aquello tenía otro nombre. Cuando, en el 2006, obtuve dos premios en España con cuentos policíacos, comprendí que estaba de vuelta. Y decidí, entonces, hacer algo diferente en el género y por el género.

Pertenezco a una generación de escritores que se formó en los talleres literarios en la década del 90. La mayoría de los talleristas con los que compartí forman parte de una importante pléyade de autores que comenzaron a ganar muchos de los premios nacionales a partir de esa década. La gran mayoría no escribía literatura policíaca, porque Cuba es un país de poetas. Como bien dijera José Lezama Lima. “Nuestra Isla comienza su historia dentro de la poesía”. Esta tradición se ha mantenido a lo largo del tiempo junto a otra premisa ineludible: la cubanidad, la presencia de Cuba, en toda la obra de los autores, se escriba dónde se escriba y sea del género que sea. Formas de hablar, problemas sociales, culinaria, religiones, música, historia, son elementos que la literatura cubana ha reflejado a lo largo de los siglos como signo distintivo de una tradición que no se olvida.

Del otro lado, mi vida es una novela cubana que responde a muchas de mis concepciones de cómo debe ser la narrativa negro-policíaca actual. Desgraciadamente, todavía muchos críticos y lectores piensan que el género pertenece a la baja literatura, a lectores sin bagaje cultural. Literatura de masas para iletrados y gente sin estudios, incapaces de leer a la alta cultura. Estas poses que subvaloran el papel del género y lo colocan en un sitio peyorativo ignoran que Literatura la hay buena y mala dentro de cualquier tema, género, tiempo y lugar. Y es lo que trato de demostrar en esta novela, con elementos de la posmodernidad aplicados al género, como la fusión de la novela histórica con la policíaca clásica, la ruptura del hilo conductor, la inclusión del texto ensayístico breve dentro de la trama. Junto a todos estos elementos formales sobrevive una historia de amor, locura y muerte –parafraseando a Quiroga- en la cual un asesino en serie será el azote de las jineteras mulatas de ojos verdes en La Habana de fines del siglo XX , amparado en una leyenda del siglo XVIII. Y es, además, una novela autobiográfica –no porque haya conocido al fantasma, conste-, largamente elaborada, que ha sufrido transformaciones hasta llegar al texto que hoy pongo en sus manos.

El género negro-policial, a nivel mundial, ha tomado auge en los últimos años. La violencia generada en todos los países obliga a la literatura a tomar cartas en el asunto. Y aunque la realidad diaria supera cualquier ficción, el género avanza por un camino saludable. Los escritores de América Latina tienen un doble reto en este sentido. Dice Ampuero en su novela El caso Neruda que Holmes, Poirot, Maigret, no sabrían qué hacer en nuestros países: a la primera, les robarían la cartera en el metro o los secuestrarían en un taxi. Porque nuestra realidad difiere de sus casos magistrales y ya clásicos, por lo que necesitamos detectives diferentes, nuestros: un Mario Conde que se dedica a la venta de libros o un Héctor Beloascoarán que recorre el D.F en sus bajos fondos, por sólo citar dos de los más conocidos. Hombres que no son perfectos, llenos de problemas existenciales, capaces de ser seres de carne y hueso; borrachos, mujeriegos, detractores, cómplices pero, fundamentalmente, gente que lucha contra el crimen dentro de una sociedad negra sin valores y sin escrúpulos. Esta literatura negra-policíaca es, actualmente, el más fiel reflejo de los problemas sociales del continente.

No los voy a cansar con un tema harto apasionante, del cual podríamos discutir durante horas. Del otro lado, mi vida, responde a una larga tradición del género en Cuba, con los temas nuevos que la sociedad vive y con la inclusión de una serie de elementos que representan a la posmodernidad. Los invito a leerla y a que saquen sus propias conclusiones. Eso sí: si les tienen miedo a los fantasmas, jamás visiten El Morro de La Habana.

MUCHAS GRACIAS

domingo 28 de junio de 2009

MI GENERACIÓN BAILÓ CON MICHAEL

Por extrañas razones que nunca entendimos, algunos cantantes en Cuba estuvieron prohibidos por tonterías – como es el caso de Roberto Carlos- y a otros nos permitían oírlos sin ningún problema. Gracias a estas leyes aleatorias, Bee Gees, Queen, Kool and the gang y Michael Jackson adornaron mi adolescencia sin tener que escucharlos en las fiestas a volumen bajo y después de medianoche –como sí sucedía con el brasileño acusado de cantar en Viña del Mar poco después del golpe militar a Allende.

El fenómeno Michael alcanzó visos de adoración fanática en mi generación. Jamás olvidaré aquel “ Alexei, ven acá, se me cae la trusa” con el que cubanizábamos la popular canción Shake your body, con el puntillazo de Carlos Otero imitándolo en el programa “Para bailar”. Todos queríamos bailar como el Michael , aquel negro mágico permitido por la censura cubana. No era un capitalista-fascista, como Kiss. Y mientras tirábamos huevos en los mítines repudio de la década de los 80 gritando pin, pom, fuera, abajo la gusanera –gusanera que se iba a los Estados Unidos, a seguir bailando con la música del Michael-, mientras se depuraba ideológicamente toda una generación del hombre nuevo comunista y se admitía en la Universidad sólo a los revolucionarios, los adolescentes cubanos de los ochenta bailábamos, cantábamos e imitábamos al Michael al son de se me cae la trusa.

lunes 22 de junio de 2009

REVISTA AEDA EN LÍNEA


Hace dos años surgió la idea de publicar una revista que reflejara las inquietudes de un grupo de estudiantes de Licenciatura en Creación Literaria, a la vez que aunara esfuerzos e ideas de diferentes lugares del mundo. De esta manera surgió el proyecto de Aeda, que hoy materializamos en línea sin renunciar al sueño de hacerla en papel.

En su número cero, que quedó como de colección, expandida entre amigos y colaboradores, afirmábamos:

"Aeda, revista de Arte y Literatura, surge bajo la inquietud de un grupo de estudiantes de la Licenciatura en Creación Literaria, quienes pretenden afrontar el proceso cultural más allá de los salones de clases. No es el simple deseo de ver sus obras publicadas en papel lo que une a este conjunto de escritores sino la necesidad de armar un proyecto de revista que represente las preocupaciones genuinas que, en torno al Arte, existen...

Aeda no es una revista dirigida a una élite cultural. En sus páginas encontrarán cabida escritores, ensayistas, museólogos, pintores, críticos. Queremos ser leídos por la mayor cantidad de público, conocedores o no de los temas, porque es nuestro objetivo fundamental contribuir a la lectura de obras de nivel en México y poner nuestro granito de arena en la elevación del nivel cultural del país.

Los aedos eran cantores épicos de la Antigua Grecia. Estos poetas eran, por supuesto, hombres, pues el papel de la mujer en las sociedades antiguas quedaba relegado a las labores domésticas. Al transformar al aedo clásico en la aeda moderna, pretendemos rendir homenaje al acto primigenio de la creación humana, a la semilla de la vida que es el género femenino. No pretendemos posiciones sexistas con el nombre, ni siquiera nos erigimos como una revista feminista. Somos aedas. Observamos y transmitimos los sentimientos del hombre moderno. Elaboramos belleza con las palabras. Despojamos al ser humano de su desolación y les abrimos las puertas del Arte como redención a sus problemas terrenales. Somos la otra simiente: la de la creación artística".

Los invito a acercarse a nuestro número uno. Habrá un link permanente en este blog a la revista. Nos interesa mucho tu opinión, así que, si puedes, déjanos un correo en la dirección de opiniones.

http://revistaaeda.com/

viernes 12 de junio de 2009

PRESENTACIÓN DE LA NOVELA DEL OTRO LADO, MI VIDA


Tengo el gusto de invitarlos cordialmente al lanzamiento de la novela, Premio Sergio Galindo 2008. Les paso los datos:


Presentación del libro Del otro lado, mi vida el viernes 3 de julio a las 19:00 horas en Casa Lamm: Álvaro Obregón 99 entre Orizaba y Córdoba. Colonia Roma
Comentarán: Odette Alonso, José Luis Martínez y la autora. Moderador: Agustín del Moral.

Los espero, no dejen de ir.

lunes 1 de junio de 2009

DEL OTRO LADO MI VIDA


De más está decirles que exploto de alegría. Y aunque no es mi primer libro -le anteceden, en orden cronológico, Los contextos en Paradiso ( ensayo), El ojo de la noche: nuevas cuentistas cubanas ( compilación de cuentos, donde sale "Espiral") y Entre los poros y las estrellas ( libro también de cuentos, en el que publico Sinfonía en 16 menor) es Del otro lado, mi vida mi primera novela y, también, lo que primero publico fuera de Cuba.

Es sólo una probadita de la carátula del libro. El lanzamiento debe ser a principios de julio, los mantendré informados.

domingo 10 de mayo de 2009

LA CUBANÍSIMA FRITA

FRITAS.
POR: CIRO BIANCHI ROSS


Entre todas las comidas rápidas, la frita tuvo preeminencia en La Habana antes de 1959. Más que los bollitos de carita y las majúas de los puestos de chinos, los perros calientes, entonces llamados hot dog, los chicharrones de viento y de pellejo, los emparedados y los tamales, la humildísima frita fue la reina de la gastronomía popular. Ocupaba un primer sitial que solo le disputaba el café con leche. Una de aquellas bolitas de carne bien condimentada, colocada entre dos tapas de pan untadas con mostaza y catsup y con la provisión correspondiente de malanga o boniato frito cortados a la juliana, satisfacía el apetito y daba energía para lo que vendría después, más si se acompañaba de un refresco o un guarapo o se reforzaba con una copita de ostiones. Fue el mejor de los inventos para matar el hambre. Un sostén de pobres que terminó imponiéndose entre otras capas de la sociedad, así como en su momento el tasajo y el bacalao, comida de esclavos, invadieron y terminaron por adueñarse de la mesa de los amos.
Se dice que es la versión nacional de la hamburguesa norteamericana, lo que no parece cierto, pues la frita se había extendido antes que esa modalidad de carne picada venida de fuera arraigara entre nosotros. Fernando Ortiz incluyó el vocablo en su Nuevo Catauro de Cubanismos, y ya en 1926 Jorge Mañach dedicaba a la frita una de sus estampas de San Cristóbal. Estaba en consonancia con el gusto del cubano por lo frito, una de las constantes del paladar criollo. Las vidrieras donde se expendían, hechas de madera (o aluminio) y cristal y con un fogón de gas o luz brillante, daban imagen peculiar a La Habana y le aportaban uno de sus olores característicos, el olor de las frituras, que rivalizaba con el del aroma dulzón del coñac en las bodegas y el del perfume barato de la tardes.
Instituciones inconmovibles
El puesto de fritas era una de las instituciones inconmovibles del barrio, como lo fueron la bodega, el café y el puesto de chinos y, en otro orden, la quincalla. El bodeguero (también el quincallero) sabía muy bien cómo satisfacer a su clientela sin necesidad de recurrir a estudios de mercado. Los chinos eran famosos por sus helados de fruta y su gama de alimentos ligeros cuyo origen todavía se desconoce, pues no eran chinos ni cubanos ni tampoco parecían proceder de San Francisco de California, por donde pasaba toda la comida china que se conocía en Cuba. Con lo que ellos expendían la gente no se alimentaba, pero se llenaba. Y todo por unos pocos centavos. De ahí que, tanto a los puestos de frita como a los de chinos, se les llamara «casas de socorro». La cosa, sin embargo, se ponía mala cuando no se ganaba ni para la frita, palabra que aquí, como vulgarismo, identificaba a la comida.
El lunchero era otra cosa; tenía su categoría. Era casi un artista que, con gracia, movía sus cuchillos en el aire para coger el ritmo y colocar sobre una tapa de pan el pedazo de pierna de cerdo, las lonjas de queso, el jamón planchado, el pepinillo encurtido... antes de enviar el emparedado a la plancha, de donde salía tostado y crujiente. Los batidos tenían su magia. El cliente apuraba los primeros sorbos pues sabía que en el recipiente de la batidora quedaba siempre un residuo con el que el dependiente del café volvería a rebosarle el vaso.
Existía en La Habana la costumbre de no encender el fogón los domingos por la noche. Se comía frío ese día: una media noche o una frita, unas galletas y el inexcusable café con leche. Cuando John Niewhof, de la West Indies, inventó esa mezcla en Brasil, por lo que se le erigió un monumento en Pernambuco, no pudo imaginar cómo y hasta qué punto se enraizaría en nuestra capital, al extremo que al reparar en ella los que venían del interior concluían que los habaneros eran unos muertos de hambre.
Se dice que el mejor café con leche de La Habana era el del café Las Villas, en Galiano y Laguna. El mejor sándwich, el del café OK, en Zanja y Belascoaín, en tanto que un emparedado como el Elena Ruz, que combina, y de qué manera, el pavo asado con la mermelada de fresa, era exclusivo de El Carmelo, el mejor grill-room capitalino de los 50. Los mejores ostiones, los de Infanta y San Lázaro. Mariscos, los del Puerto de Sagua, en la calle Egido. Para sopa china, el Mercado Único... Revivía a un muerto.
¿Y las fritas? ¿Dónde se comían las fritas más deliciosas de La Habana?
La frita se aristocratiza
Propietarios ilustres de vidrieras de fritas hubo varios en La Habana. Frente al restaurante Kasalta, a la entrada de Miramar, la tuvo el periodista Carlos Lechuga. El entonces joven dirigente ortodoxo Max Lesnik llegó a tener seis, una de estas en la estratégica esquina de 23 y 12, en el Vedado. Pero su aventura capitalista terminó abruptamente. Un día lo detuvo la policía batistiana, pasó la noche en el vivac del Castillo del Príncipe y al quedar en libertad sus puestos ya no existían. La policía había dado cuenta de ellos.
No hay dudas de que el gran fritero fue Sebastián Carro Seijido. Aristocratizó la frita. Empleó solo los mejores productos. Enseñó a sus empleados a trabajar con limpieza y, sobre todo, les exigió que, en su trato con los clientes, dieran muestras de una cortesía exquisita, y se empeñó en ganarse a la clientela femenina porque era esta la que arrastraba a los niños y a toda la familia. Tanto prosperó Sebastián Carro que a fines de los años 50 se daba el lujo de anunciarse en el exclusivo Libro de Oro de la Sociedad Habanera.
¿Quién fue Sebastián? Hoy, muchos años después de su fallecimiento, nos resultó fácil seguirle los pasos gracias a la colaboración de Juan Pablo Fernández Bravo, hombre de memoria prodigiosa pese a sus 82 años y a quien todos, en el reparto Santa Amalia, conocen por Panchito. Trabajó hasta su jubilación como capitán de los restaurantes del Hotel Riviera, pero antes, y luego de ejercer como dependiente en el café Hijas de Galicia, cercano a la clínica de ese nombre, y en el restaurante El Escorial, casa de comidas españolas de Marina y San Lázaro, fue socio industrial de Sebastián, es decir, alguien que se incorpora a un negocio y comparte sus ganancias, pero que no aporta capital; solo su trabajo.
Secretos
Hay varios modos de elaborar la frita. Nitza Villapol recomendaba el empleo del huevo batido en su composición. En las de Max Lesnik, al igual que en las de Sebastián, se excluía el huevo. Max empleaba migas de pan mojadas en leche para dar consistencia a la masa, que en su fórmula era de una proporción de tres partes de carne de res y una de cerdo. Sebastián aglutinaba con harina su conjunto, que se elaboraba con carne de res de primera y masa de cerdo limpia en iguales cantidades. En todos los casos resultaba importante el empleo del pimentón español, que daba a las fritas un sabor característico. En las fritas, Sebastián utilizaba pan de acemita, y para los panes con bistec que también ofertaba empleaba el pan de flauta hecho con manteca de cerdo que expendía la panadería La Francesa, en Águila entre Reina y Dragones. Eran bistecs de cañada que pasaban por una maquinita que los porcionaba sin partirlos, para facilidad del cliente.
Porque Sebastián no solo ofertó la cubanísima frita en sus establecimientos. También el bistec y la costilla de cerdo. La empanada de bonito. El pan con tortilla, que se preparaba solo con huevos criollos. El perro caliente. Y los batidos, elaborados invariablemente con la leche de la vaquería Las Níveas, propiedad de Carlos Lechuga. En el hot dog y en la frita estaba el fuerte de Sebastián. De ahí que el lema de su negocio fuera «Fritas deliciosas. Exquisitos hot dog».
Algo importante precisa Panchito. En aquellos establecimientos nunca se utilizó el pan de un día para otro; era siempre fresco. Hace nuestro interlocutor otra precisión significativa. Sebastián sustituía la papa por boniato. Se cortaba a la juliana, se pasaba por una máquina que le daba consistencia de fideo y se freía. Se colocaba después, junto con la frita, entre las dos tapas de pan. En las fritas de Max Lesnik no se utilizaba la papa y tampoco el boniato, sino la malanga.
Fritas de Marianao
Muy célebres fueron las llamadas fritas de Marianao, hileras de timbiriches que se alineaban delante de los cabarets de tercera y cuarta categoría abiertos en la Quinta Avenida, frente al parque de diversiones. Aunque terminaron dándole nombre al lugar, las fritas son lo menos memorable del asunto. Sí, se trata de aquellos centros nocturnos modestísimos, que tanto contribuyeron al desarrollo y la difusión de la música cubana, en particular el son y la rumba. Lugares que, por su atmósfera de delirio, deslumbraron en su momento a García Lorca, Agustín Lara, Errol Flynn, Cab Calloway, Gary Cooper, María Félix, Marlon Brando...
Hoy la frita ha desaparecido del panorama capitalino. Se la tragó la hamburguesa. Pugna, sin embargo, por reaparecer. De hecho, resurgió ya en la cafetería del Puerto de Sagua, en la calle Egido. Ojalá cobre vida de nuevo. Por sabrosa. Por nutritiva. Por cubana.

TOMADO DE: http://www.juventudrebelde.cu/lectura/2008-08-03/fritas/

SÓLO DIOS, COMPAY

El nombre de Martín Valverde no dice nada en Cuba, a no ser en los círculos cristianos que ha frecuentado. Es posible que si decimos sólo el apellido, la gente lo confunda –al menos en México- con Jesús Malverde, el famoso santo de los narcos. Pero Valverde ( Costa Rica, 1963) es conocido en muchas partes del mundo porque es un cantautor de música Cristiana Católica Contemporánea. Los padres salesianos, en Costa Rica, fueron quienes le infundieron su amor y visión por los jóvenes, por la Iglesia, por la Virgen María y por la música. En ese entonces, su padrino, el padre Jorge Miranda, le pidió dirigir un grupo musical salesiano en Costa Rica y poco después fundó un coro parroquial.

Mexicano por naturalización, la labor de Valverde se extiende a varios países. En octubre de 1998 fundó y fue nombrado primer Coordinador de la Red Magnificat, Asociación Americana de Músicos, Productores y Promotores musicales católicos. Esta organización reúne a más de 20 organizaciones musicales católicas de Estados Unidos, México, Cuba, Centroamérica, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, Argentina, Chile y Brasil. Ha realizado más de 25 producciones musicales en audio (español, inglés, portugués e italiano), 2 en video y 2 libros de formación para músicos (español, portugués e italiano).

Cuba no escapa al influjo de la música de Valverde. Por desgracia, no es muy conocido en la Isla pero sus canciones corren de mano en mano. En una entrevista que le realizaron en Holguín, en el 2007, dijo: “Si el Evangelio es sinónimo de dignidad, en Cuba eso es regla de oro”.

En estos momentos en que Cuba necesita y agradece todas las manos tendidas, la voz y la palabra de Valverde son una muestra de amistad. Creo que el video lo dice todo.

Las palabras de la entrevista fueron tomadas de:
ACONTECER
Servicio Informativo de la Comisión de Medios de Comunicaciones de la Diócesis de Holguín
Nosotros Hoy - Segmento noticioso del Sitio WEB de la COCC
Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. 2007