QUE EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA LOS ACOMPAÑE.

viernes, 1 de julio de 2011

EL TÁBANO, ¿LIBRO OLVIDADO?


Entre las lecturas de mi casi niñez- debía yo tener unos trece años la primera vez que lo leí- se encontraba El Tábano, obra de Ethel L. Voynich (1864-1960). Llena de un romanticismo revolucionario muy difícil de encontrar en la literatura europea del siglo XIX –ya los héroes románticos latinoamericanos se encargarían de asumir todos los ideales libertarios en un continente que luchaba por su emancipación-, la historia apasionante –y apasionada- aventurera, anticlerical y trágica del joven Arturo llevará al lector de la mano por los senderos oscuros de la venganza y el dolor del amor no correspondido. Arturo será traicionado por sus amigos, su confesor, el cura que siempre admiró –y que, paradójicamente, es su padre prohibido- y en su pecho anidará un odio sin panaceas hacia la Iglesia y la religión. De católico ferviente, su alma transitará por el infierno del odio para transformarse en el ateo radical que no perdonará las flaquezas humanas a una Humanidad que lo condenó al odio, el cinismo y el sarcasmo.
El Tábano es un hombre que ha perdido la confianza en el prójimo y se esconde tras una supuesta máscara de frialdad que oculta su gran amor: el cardenal Martinelli, su padre biológico. Esta dicotomía amor-odio lo hace padecer más que sus propios dolores físicos. Convertido por los hombres en un adefesio, marcado por las burlas y los golpes, Arturo lucha de forma casi paranoica por el único ideal que le queda en su vida: el amor a la patria ocupada por el extranjero. Como antaño Edmundo Dantés, Aturo quiere venganza. Y la busca, tratando de destruir al impecable, casi santo Martinelli. “ Creía en usted, como creía en Dios. Dios es una cosa hecha de barro que yo puedo deshacer con un martillo; y usted me ha engañado con una mentira”
Arturo no puede perdonar porque su odio es más fuerte que cualquier sentimiento de condescendencia. Y como todo héroe romántico, deberá morir. Pero el sacrifico lo decidirá su propio padre, que lo llevará al pelotón de fusilamiento como antes lo llevó a una fuga suicida.
No es esta una novela que suele nombrarse en los círculos universitarios. No es considerada un clásico de la literatura. Para muchos, el nombre de la autora irlandesa es totalmente desconocido. ¿Cuál podría ser, entonces, su gran logro? ¿Por qué dedico estas páginas a una obra menor?
El estilo de El Tábano es sencillo: historial lineal, descripciones plagadas de imágenes románticas clásicas, diálogos extensos y detallados. No hay originalidad estética. El Tábano es una especie de Conde de Montecristo, sólo que muy romántico y revolucionario y sin la suerte del primero. Su vida está marcada por la venganza, a tal punto que en ocasiones opaca su labor revolucionaria. La novela cabalga entre el romanticismo más genuino, con vestigios de naturalismo y pinceladas de lo que se llamó Realismo Socialista –ya para esas fechas Máximo Gorki había escrito muchas de sus obras. Es, evidentemente, un texto de transición entre dos siglos, donde se fusionan varios períodos literarios. Profanamente anticlerical y radicalmente apasionada, El Tábano nos puede despertar pavor, lástima, admiración, horror, condescendencia: mezcla de sentimientos sobre la crueldad humana, los ideales que se desmoronan –el creyente que es burlado por su propia religión- o los que nacen con fuerza en el duro bregar –el ansia de independencia. Porque ese hombre sin juventud, sin amor, perseguido por los fantasmas de sus penares, es también un hombre del siglo XXI. A la niña de 13 años, el Tábano le parecía un héroe de leyenda que moría por sus ideales. A la mujer de hoy, 32 años después, el Tábano le despierta una conmiseración sin límites.
“Padre, ¡este Dios suyo es un impostor; sus heridas son falsas heridas, su dolor es una farsa!... ¡Si pudiera, por lo menos, saber lo que ha sido mi vida! ¡Y no obstante, no me he muerto! Lo he resistido todo, y he llenado mi alma de paciencia, porque yo volvería y lucharía con ese Dios suyo. He mantenido este propósito como una coraza junto a mi corazón y eso me ha salvado de la locura y de la segunda muerte. Y ahora, cuando vuelvo, lo encuentro todavía en mi lugar… ¡esa flasa víctima que fue crucificada durante seis horas, ciertamente, y se levantó de nuevo entre los muertos! Padre, he sido crucificado durante cinco años, y también he surgido entre los muertos. ¿Qué va usted a hacer conmigo?"

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es sin duda alguna uno de los mejores libros que he leído, al igual que Así se templó el acero de Nikolai O.

oliva hdez. dijo...

Es el mejor libro que he leído ya lo he leido 2 veces.