QUE EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA LOS ACOMPAÑE.

viernes, 17 de agosto de 2012

CUMPLO UN AÑITO


Cumplo un añito y todavía no me queda claro si el tiempo se mide por la cantidad de biberones que tomo, las veces que me bañan y los pañales que uso. Parece que no es importante porque el tiempo es sólo eso: tiempo. Para mi mamá, el tiempo de espera por mí fue muy largo pero llegué justo en el momento en que su vida estaba ya encaminada. Para mi papá, el tiempo es corto porque quiere estar siempre conmigo. Para ellos, el tiempo ahora es genial porque existo yo en sus  instantes, el pequeño milagro de vida, como me susurra mi mamá. La  valiente sobreviviente de una noche de oscuridad y frío.
Ya sé que mis padres enloquecen y me hacen fiestas y regalos. Ellos están felices y yo todavía no sé cómo decirles lo mismo. Dicen los que me ven que expreso pura  alegría en mi cara, sonrisas, gestos, balbuceos. Sé que vendrán muchos cumpleaños más, muchos libros, viajes y juegos de ajedrez porque con estos dos loquitos que el destino me ha deparado como progenitores mi vida no será nada aburrida. Agradezco infinitamente haber ido a Cuba, conocido a mis abuelitos que se desviven por mí y a todos los amigos de mi mamá que me recibieron con los brazos abiertos. Agradezco que con apenas un año haya podido conocer el hermoso mar cubano, al que regresaré muchas veces y las calles desvencijadas de la ciudad de mis padres. ¿Podré, algún día, devolverles tanto cariño incondicional a todos los que me aman por el simple hecho de respirar?
Soy pura vida y empiezo mis pasos. Que se prepare el mundo, porque Elena está al ataque.

domingo, 12 de agosto de 2012

MÁS DE CONFESIONES


DOS FRONTERAS PARA EL POLICIAL CUBANO.


Jorge Enrique Lage
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'Si vamos a narrar en serio, la Seguridad del Estado debe entrar necesariamente en la ficción policial.'
En el texto que sirve de introducción a la antología Confesiones (Nuevos cuentos policiales cubanos), Lorenzo Lunar y Rebeca Murga afirman que desde finales de los 80 el relato de este género se sumó al destape de temas como el jineterismo, la homosexualidad, el éxodo, el submundo marginal, etcétera.
El realismo de la llamada novísima narrativa tuvo siempre un costado policial más o menos implícito. Todo estaba en explorarlo. Pero a partir de ahí, en el contexto de "eso que vino después del Período Especial" —como diría Juan de los Muertos—, ¿podemos hablar de renovación de formas y contenidos en el género? ¿Se puede hablar de un nuevo policial cubano?
El presente volumen —que reúne a Anisley Negrín, Félix Sánchez, Nelton Pérez, Ernesto Peña, Ángel Santiesteban, Yamilet García Zamora, entre otros— lanza estas preguntas a los lectores y sugiere algunas coordenadas: es, digamos, una antología exploratoria, preliminar.
Sean cuales sean las respuestas, lo cierto es que parece haber un feliz consenso, que Lunar & Murga suscriben, sobre lo lejos que se encuentra la actual narrativa policial respecto a los cánones perversos de los 70. Aquella "estética rígida y de tendencias extremistas", dicen los antologadores. Aquel relato maniqueo, por todos conocido, donde el policía y el delincuente eran caricaturas ideológicas.
Conviene entonces reflexionar sobre ese alejamiento. El camino emprendido por el género en Cuba, desde los 70 hasta la fecha, nos está mostrando hoy un par de límites, dos puntos de inflexión que el verdadero narrador policial debería mirar de frente. (Lo más fácil, también lo más común, es mirar para otro lado.)
El primero tiene que ver con la figura del detective. Armando Cristóbal Pérez, en un artículo titulado "El género policial y la lucha de clases: un reto para los escritores revolucionarios", publicado en Bohemia en 1973, señala que en Cuba es inconcebible la existencia del detective privado. El individualismo y las relaciones mercantiles que rodean a este personaje no son compatibles con nuestra sociedad.
En su lugar, Cristóbal Pérez destaca a otro agente en la lucha contra la delincuencia: el pueblo, que "colabora con la policía sin ambigüedad alguna, porque con ello apoya su propia clase en el poder político: el Estado socialista". Lo que Lunar & Murga llaman "el dogma del héroe colectivo", instaurado como marca de calidad obligatoria. Como respuesta a este dogma, aparecerá más tarde el héroe individual dentro de la trama.
El punto de giro lo va a encarnar, desde luego, el Mario Conde de Leonardo Padura. El investigador se aparta del modelo del policía perfecto; es más bien un antihéroe, un eslabón en una cadena de conflictos sociales que lo superan.
Sin embargo, lo más significativo no es la aparición de Mario Conde, sino el hecho de que, al final de la tetralogía Las cuatro estaciones, Mario Conde abandona la policía. Algo queda como en suspenso, algo deben leer ahí los policiales cubanos. Que yo sepa, todavía no se ha llevado ese gesto hasta sus últimas consecuencias.
¿Es concebible, en el marco de una novela realista —y no en los 70 sino en los años que corren— la labor del detective fuera del ámbito de la Policía Nacional Revolucionaria?
Lunar & Murga mencionan en su prólogo al "investigador por cuenta propia" como una de las figuras del nuevo policial cubano. Valdría la pena detenerse un poco ahí.
¿Cuál sería el pasado de ese personaje? ¿Cuáles sus motivaciones? ¿De qué medios técnicos dispone, y cómo los ha obtenido? ¿Cuál es su posición ante la ley? ¿Cómo son su economía y sus vínculos sociales? ¿Qué tipo de casos investiga? ¿Quién lo contrata y por qué? ¿Por qué acudir a él en lugar de la policía?
En su argumentación, remontándose hasta Sherlock Holmes, Armando Cristóbal Pérez recordaba que los detectives privados por lo general hacen quedar mal a los órganos estatales, evidenciando su torpeza y sus limitaciones. Y en el caso de que sea un inspector o comisario quien encarne el modelo de investigador solitario y excepcional, a la larga éste tendrá problemas con sus superiores. (Un Mario Conde debe abandonar la policía más tarde o más temprano.)
Habría entonces que perfilar mejor a ese detective que investiga lo que la PNR no quiere o no puede o no sabe o no le conviene investigar. El detective como aliado de la PNR y al mismo tiempo como su crítica. El detective que empieza cuando la PNR ya terminó. El detective que no recibe órdenes, por lo que puede investigar incluso a quienes dan las órdenes.
Tengo la hipótesis de que este personaje, en la Cuba del presente y del futuro cercano, de una u otra manera va a pisar el terreno de la Seguridad del Estado. Si vamos a narrar en serio, la Seguridad del Estado debe entrar necesariamente en la ficción policial.
El segundo punto, estrechamente relacionado con lo anterior, tiene que ver con la actividad delictiva. Volvamos a 1973, al corazón del Quinquenio Gris. Armando Cristóbal brindaba en su artículo algunas interesantes observaciones sobre el delito:
"...en la sociedad socialista la delincuencia común se enfrenta al Estado revolucionario, al pueblo en el poder. Y el delito contrarrevolucionario apunta directamente a la destrucción del Estado de nuevo tipo. De ahí que la delincuencia de una y otra actividad coinciden, de una u otra manera, en la obtención de iguales objetivos a corto o largo plazo. De ahí que ambas actividades se entrelacen como nunca antes lo hicieran. Y en la práctica puede decirse que un delito común es también una manifestación contrarrevolucionaria."
Todo era más sencillo entonces. Cuarenta años después, actividad contrarrevolucionaria y delincuencia común son áreas mucho mejor delimitadas, y la práctica policial entrelaza la primera con la segunda, nunca al revés.
Por lo demás, parece como si no hubiera pasado el tiempo. Cristóbal Pérez define el delito político o contrarrevolucionario como una "actividad delictiva que proviene de potencias extranjeras", términos que nos resultan familiares hoy en día. Y en el relato maniqueo de los medios cubanos, el disidente/delincuente sigue siendo una caricatura del Mal, y el heroico pueblo apoya a los agentes que los combaten en defensa del socialismo.
Problematizar, perforar la frontera entre delito común y delito político y, una vez al otro lado, limpiar los últimos restos retóricos de los 70 en la escena literaria cubana (los 70 son también un silencio), poner frente a los lectores la compleja realidad y no una rígida propaganda (como empezaba a hacer el realismo en los primeros 90). Me parece que no hay mejor destino para el nuevo policial cubano.
La antología Confesiones... llega en buen momento. Más allá de los cuentos, tiene la virtud de incorporar el género mismo a la lectura y el debate. Un género que necesita sintonizar una vez más con las tensiones del presente; de lo contrario, por muy duras y noir que sean las historias, en el fondo estaremos escribiendo canciones de cuna y cuentos de hadas.


viernes, 6 de julio de 2012

CONFESIONES ANTE LA CRÍTICA

Carta a Lorenzo Lunar y a Rebeca Murga, por sus Confesiones
Laidi Fernández de Juan, 06 de abril de 2012
Queridos Rebeloren:

La necesaria antología que han hecho a cuatro manos, esas Confesiones que Unión (2011, con ilustración de cubierta de Rocío García Nuez, inmejorable para el tema), tuvo lista para la más reciente Feria Internacional del Libro 2012, despierta mucho interés, y me dirijo a ustedes, responsables no sólo de la selección de las dieciocho narraciones, porque cuentos vuestros son incluidos, y además, por si no bastara, aclaran muchos aspectos acerca del nuevo cuento policial cubano en la suerte de introducción llamada ¿La aguja en el pajar?, firmada por ambos.

Para los amantes del género policial, que somos más de lo que se piensa, resulta iluminadora la exposición de los rasgos distintivos que, según ustedes, posee el nuevo cuento policial cubano: la desacralización del héroe, la introducción de personajes novedosos en nuestra literatura, la exploración a diversos niveles de realidad, el uso de recursos lúdicos, la visión del otro y la libertad creativa.

Por la forma en que aparecen descritos estos rasgos, se facilita la comprensión histórica de este tipo de literatura en nuestro medio, a la vez que introduce al público lector en lo que ustedes llaman un "fenómeno literario independiente". Por su carácter movilizador, osado, y porque se basa en observaciones hechas por ustedes, cultores del género policial y negro en Cuba, este microensayo merece un análisis respetuoso y constituye un referente para estudiosos.

La Antología, como todo buen ejemplo de posibilidades temáticas y estilísticas, reúne narraciones que no están –es imposible que así sea– al mismo nivel desde todo punto de vista. Serán los destinatarios finales de toda obra artística quienes harán su propia selección dentro de la que ofrece el libro. Como pertenezco a ese público lector, y porque resulta imposible detallar a todos, me referiré a algunos de los cuentos que a mi juicio, sobresalen.

Por ejemplo: "La acera infinita", de Anisley Negrin, es una narración ejemplar. Ambientada en cualquier parte del mundo (detalle éste común a la mayoría de los cuentos; curiosamente, los sucesos no se ubican en ningún lugar específico), va girando la voz narradora a manera de una lógica catarata donde el mimetismo alcanza sesgos realmente admirables. El primer narrador se transforma hasta convertirse de forma sucesiva en varios caracteres diferentes, incluso en el sexo, y es, consecutivamente El asesino, La mujer elegante, El barrendero, El jefe, y por último La víctima. La tensión que mantiene Anisley en todo momento de la narración, convierte a La acera infinita en un cuento memorable.

Este mismo recurso de variar las voces narrativas utiliza Yamilet García Zamora en su "Sinfonía para un crimen", aunque a diferencia del anterior, en este cuento sí queda claramente establecida la geografía del lugar: Centro Habana, ciudadela Los Sitios. Quizás con alguna imprecisión (el asesino se cuida de no ser arañado pero más adelante muerde el cuello de su víctima) y con mucha más violencia verbal que el cuento "La acera infinita", "Sinfonía..." resulta un buen cuento.

También con ubicación precisa, y esta vez con abundante empleo del diálogo, "Itanam de las barcas", de Nelton Pérez, aborda el drama de la separación familiar cubana sin que pueda decirse que se trata de un cuento policial propiamente dicho. Más bien, a mi juicio, se inscribe dentro del género negro al tratar el asunto social con carácter denunciatorio aunque, en apariencia, la narración tenga visos de costumbrismo. Y de costumbres, –esta vez rurales –, trata el magnífico cuento de Mario Brito, "El viejo que se comía la suerte".

Echando mano al humor como recurso (¡qué bien, humor y crimen!), Brito ofrece, a la vez, una estampa donde la tensión, aunque solapada por las angustias de la mujer narradora, no pierde altura. Es un cuento atípico, que se agradece por su frescura, su limpieza y su irónica comicidad.

El cuento que da título a la Antología, "Confesiones", de Obdulio Fenelo Noda, es también de excelente factura. Utilizando el ambiente opresivo de un templo religioso y sus contornos inmediatos (de cualquier lugar), el autor nos introduce en el mundo conductual del asesino, de modo que participamos en el espejo de sus pensamientos. A pesar de que una parte del desenlace de la narración es predecible, porque hemos sido preparados(as) para ello, no queda ningún elemento al azar, nada sucede como apoyatura narrativa, y el autor logra redondear muy bien la historia.

"Una novela para Dostoievski", de María del Carmen Muzio, es el más tradicional de los cuentos seleccionados por ustedes en cuanto al acercamiento al tema policial, pero al mismo tiempo, es novedoso al incluir la figura del escritor (en este caso, escritora) necesitada de historias para contar, e insatisfecha con el resultado final. De soslayo, el drama personal se imbrica con los recursos que la protagonista se ve forzada a utilizar en aras de alcanzar su objetivo. La duda con la cual queda la escritora del cuento una vez finalizada la historia central, es transmitida al lector, que se queda (nos quedamos) tan inconformes como ella con la sentencia aplicada.

Por razones de cortesía, he dejado vuestros cuentos para el final de este comentario.

El tuyo, Lorenzo, ese "Es muy fácil conocido y admirado desde hace algún tiempo", mantiene su efectividad transgresora. Narrado desde la primera persona, en este caso con voz de un ser, –para decir lo menos: subnormal–, la trama devela una violencia intrínseca que se asume como natural en el medio en el cual se desenvuelven todos los personajes. Tan culpable es la figura principal como los malhechores que lo utilizan, para al final hacer recaer la responsabilidad en la sociedad que los ha abandonado.

Asimismo, Aquiles Rosales, el protagonista tuyo, Rebeca Murga, para "Con las manos limpias", comparte la condición de discapacitado mental del cuento anterior, aunque en este caso la tercera persona que narra mantiene mucha más frialdad, y la narración resulta francamente despiadada. Incluso más fuerte en su carácter negro-social porque engloba a policías como victimarios sórdidamente ocultos bajo sus disfraces.

Es este libro, sin dudas, un botón de muestra de hacia dónde se dirige nuestra literatura policial del momento. Más que eso, es el necesario exponente de que ustedes y muchos (y muchas) más se empecinan (por fortuna) en no dejar caer ímpetus en el empeño de mantener el cultivo del cuento policial, característico de Cuba. Felicidades a ambos,

Laidi Fernández de Juan,

Abirl, 2012.

miércoles, 20 de junio de 2012

VAMOS A CHOTEAR

Estaba Fidel Castro en la jungla y se encuentra a Tarzán. Fidel le dice:
- ¿Tú sabes hablar?
Tarzán no le contesta nada.
Después, Fidel dice:
- Yo Castro.
Y Tarzán responde:
- Yo no, dejarme.


Un codicioso estaba hablando con Dios y le pregunta:
- Dios, ¿Cuánto es para ti mil años?
Y Dios le contesta:
- Un segundo.
- ¿Y un millón de pesos?.
Y Dios le contesta:
- Un centavo.
Entonces el codicioso le dice:
- ¿Me das un un centavo?.
A lo que Dios le contesta:

- Espérate un segundo.

La profesora dice:
- Pablito venía para la escuela, pisó una cáscara de banana y se cayó y se quebró una pierna.¿Qué hay que aprender de esto, Pepito?
- ¡Que no hay que venir a la escuela!

- Doctor, ¿Ud. cree que podré vivir 40 años más?
- Depende.¿Ud parrandea con sus amigos?
- No, doctor.
- ¿Bebe?
- No, doctor.
- ¿Fuma?
- No, Doctor.
- ¿Tiene pareja?
- No, Doctor.
- ¿Sale con amigas de farra?
- No, Doctor.
- ¿Y para qué carajo quiere Ud. vivir 40 años más?



viernes, 8 de junio de 2012

EL LIBRO DE ELENA

Cuando les digo a los nuevos conocidos o amigos que tengo un libro de cuentos infantil, escrito hace ya muchos años, no me pueden creer, ¿Tú, que te la pasas asesinando?, me dicen. Pero es cierto: mi único libro de cuentos para niños, escrito ya hace más de 20 años. Me costó mucho trabajo y después de eso, no volví al género. Pero ahora está Elena: ella llegó y con su presencia, los balbuceos infantiles, las risas por las gracias inocentes que hace todos los días, el enseñarle monadas como Tira besos, Choca, Adiós, Un viejito… y con todo esto –preparar comidas, llevarla y traerla a la guardería, ver su cara la primera vez que la llevamos a la playa- me ha asaltado el deseo impostergable de escribir cuentecitos para niños: El libro de Elena. Ella habla ahí y se me aparece tal y como mis ojos la ven. Será un libro parsimonioso, que no saldrá a la luz pronto. Recogerá a la bebita, a la niña, las ocurrencias, los deseos, sueños, nostalgias, miedos. Como yo los veo ahora y como ella me los irá contando. No todos los cuentos aparecerán en La Morada pero cuando lean un texto de ese milagro de vida que se llama Elena sabrán que una vez más su mamá ha recogido el susurro de las musas para contarles de las andanzas de este pequeño y minúsculo ser que nos colma de dichas.

martes, 22 de mayo de 2012

MI PRIMERA VISITA A LA LIBRERÍA

El sábado mi mamá le dijo a mi papá: Vamos a llevar a la pasita a la librería. La pasita soy yo, pero sólo para mi mamá porque para mi papá soy La Conejita. Dice mi papá que cuando yo crezca voy a ser una Conejita y que por eso no puedo engordar porque las Conejitas tienen que ser flacas para que queden bien en las fotos y que con el dinero que gane voy a mantenerlos a ellos dos. Yo no lo entiendo porque los conejitos son animalitos gorditos y peludos y no sé cómo voy a convertirme en uno de ellos cuando crezca… tampoco sé qué trabajo tan bueno tienen estos peluditos que pueden mantener a familias completas. En fin, lo guardo en mi baúl de incomprensiones para cuando sea más grande. La librería es un lugar grande lleno de eso que llaman libros y que mi mamá no me deja tocar en la casa. Dice mi mamá que en la librería ella pierde la cabeza pero por más que la vigilé no vi cuándo pasaba eso. ¿Será que las personas mayores se quitan la cabeza en la librería y la guardan en un cajón, para no perderla? Eso me dio miedo porque, ¿y si después no encuentra la llave? ¿qué va a hacer mi mamá sin cabeza? Me preocupa mucho porque nadie me cantará entonces… es que mi papá es muy desafinado y no se sabe ninguna letra. Por el momento, si mi mamá perdió la cabeza en la librería, parece que la volvió a encontrar porque la tiene puesta. Me gustó la librería porque hay libros-mamá y libros-Elenita. Los libros-mamá no se tocan porque mamá se enoja pero los libros-Elenita se pueden morder, babear, jalar y no pasa nada. Mamá me dio dos libros-Elenita y estoy muy contenta con ellos porque los puedo morder a mi antojo, sobre todo al pato que chilla y al pececito que tiene un espejo: los dos son muy chistositos. Me compraron también un libro-Elenita que parece libro-mamá porque sólo ella entiende las figuras extrañas que cuentan cuentos, así que por la noche ella me traduce las figuras-que-no-se-entienden mientras yo veo las figuras-Elenita-que-se-entienden. Y nos divertimos las dos. Ahora, ya tengo los inicios de mi biblioteca con libros que se pueden babosear y libros mamá-Elenita. Un niño, en la librería, le preguntó a mi mamá que si yo sabía leer y cuando mi mamá le dijo que no, que era sólo una bebé, el niño se enojó, ¿Qué hace entonces en una librería? Eso me puso furiosa, vaya niño tonto: hay libros para cada edad, incluso para bebitas como yo. Y me prometí aprender pronto eso que llaman “leer” para tener una librería bien grande para mí y que ningún tonto me venga a decir qué puedo o no leer.

lunes, 7 de mayo de 2012

MADRE HAY UNA SOLA

Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en madre. La naturaleza la ha dotado a mansalva del “instinto maternal” con la finalidad de preservar la especie. Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula, arrugada y chillona, sería arrojarla a la basura. Pero gracias al “instinto maternal” la mira embobada, la encuentra preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 21 años. Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada. Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantinela de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen leche. Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando la mandan callar o le cierran la puerta en las narices. Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega, hacerse la dormida para no fastidiar. Es temblar cuando el hijo aprende a conducir, anda en moto, se afeita, se enamora, se presenta a exámenes o le sacan las amígdalas. Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo. Es servir de niñera, maestra, chófer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno. Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan. Es decir, que “son cosas de la edad” cuando la mandan a paseo. Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año: el Día de la Madre. El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance a retribuirles parte de lo que han hecho. Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano. Por suerte hay una sola. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces… ISABEL ALLENDE