QUE EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA LOS ACOMPAÑE.

sábado, 9 de marzo de 2013

SANTO SANTO, COMANDANTE



 

Se avecina el embalsamamiento de Hugo Chávez, lo cual puede interpretarse como una forma de marketing a perennidad de una marca reconocible por el público; pero si el acto de “preparación” del cuerpo de Hugo Chávez se filmara y se expusiera de manera abierta no quedaría del chavismo piedra sobre piedra

 POR: Sebastián de la Nuez
La muerte avanza con su danza de huevos y, dondequiera hace pie, siembra un nido. Eso es lo que Tomás Eloy Martínez puso en boca de Ara, el embalsamador de Evita Duarte de Perón en su novela –con entresijos y fundamentos de realidad o, al menos, de verosimilitud− más acabada y mejor escrita, Santa Evita. Cuenta Ara, o sea, Martínez, que abrió la arteria femoral del cadáver «en la entrepierna, bajo el arco de Falopio, y entró a la vez en el ombligo en busca de los limos volcánicos que amenazaban el estómago. Sin esperar a que la sangre drenara por completo, inyectó un torrente de formaldehido, mientras el bisturí se abría paso entre los intersticios de los músculos».
El formaldehido es un compuesto químico muy volátil, altamente inflamable. Antiguamente se utilizaba una disolución del 35% en agua como desinfectante. En la actualidad se usa para la conservación de muestras biológicas y cadáveres frescos, generalmente en una dilución al 5% en agua.
Se trabaja con cadáveres frescos, ojo. Si la plana mayor del Gobierno quiere conservar al presidente Hugo Chávez embalsamado, debería darse prisa. Siempre será un trabajo artesanal emparentado con la disección y la necrofilia. Alguna parte insondable de Hugo Chávez Frías comprenderá que la eternidad está llena de maldades. Las torturas a su cuerpo serán avaladas, inevitablemente, por sus seres más cercanos, los mismos que lloran su pérdida durante estos días en la Academia Militar.
Los cadáveres parecen resignarse ante cualquier crueldad, aunque Tomás Eloy Martínez coloca el cuerpoaleve de Evita Perón en trance de rebelión al ser movido tan desconsideradamente de un lado a otro.
Nunca pueden descartarse consecuencias. Puede que los cadáveres se queden callados al ser sometidos a la inclemente manipulación del embalsamamiento, pero las fuerzas misteriosas en algún punto entre el cielo y la tierra tomarán cartas en el asunto. Al menos, eso cuentan las leyendas en diferentes épocas, en distintas mitologías. El tiempo es aliado, quizás, de esas fuerzas. Las casualidades harto perversas del destino, su coartada. Recientemente se profanó la tumba del Libertador, y nunca fueron suficientemente explicados ni las razones ni los resultados de tan inoportuno jurungamiento. Cosas hechas de manera arbitraria en el más acá de algún modo son vengadas o resarcidas en el más allá, o desde el más allá.
Por ahora lo verificable −o sea, el dato duro− es que van a momificar a Hugo Chávez. Sus acólitos van a practicar una especie de taxidermia con él porque quieren convertir lo efímero en eterno. Actuarán como los comunistas en el caso de Lenin, Mao y Stalin. Ahora sí el régimen se va a parecer a la Unión Soviética. Ahora sí imitará al mismo Bolívar torciendo los designios de la naturaleza para que obedezca.

TOMADO DE:  http://runrun.es/runrunes/64967/santosanto-comandante-o-el-mercadeo-necrofilico-para-revivir-a-chavez.html

sábado, 23 de febrero de 2013

UN PAR DE ZAPATOS

Hoy les dejo un texto de Agustín Tamargo Fernandez (1925-2007). Como tantos otros, murió en el exilio y nunca pudo regresar a su patria. Miles de cubanos, enterrados en disímiles lugares. Mezclados con tierras ajenas que los cobijaron de vivos y los acunan de muertos. Miles de cubanos que quedaron esperando por sus zapatos.

A todos ellos les debemos respeto y una infinita gratitud por su amor a Cuba. A todos ellos, que murieron pensando regresar a su Isla.

Y, por supuesto, a la memoria de mi abuela.





El  día que Cuba sea libre yo no quiero más que una cosa: un par de zapatos.
Por Agustín Tamargo


El  día que Cuba sea libre yo no quiero más que una cosa: un par de zapatos. Es poco, pero no necesito más. Otros quieren que les devuelvan lo que les quitaron. Yo no. A mí no me quitaron nada, es decir, me lo quitaron todo, que era la Isla, pero si la Isla es libre, ya es mía otra vez. No aspiro a nada más.
Quiero sí, sí, un par de zapatos  para recorrerla de punta a punta. Necesito el contacto físico con ella, necesito aspirar otra vez su olor y sentir su sabor. Iré a Santiago. ¿Cómo era el color de Santiago? Iré a Trinidad. ¿Cuál era el olor de trinidad? Iré a Caibarién.¿Cómo caían los aguaceros en Caibarién? Iré a La Habana, a un cafetín de la calle Consulado, donde me reunía con amigos para hablar de política y de poesía. Atravesaré el Parque Central (¡salud maestro!), bajaré por Obispo, entraré en la Moderna Poesía a comprar un libro y llegaré hasta un bar de los muelles donde me tomé tantas cervezas con Mijares, Labrador Ruiz, Diago y Joaquín Texidor. Iré a un pueblo de Oriente donde me aguardan unas tumbas de los que no me pudieron esperar. Esquivaré tres cosas: Tropicana, Varadero y la revista Bohemia, pervertidas las tres por la tiranía. Visitaré Baracoa, donde nunca estuve, cuyo Yunque, cuyas costas, he recorrido vagamente en el mapa de las melancolías. Iré a Matanzas y a Camagüey, sin buscar a nada ni a nadie, solo para ver. Iré a Guantánamo, donde hay una cerca que no quisiera encontrarme. Iré a todas partes, solo o acompañado, conocido o desconocido, despierto o soñando. Me echaré tierra de Cuba por la cabeza, me bañaré en el río Chaparra, me comeré un caimito en Las Tunas, me tomaré un vaso de pru en Bayamo. Y hablaré solo por las calles, de día y de noche, bañado en lágrimas, mientras los muchachos callejeros gritarán: ¿De dónde salió ese loco? Loco, claro. Loco tiene que estar el que soportó 46 años fuera de su casa, con la puerta cerrada por dentro.
Por eso quiero un par de zapatos, nada más. Ella me dice: Tú, como siempre, delirando. Ni esa Cuba es Cuba, ni Oriente ya se llama Oriente, ni existe La Moderna Poesía, ni vas a encontrar sentados en un banco del Prado a Lezama y a Víctor Manuel. Y yo le digo que no, que se equivoca. Que Cuba todavía está allí. Que habrán cambiado las formas pero no la sustancia de las cosas. El pandillón verduzco habrá desfigurado en lo físico a la Isla, habrá tratado de profanar y cautivar la voluntad de los cubanos. Pero la Isla sigue indemne, a pesar de todo. ¿No está allí el Malecón? ¿Se habrán comido los fidelistas el Malecón? ¿No están allí la ceiba del Templete y el Parque de la Fraternidad? ¿Habrán talado los fidelistas la Ceiba del Templete y echado vacas en el Parque de la Fraternidad? (Con estas gentes cualquier cosa es posible). Pero no. Todo está allí, aguardando. Cambiado, mutilado, embarrado de la basura idolátrico-caudillista, pero está allí. Intacto. Esperando por quien lo mire otra vez con la mirada del amor, que es la única que hace vivir.
¿Estará igualmente intacta el alma de los cubanos? Yo también creo que sí, yo quiero creer que sí. La dictadura ha querido transformarla a ella también pero no lo ha conseguido. El cubano real se ha sumergido, se ha disfrazado, pero no ha cambiado. Si la Casa Finzi existe todavía, con su alquiler de disfraces y trajes de teatros, yo estoy seguro de que se ha hecho millonaria. Es la zafra de la mitificación. En Cuba hay hoy disfraces de todo tipo: de patria o muerte, de yankeegohome, de marxismo-leninismo, de comandante -en-jefe- ordene. Todo el mundo se lleva el suyo de día y se lo quita por la noche. Son partes de la diaria necesidad de sobrevivir. Se los ponen, me dicen, hasta algunos oficiales del ejército, encima de los uniformes. Primum disfrazare, deinde filosofare.
¿Y el léxico? El léxico también se ha camaleonizado. Mayimbe quiere decir delincuente autorizado. Integrado quiere decir oportunista. Jinetera significa prostituta. Máximo líder quiere decir Máximo bribón. ¿Y la alegría de vivir? ¿Y el comerse un mendrugo de pan amargo con la cara sonriente, virtud mundialmente reconocida siempre en los cubanos? ¿Y el desprecio a los abusadores del poder y a los traficantes de influencias? ¿Y la burla hiriente contra los pedantes? Todo, todo está allí, solo que sumergido. Háblale a un cubano solo y te dirá una cosa. Háblale a dos cubanos y ya te dicen cosas distintas. Junta tres cubanos, junta mil, cien mil cubanos, y ya se forma una pachanga. Eso ha sido así siempre y la dictadura lo sabe. La dictadura sabe que la gente la acata pero no la quiere. Que le tienen miedo pero no la respetan. Por eso no deja a los cubanos juntarse salvo estricto control policial. Si los dejan solos, se ponen enseguida de acuerdo para usar dos armas feroces: la trompetilla y el choteo. De cada concentración, salen cuadrillas irreverentes a deshogarse haciendo chistes sobre las consignas que oyeron allí. Los mismos carnavales, cuando los hay, son una fiesta de música y alegría pero también de burla. En cuanto el ron suelta las lenguas los cubanos terminan recordándole la madre al jorocón que les tiene el pie encima.
Por eso yo quiero volver a Cuba en cuanto Cuba sea libre, sin ninguna demora. En el primer barco, en el primer avión. Para sumergirme otra vez en esa energía vital y humana de nuestro pueblo cuya carencia es la que no deja al exiliado vivir, aunque lo tenga todo. Por eso yo quiero mi par de zapatos. Para recorrer la isla desde San Antonio a Maisí. Para apretarla contra mi pecho. Para apurruñarla. ¿Lo demás? Lo demás se lo dejo al que lo quiera, aquí o allá, casas, puestos, todo esa basura. Al cubano verdadero que se muere de nostalgia fuera de su tierra le basta para vivir con el regreso. Aunque allí no tenga más que un vaso de guarapo y un banco en el Parque Central.
Pero, desde luego, sin policías.

jueves, 10 de enero de 2013

LA LENTA AGONÍA DE LOS LÍDERES


Este texto fue escrito en 1980 pero por la actualidad que reviste me permito reproducirlo A la lista citda por el autor es necesario agregar hoy - por razones obvias- a Chávez y Fidel. Las historias actuales de líderes moribundos se parecen, cada día más, a la ya antológica novela El otoño del patriarca. La fantasía del realismo mágico ha abandonado las páginas de la literatura porque, en realidad, siempre habitó en nuestras calles como fórmula alucinada de los pueblos de América Latina.

Juzguen por uds. mismos el texto. Las crónicas de una muerte anunciada, prolongada y sostenida hasta que los actuantes hayan consolidado el poder -por una impuesta sucesión monárquica, violación a la constitución o cualquier extraño método que permita la perpetuación indefinida en el puesto- se ha convertido en el modelo importado que Cuba sostiene. Como lacayo sin neuronas, Maduro se presta a un peligroso juego hoy que lo precipitará al abismo mañana.


La lenta agonía de los líderes

 ESCRITO POR JUAN CRUZ

 11 MAYO 1980

 La muerte de Tito se produjo cuatro meses después de que empezara a ser esperada. Con Franco ocurrió lo mismo. En iguales circunstancias de minuciosa preparación para la muerte se desarrolló la lenta agonía de Bumedian. Los líderes, sobre todo cuando éstos tienen estatura de dictadores, de amos absolutos de los destinos de sus pueblos, se mueren de forma difícil, prolongada y lenta. Entre ellos hay similitudes que pasan por encima del contenido de sus ideologías.

 Todo el mundo se muere igual, pero para los líderes la agonía es más lenta.El periodo agónico de los que han mandado de modo omnipotente se extiende hasta que quienes contemplan la posibilidad de la muerte como un desastre nacional, desean que este desenlace se produzca cuanto antes.

 Esto no ocurre porque los que asisten en primera fila a la lenta y prolongada agonía del líder hayan perdido la fidelidad que han jurado al moribundo cuando éste se hallaba en pleno uso de sus facultades, físicas y políticas. Pasa porque se ha cerrado un cielo vital previsto -atado y bien atado- y todo ha-quedado dispuesto, mientras duraba la agonía, para que el relevo se efectúe sin Fisuras.

 La agonía prolongadísima de Franco -una prolongación a la que hasta su familia llegó a oponerse- es un paradigma no porque sea la más conocida por nosotros, los españoles, sino porque de algún modo resumió todas las restantes agonías, desde la que padeció -los líderes las padecen; los que están a su lado las alimentan creyendo que las alivian- Mao Zedong a la que sufrió Bumedian. La de Josip Broz Tito, que duró cuatro meses, con altibajos que agigantaron la figura del héroe, ha sido hasta ahora la más espectacular, porque estableció el ejemplo contemporáneo de lo que el Cid fue para la leyenda.

 En el caso de Franco, como han contado los más recientes biógrafos de su muerte, hubo una tal costumbre a su agonía que, al final, cuando ésta hizo crisis y sobrevino la muerte, la emoción de los que rodeaban al difunto era tan inerte que siguieron cuidando al que, fue enfermo como si en él estuviera todavía latiendo la vida. Vicente Pozuelo Escudero, médico del dictador, que estaba a los pies de su cama, relató las características de esa frontera final. «Se establece la seguridad de la muerte a las 5.25» (del 20 de noviembre de 1975). « … ) No hablamos. Tenemos un nudo en la garganta y cada uno gasta su emoción intentando colaborar en algo. Una vez limpio se dispuso el cadáver, cerrándole los ojos, arreglándole la cara y la boca como se hace habitualmente, pero con muchísimo cariño, por parte de las enfermeras de servicio, Juanito, Zamorano y yo».

 

 Una agonía autárquica

 

La muerte de Franco fue, a diferencia de los fallecimientos de otros colegas suyos de mando omnipotente, como la vida política del dictador español: le precedió una agonía autárquica. A Mao Zedong le fue a visitar un facultativo austriaco; a Tito le enviaron médicos norteamericanos, que prolongaron su vida hasta que ésta se acabó sin remedio, y a Bumedian le facilitaron toda una tecnología médica sin distinción de fronteras y alineamientos: la mayor parte de los médicos que le asistieron en sus cuarenta días de agonía eran militares estadounidenses traídos de las fuerzas que EE UU tiene en la República Federal de Alemania de este último país eran los scanners que se utilizaron para recorrer el proceso canceroso que dominó al recio líder argelino. A Franco lo rodeaban españoles.

 Cuando agonizaba Mao Zedong, los chinos también ocultaban celosamente la gravedad del trance, aunque hallaron una fórmula para ir advirtiendo a aquel inmenso país de que se avecinaba el, final definitivo del mítico líder Usaron la enseñanza de un viejo proverbio -«una imagen vale más que mil palabras»- para señalar la irresistible decadencia del organizador de la larga marcha. Una simple fotografía, en la que Mao aparece conversando, en mayo de 1976, con uno de los políticos que le visitaban, dio la pauta: el dirigente chino se hallaba recostado en un sillón, dando muestras, como escribía un periodista francés, «de una debilidad creciente». Tres años antes el propio Mao había sido más explícito cuando le dijo al presidente francés Georges Pompidou, al que habría de sobrevivir: «Pues bien, yo estoy completamente acabado (foutu). Me encuentro acribillado por las enfermedades».

 Los argelinos copiaron la técnica china de la imagen para preparar, en silencio, la transición que automáticamente se operó en Argelia tras la muerte de Bumedián. El líder revolucionario padecía el síndrome al que dio nombre el doctor sueco Waldestrom y tenla escasas posibilidades de prolongar su vida mucho tiempo. En este estado preagónico regresó de un último viaje médico a Moscú.

 La última imagen de Bumedian data de tres meses antes de su muerte y fue tomada nada más descender del avión que le traía de la URSS. La televisión argelina ofreció esa imagen, que muestra a un Bumedián cansado, haciendo vagos gestos con las manos -Mao se quedó, al final, con el limitado uso de su mano izquierda, hasta que ésta también murió- y señalando involuntariamente que decía adiós a sus súbditos. Nunca le permitieron después aparecer en público, aunque siguió haciendo declaraciones, enviando solidaridades y gobernando el país. Eran otros, sin embargo, los que hacían estas funciones por él: el Consejo de la Revolución y el Ejército de Argelia hacían lo posible -y lo lograron con éxito- para que aquel Cid que había logrado la liberación de su país siguiera sobre su caballo como un héroe invicto, incluso frente a un cáncer incurable.

 Mientras esto ocurría, Bumedian perdía el pelo, la voz y cualquier clase de poder. La lenta agonía a que fue sometido por la prolongación tecnológica de la vida que le quedaba no fue puntuada, al revés de lo que ocurrió en España cuando moría Franco, por chistes populares de cualquier signo: Manuel Ostos, corresponsal de EL PAIS en Argel, que vivió de cerca,aquella dramática transición, no recuerda ninguna broma que naciera de la situación que estaba sucediendo entre scanners y facultativos de las más variadas nacionalidades. Con Mao tampoco sucedió esta reacción nerviosa del pueblo ante una situación dramática,y con Tito los chistes no tuvieron, que se sepa, un contenido personal, sino que aludían a las características políticas de Yugoslavia. «¿Enviamos invitación a los rusos para que vengan al funeral?», cuentan que dice un chiste yugoslavo. «No. No hace falta, Los rusos vendrán sin que les invitemos».

 En todos los casos de prolongación, médica o natural, de estas agonías de los líderes, se produce un cuadro casi clínico de las reacciones de la gente: al principio -ocurrió en España, pasó en Argelia y acaba de suceder en Yugoslavia- se produce un estupor entre los que asisten al primer proceso público de la enfermedad del líder; durante uñas semanas, o unos meses, la gente comienza a estimar que la desaparición puede aliviarse, y, al fin, la tragedia humana a la que se ve sometido el líder agónico hace preferir su muerte antes que una artificial prolongación de su vida.

 Estos líderes, cuyas fórmulas de dictadura difieren, guardan entre una única relación: mantienen su poder hasta el final, y porque lo detentan con más seguridad que otros, son conservados cuidadosamente, hasta que la transmisión de este poder, queda garantizada. A veces, son ellos mismos los que quieren la prolongación de ese Poder -«Tráigamne el traje», le dijo Franco a una enfermera cuando sus médicos le aconsejaban que no presidiera su último Consejo de Ministros- y hacen con él lo que se les antoja.

 La muerte del líder nunca tuvo tan crispada descripción como la que la hija de Stalin, Svedana, hizo del agonizante dictador ruso: «La muerte de mi padre fue espantosa, difícil… Se asfixiaba a la vista de todos. Hubo un instante, por lo visto, ya en el último momento, en que abrió de súbito los ojos y recorrió con la mirada a cuantos nos hallábamos a su lado. Fue aquella una mirada horrible, una mirada de locura, de cólera tal vez, y de pavor ante la muerte y ante los desconocidos rostros de los médicos que se inclinaban sobre él». En la trastienda del escenario de la muerte, la tranquilidad domina, porque la sucesión está implacablemente preparada por quienes ven en la agonía del Patriarca un simple resumen de la vida de quien abandona y deja el sitio.
 

lunes, 17 de diciembre de 2012

UNA REFLEXIÓN NAVIDEÑA


El viernes fue el festival navideño en la guardería de mi hija. Asistí, por primera vez en mi vida, a este tipo de celebraciones. Veía a aquellos pequeños hablando de valores, de la familia, la  tolerancia, la amistad, el respeto. Se veían preciosos en sus atuendos y en su infinita sabiduría inocente. En sus manos está cumplir con todos esos conceptos sin convertirse en adultos fanáticos e idólatras de falsos Mesías. Veía a esos niños, a Elena y un nudo se me hizo en la garganta. ¿Cómo fue mi infancia en diciembre?

A esa edad, gritábamos consignas: “Seremos como el Che”, “Fidel, Fidel, Fidel”, “Pioneros por el Comunismo”. En la guardería no nos hablaban de tolerancia sino de un cruel imperialismo que nos quería invadir y de la necesidad de armarnos para proteger a la nación. Con sólo siete años recuerdo haber levantado mi mano –como toda mi clase- para apoyar la donación de azúcar a VietNam y condenar al imperialismo en su guerra cruel contra una nación indefensa. A los ocho, escribía una carta –a solicitud de la maestra, iban a escoger las mejores- a un niño vietnamita solidarizándome con su desastre. Esa fue también mi primera decepción literaria, porque la maestra sentenció que la habían escrito mis  padres porque una niña de mi edad no podía escribir así.

Estos niños hablan de la familia. La mía eran mis padres, mi hermano y mis primos del lado de acá. Mi abuela y la familia de Miami eran los gusanos: de ellos no se debía hablar y mucho menos decir que se tenía familia en EU. Con mi abuela nos comunicábamos  por teléfono –siempre fue un lema en la casa el a pesar de todo, es tu abuela- pero siempre con la espada de Damocles sobre nosotros: no le pidas nada, vives bien, todo está perfecto. La familia estaba truncada –siempre lo estuvo a partir de 1959- y nadie se condolió de mi generación huérfana de afectos de abuelos difuminados y bisabuelos que un día murieron para dejar sólo algunos cuentos y marchitas fotos. Estos niños siembran el amor a la familia porque un país sin familias crece en el odio. Y me dan envidia. Yo no tuve a Santa, rezago imperialista y pequeño burgués de una sociedad corrupta. No tuve a los Reyes Magos, aunque Hortensia y el Gordo –mis abuelos por derecho propio- siempre nos regalaban algo el 6 de enero. Yo no supe de las grandes comilonas del 24 de diciembre donde –dice mi mamá- se reunían hasta 50 personas. LA FAMILIA. Habían batistianos, revolucionarios, auténticos… HABÍA TOLERANCIA. Yo sólo supe de unas escondidas comidas que hacía mi mamá el 24, un pollito que lograba resolver y el silencio sobre una mesa llena de fantasmas. Eso sí: se celebraba el 31 con bombo y platillos, el advenimiento de otro año  glorioso de la Revolución.

Hoy, frente a estos niños, pienso con nostalgia en la niña que fui y en la que pude ser. No me quejo del cariño inmenso de mis padres y su educación intachable. No conozco a la otra Yamilet, la que pudo existir si mis padres se hubieran ido de Cuba. Esa nunca existió. Hoy, frente  a estos niños, sólo puedo confirmar que Elena no va a vivir en una sociedad que separa familias y destruye sueños infantiles. ¿Quién va a pagar por mi infancia entre fusiles y consignas? ¿Quién va a pagar por mi generación huérfana de sueños e ilusiones?
 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

LA MUERTE NO PIDE PERMISO



Más allá de las ideologías.
Más allá de la afinidad política con alguien.
Más allá del odio y el rencor.
Más allá del mal, real o no, que alguien haya hecho en su vida.
Es innegable la enfermedad. Es innegable la muerte cercana.
Sencillamente, es un ser humano que se muere.
No entiendo por qué no utiliza sus últimas energías en estar con su familia.
Por qué no cedió paso a otro gobernante que podía unir al país.
No se vale el Detrás de mí, el diluvio. No se vale.
Debería, si realmente ama a Venezuela, intentar lo mejor para el país y no un pueblo dividido y en guerra.
Debería quedarse con su familia y disfrutarla hasta el final.
No más tozudez. No más rencor.
Ya hizo lo que creyó bien. Ahora, por el bien de Venezuela, debe ceder.
Sin burlas.
Sencillamente, un hombre se está muriendo. Y un país no es suyo.
El país es su hijo que debe seguir adelante.
Un pueblo es más que un Presidente, un Partido o una ideología.
Ya no hay consignas huecas y vacías, sólo la mano de Dios.
Ante La Muerte no hay permisos futuros.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

AEDA ONCE EN LÍNEA

Ya se puede visitar el número once de la Revista Aeda. Les adelanto que hay muy buenos trabajos de escritores de varias partes del mundo. Y, de paso, les comento que estamos preparando un súper número 13 que saldrá el 13 de julio de 2013.
 
Los esperamos en http://revistaaeda.com/
 
FELICES LECTURAS

martes, 30 de octubre de 2012

DÍA DE MUERTOS EN CUBA


                                                                La Parca llegó a Cuba

necesitada de ternura
quería cargar con el Viejito
sin dar ni un brinquito
 
Pero los Iluminados
dijeron no estar preparados
el Viejito no se puede ir
todavía tiene que resistir
 
La Parca bufó y bufó
con la guadaña amenazó
pero el futuro comprometía
si con sus planes se salía
 
Triste y muy enfadada
la Parca de Cuba se fue
no estaba para pendejadas
de cubanos depredadores de fe
 
Dicen que la Flaca
anda gimiendo pesares
seguro que en esos lares
se comen a las calacas
 
La Parca se prometió
jamás a Cuba regresar
el Viejito no la quiere acompañar
y ella ya no puede esperar
 
Parquita, Parquita, qué pena me das
sigue pensando en tu orfandad
el Viejito muerto en su maldad
es sólo reliquia de lo que vendrá