QUE EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA LOS ACOMPAÑE.

sábado, 27 de octubre de 2007

Poesía de la nostalgia.

A Juan Carlos Flores ( La Habana, 1962) lo conozco hace tanto tiempo que se me pierde la memoria en sus vericuetos. Capitán de la palabra nos enseñó, sin prisas ni cátedras, el valor de la metáfora. Tengo el inmenso orgullo de haber pertenecido a una generación de escritores que está grabando sus nombres, hoy en día, en los anales de la literatura cubana: Almelio, Juan Carlos, Jorgito, Pedro, Rafael, Ponte, Carlos... cuando todos éramos apenas aprendices y Amir llegaba a La Habana. Aquellas bacanales literarias en el taller José Lezama Lima, sí, en el mismísimo Trocadero 162 donde, cada jueves, construíamos sueños. Juan Carlos llegaba de esa ciudad acuática que es Alamar para compartir con nosotros hasta el último atisbo de té. Hace años que no lo veo pero guardo con mucho cariño lo más valioso: su literatura.

Idea de la poesía
Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
Convertida en cuerpo, en espejo,
es dos un hombre que se mira.
Convertida en árbol,
han de luchar la serpiente y el pájaro.
Convertida en relámpago, en muelle,
un niño tira de un cordel a la luna,
viene la madre y corta con tijera el cordel.
Si ascendemos la máscara, si descendemos el túnel.
No me encuentro, me busco, estoy ahumado.
La poesía en el duermevela
como el ave de la resurrección
a cada instante nace, se aniquila.
La palabra una mitad, el silencio la otra.
El poeta en una orilla, el escucha en la otra.
El poeta es el escucha, el escucha el poeta.
El acto poético es amor
y presupone una fe y una más allá,
sillar, isla que no se alcanza.
Adentrarse en la poesía.
Como se adentra un santo en el nirvana,
como se adentra un cuerpo en otro.
La libertad, timón hacia la poesía,
la poesía, timón hacia la libertad.
Agua y tierra y viento y fuego
es el poeta, es el escucha.
El sueño y la realidad dialogan, se rechazan
se engendran, se aniquilan:
una bocanada de luz, una paletada de tierra.
Intuimos a Dios y comenzamos a morir,
intuimos a la mujer y queremos la inmortalidad.
Me intuyo, luego soy poeta.
Te intuyo es una puerta, un vaso, si lloviera.
Qué cansancio en los ojos de perro,
una herida en el muslo y nos creemos dispuestos
para habitar nuevamente el paraíso.
Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
El cadáver de un rey flota en el pasto.
TOMADO DE: http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/en/Revista/ultimas_ediciones/76/flores.htm
APUNTES, DESTINADOS A UNA FOTO EN UN ÁLBUM FAMILAR
Rubén Duarte, uno de mis amigos y hombre cristiano si aún los hay, tiene en su casa a un perro —de la raza alemana, móvil de cacería— que alguna vez, mientras vivía en los nichos —sitios calientes de la ciudad— imponía a los otros, perros mestizos, su Ethos, más que un ente era un instrumento cortante.Rubén, tramo a tramo, le ha ido remansando para que juegue con su hijo pequeño, a quien nosotros, por sus hermosos rasgos firmes no tocados por el odio, que el rostro adulto crispa, llamamos “El niño albigense”, la semilla destinada a lo abierto, quizás.En el columpio donde La Simpatía al mecerse traza un canal sobre las dos orillas, ¿Cuál tocará el cielo y cuál tocará el suelo?, algo de niño tendrá el perro y algo de perro tendrá el niño, de modo que el sitio y el tiempo de los juegos pertenecen a otro orden, a duras penas avizorado por los mutantes, tras largas estaciones entre piedras y cactus, sin probar la sal de los comunes, en vísperas de la natalidad.Los científicos, usando palabras que son haces de paja, intentarían explicar lo que está sucediendo. Dijo Rubén: “hace un desierto afuera, dan ganas de quedarse junto a ellos como se queda uno en un brocal”.

PARA LOS TÍTERES
1. Una mujer pequeña, próxima, cotidiana, apenas perceptible. Un hombre pequeño, próximo, cotidiano, apenas perceptible.2. La mujer pequeña, próxima, cotidiana, apenas perceptible buscando -an-sio-sa-men-te- al hombre pequeño, próximo, cotidiano, apenas perceptible. El hombre pequeño, próximo, cotidiano, apenas perceptible buscando -an-sio-sa-men-te- a la mujer pequeña, próxima, cotidiana, apenas perceptible.3. Ambos soñando en construir una cámara o respiradero -para-uso-de-dos- frente a las sustancias tóxicas de la realidad, que emanaban convertidas en gestos de agresión, desde todos los puntos posibles del Espacio.4. La mujer pequeña, próxima, cotidiana, apenas perceptible nunca pudo encontrar al hombre pequeño, próximo, cotidiano, apenas perceptible. El hombre pequeño, próximo, cotidiano, apenas perceptible nunca pudo encontrar a la mujer pequeña, próxima, cotidiana, apenas perceptible.5. Quedó sin construir la cámara o respiradero -para-uso-de-dos-.6. Ambos murieron solos en el mismo hospital, el mismo día y a la hora señalada pero en cubículos distintos, contaminados ambos por las sustancias tóxicas de la realidad, que iban y volvían convertidas en gestos de agresión, desde y hacia todos los puntos posibles del Espacio.Post-Data: “Practicada la autopsia, los dos cadáveres ya en vías de descomposición fueron juntados en el congelador del hospital, y hoy, sus Esqueletos secados, de blanquísimos huesos, hacen las delicias del noviciado burlón, en una de las escuelas de medicina.”

El repartidor de biblias
El repartidor de biblias, Dios o su mensajero, va de casa en casa distribuyendo biblias. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Hoy que me llamo Pessoa, mi nostalgia es la botella cuyo contenido era leche a la puerta dejada. Exiliado de mí, si pudiera regresar a algún sitio, me gustaría regresar a mí mismo, lugar con arboledas. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Hoy que me llamo Pessoa, mi nostalgia es la botella cuyo contenido era leche a la puerta dejada. Exiliado de mí, si pudiera regresar a algún sitio, me gustaría regresar a mí mismo, lugar con arboledas. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Bombas de humo, para que tú en el invisible te conviertas. Algo por los asediados hay que hacer.
TEXTOS TOMADOS DE:
http://jorgealbertoaguiar.blogspot.com/2007/02/juan-carlos-flores-ocho-poemas-inditos.html

FOTO TOMADA DE: http://habanaelegante.com/SpringSummer2006/AzoteaDos.html
EN ESTA ÚLTIMA DIRECCIÓN PODRÁS ENCONTRAR MÁS TEXTOS DE JUAN CARLOS.
Juan Carlos Flores obtuvo en el año 1990 el Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba con su libro Los Pájaros escritos, publicado por Ediciones Unión en 1994 y con el cual obtuvo el Premio de La Crítica ese mismo año

martes, 23 de octubre de 2007

Desde Chile

Me encantaría que La morada fuera un lugar de encuentros y reuniones entre escritores jóvenes que no se conocen entre sí. Hace unos días, les dejé una historia de Sandra. Hoy quiero compartir con uds. un cuento de Mauricio Torrealba ( Santiago de Chile, 1976), que aparece en su blog: mtorrealba.blogspot.com/search/label/escritos. Ahí pueden leer otros, tan interesantes como éste. A Mauricio también lo conozco -lo "leo" sería mejor decir- en ese espacio literario ya imprescindible en las noches que es la Trivia.
" Final del círculo" es un relato corto pero sumamente desgarrador, que presenta una problemática muy de América Latina. Los encuentros y los desencuentros, las búsquedas y las partidas son, en nuestro continente, una constante social y política. Esta historia, contundente en sus frases cortas, pudo -puede- haber ocurrido en cualquiera de nuestros países.
Bien por Mauricio. Y, para la próxima, algo de los cronopios oscuros de Casa Lamm

“FINAL DEL CÍRCULO”.
Dejó caer su bolso sobre el pavimento al tiempo que bajaba el último peldaño. La brisa marina le golpeó la cara, refrescándolo. Había sido hasta ahí un largo viaje, iniciado un par de días antes en Ciudad de México, en aquella conversación con Aníbal. De ahí, vuelo hasta Santiago, y casi sin interrupción, bus hasta La Serena. María bajó del bus tras él, lo tomó del brazo, besó su mejilla y lo abrazó tiernamente, sin decir nada. Se quedaron así unos instantes, mirando hacía el océano. Tomás sabía perfectamente que su búsqueda se iniciaba recién, y que era hacia la cordillera donde debía emprenderla. Anochecía, y mientras sus pensamientos vagaban en torno a la jornada siguiente, alzó la mirada al cielo y pudo comprobar por qué esa región es la preferida para la instalación de observatorios astronómicos: en ningún otro lugar del planeta había admirado las estrellas con tanta nitidez. Siempre que miraba el cielo de noche se sentía muy pequeño, apenas una mota de polvo en el universo. En ese lugar, la humanidad entera le pareció insignificante.

Había nacido casi 30 años antes en Chile. Pronto el exilio lo obligó, con su padre, a partir. México los recibió. Ya en su adolescencia, Aníbal le contó que él no era su padre. Tomás era hijo de Esteban, el mejor amigo de Aníbal, y de la criada de la familia de aquél, una muchacha humilde, de origen indígena, proveniente del norte de Chile. Esteban sufrió un grave accidente en motocicleta meses antes del golpe. Estuvo hospitalizado grave un par de semanas antes de morir. En sus momentos de lucidez, le confesó a Aníbal que esperaba un hijo, y le hizo jurarle que cuidaría de él. Debió partir en búsqueda de la muchacha, que había retornado a su pueblo. Después de mucho buscar, dio con su paradero, en unas cuevas enclavadas en los cerros de La Serena. Ahí, entre cabras, perros, ratones y serpientes, había nacido Tomás, en medio de una miseria absoluta. Ya le precedían 3 hermanos. Aníbal convenció a la mujer que le entregara al niño, a cambio de una ayuda para paliar un poco la pobreza de su familia. Esta historia explicaba lo distinto de Tomás y su padre. Éste muy blanco, casi rubio, y Tomás oscuro, con marcadas facciones indígenas, de pelo negro azabache.

Tomás conocía la historia hacía tiempo, sin embargo, no sabía exactamente dónde vivía esta mujer. Además, se preparaba para empezar una nueva etapa en su vida, y le nació la necesidad de buscarla. Eso fue lo que conversó con Aníbal días antes. Ahora tenía un contacto, un lugar donde preguntar por su madre biológica.

Respiró profundo. Se detuvo un instante. Habló con el administrador del bar y preguntó por Eugenia. María, siempre a su lado, vio aparecer a la mujer desde la cocina y de inmediato notó el parecido. Desde el punto de vista físico, era el complemento materno perfecto para Tomás. La mujer se acercó, llamada por el administrador, a la barra donde estaban ellos. “Eugenia, este joven desea conversar contigo. No te distraigas demasiado” dijo el administrador retirándose. Se quedaron mirando. Luego de un segundo de silencio, Tomás dijo “Soy Tomás, el hijo de Esteban… tu hijo”. La mujer dejó caer la bandeja que tenía entre sus manos. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Tartamudeó. La única palabra coherente que salió de sus labios fue “perdón”. Tomás había llegado ahí sin ningún tipo de resentimientos, entendía perfectamente cómo habían ocurrido las cosas y se consideraba afortunado después de todo. La tomó por los hombros. “Tranquila, no pasa nada” y la abrazó. María, emocionada, pudo atestiguar la comunión producida entre madre e hijo, tan parecidos, pero tan diferentes a la vez, y que a pesar del tiempo y las distancias, se reencontraban. “Ella es María, nos vamos a casar en un tiempo más, y queremos que tú estés ahí”.

Un par de días después, volaban de vuelta al caos de Ciudad de México. María dormía a su lado. Tomás se distraía mirando por la ventanilla del avión y jugando en sus manos con un cubo Rubik, tratando de encajar los colores tal y como estaba logrando encajar las partes de su historia.

domingo, 21 de octubre de 2007

Concurso de literatura policíaca

III Concurso de Relatos Cortos Justo Vasco
BASES
1. La Asociación Cultural NOVELPOL (Amigos de la Literatura Policial) convoca el III Concurso de Relatos Cortos “Justo Vasco”, en el que se valorará la calidad literaria y originalidad de los trabajos.
2. Podrán participar todas las personas que lo deseen, sin distinción de edad, sexo o nacionalidad.
3. Todos los trabajos, sin excepción, han de ser inéditos, no haber sido premiados en ningún otro concurso, estar escritos en lengua castellana y pertenecer al género negro, policial o criminal.
4. Cada autor podrá participar con un máximo de dos relatos.
5. Todos los trabajos han de estar mecanografiados con fuente de doce puntos y en ningún caso podrán sobrepasar los 17.000 caracteres incluidos los espacios.
6. Los relatos, que no podrán llevar firma ni señal alguna que denuncie su procedencia, serán enviados a la dirección electrónica relatosjv2007@yahoo.es en un mensaje que llevará como asunto el título del relato, adjuntándose en el correo un archivo en formato word para Windows que contendrá el relato. Dicho archivo de word llevará igualmente como nombre el título del relato. El participante deberá enviar asimismo otro mensaje a la dirección electrónica plicasjv2007@yahoo.es, con el mismo asunto y adjuntando un archivo en formato word que llevará como nombre el mismo título del relato seguido de la palabra PLICA. Este archivo contendrá los datos personales del autor: nombre y apellidos, DNI, dirección física completa, teléfono y dirección de correo electrónico.
7. No será admitido a concurso ningún relato que no cumpla las condiciones establecidas en estas Bases.
8. Se enviará e-mail de confirmación de recibo a todos los participantes.
9. El plazo de recepción de los trabajos se cerrará el día 31 de diciembre de 2007. Cualquier relato recibido con posterioridad a esa fecha no será tenido en cuenta.
10. La decisión del Jurado, que será inapelable, se hará pública antes del 31 de marzo de 2008, y se comunicará a los participantes por los medios que la organización considere adecuados.
11. De acuerdo con la decisión del Jurado, de entre todos los relatos recibidos serán escogidos cinco finalistas, entre los que será elegido el relato ganador, que recibirá un premio en metálico de 250 euros.
12. El premio podrá ser declarado desierto, pero en cualquier caso se escogerán cinco finalistas. Si esto sucediera, cada finalista recibiría la suma de 50 euros.
13. Todos los relatos recibidos estarán en propiedad de la Asociación NOVELPOL desde el momento de su recepción hasta el fallo del Jurado. Si cualquiera de los trabajos presentados apareciese publicado o recibiese un premio o mención en otro concurso en ese plazo, quedará automáticamente descalificado.
14. Los trabajos finalistas serán publicados por la Asociación NOVELPOL, ya sea en formato digital o impreso. NOVELPOL se reserva el derecho de publicación de otros relatos si así lo considera oportuno.
15. La composición del Jurado se dará a conocer en el momento de anunciar el ganador del concurso.
16. El Jurado podrá resolver aquellas situaciones no contempladas en las presentes Bases, así como las dudas que se planteen sobre su interpretación.
17. La participación en este concurso supone la aceptación de todos los puntos de estas bases.
FOTO Y TEXTO TOMADOS DE : http://blognovelpol.blogia.com/

miércoles, 17 de octubre de 2007

Elfriede Jelinek ( Segunda Parte y Final)

DESEO, LA NOVELA DE LA CLAUSTROFOBIA.
POR YAMILET GARCÍA ZAMORA
El rostro de los personajes se diluye en un ambiente donde los días se suceden sin cambios y los espacios cerrados se imponen en la existencia. Pocos son los individuos con nombre propio, Gerti, la mujer, por ejemplo. El resto son el director, el hijo, el estudiante, la gente del pueblo, las mujeres, los niños. Este recurso posibilita un alejamiento impresionante de los hechos: si el lector no sabe cómo se llaman y casi no conoce cómo son, no se involucra en las pasiones, deseos o pensamientos de ellos.
Gerti está presa en una rutina que la hace, aún más, alguien a expensas de su marido. No basta con la dominación sexual y económica: la vida de esta mujer se circunscribe a la casa, el súper mercado, el hijo. En general, el espacio de la novela es más bien cerrado, al igual que el tiempo. Las propias descripciones lo hacen agobiante, hasta cuando hacen el amor: el baño cerrado, el coche. Y es que las propias personas habitan un universo enclaustrado y la autora se encarga a cada momento de recordarlo.
Cuando comencé la novela, tuve la impresión de estar en presencia de un narrador con problemas sicológicos, un narrador omnisciente al que le repugnaba el sexo y el contacto humano. No soy sicóloga ni pretendo realizar un análisis de esa índole pero al investigar un poco más acerca de la autora me encontré datos muy interesantes. En más de una ocasión, Jelinek ha expresado su terror a las multitudes, miedo que la hizo no participar en la ceremonia de entrega del Nobel. No pongo en duda, entonces, que en esta novela haya muchas de las fobias reales de su creadora que las vertió, consciente o inconscientemente, en la narración. La gran duda queda como una interrogante para investigaciones futuras, ¿ esto incluye al sexo?
Borges dice: "Cada uno se define para siempre en un solo instante de su vida, un momento en el que un hombre se encuentra para siempre consigo mismo. Quizá es posible percibir esta sensación básica y definitiva hacia la vida propia en la biografía. Al recordar su infancia, Jelinek percibe la soledad y el aislamiento como emociones principales, soledad como refugio ante el mal matrimonio de sus padres, más adelante, ante la enfermedad de su padre. Perplejidad, incertidumbre, trastorno, son los principios dominantes de su autoapreciación. Predomina el registro de constantes rupturas que, a la vez, parecen ser el hilo conductor de su obra, rupturas que son implacables y catastróficas. De esas sensaciones primarias se deriva un juicio hacia la sociedad como inhumana y una percepción de las reglas de convivencia, como desastrosas"[1]
En toda obra hay mucho de ficción y otro tanto de realidad. Cada escritor pone de su vida y sus maneras de verla en los personajes. En este sentido, veo mucho de autobiográfico en Deseo, en tanto sus personajes son violentos, deshumanizados, sociópatas casi –porque del asunto sexual no puedo afirmar ni negar nada. La propia vida de la autora, tal y como se plantea en la cita anterior, conduce a pensar esto.
Al final, quedé profundamente desencantada con la solución “feminista” que se le da al conflicto de Gerti. Esperaba algo como el famoso portazo de Nora[2], una actitud que me mostrara que, a pesar de su vida, frustraciones y desencantos, Gerti puede rebelarse. Que su odio a los hombres, en particular y a la sociedad, en general, lo puede enfrentar. Sin grandes epopeyas pero sí con gestos contundentes. Pero no. Gerti se convertirá en asesina de lo que más ama, en un acto que muestra su rendición. Matar al niño es su venganza contra los hombres y contra la sociedad porque los niños representan el futuro de la Humanidad. Muy feminista actitud. Muy abanderada de lo que debe hacer una mujer. Creo que es válido presentar historias, atípicas o no, de la cotidianeidad. Pero una escritora que se autoproclama defensora de los derechos de la mujer debe, al menos, ser consecuente en su literatura. Si junto al asesinato se hubiera perpetrado un suicidio, creo que la visión hubiera sido más acorde con la filosofía de su autora. Pero en su radiografía social, Jelinek –que ya ha desmoronado, página a página, el amor, el sexo, la política, el país, los gobernantes- destruye lo último, lo más sagrado por siglos de educación occidental. Pusilánime, humillada y vencida, Gerti no es capaz de matar al marido o al amante; no es, siquiera, en su infinito egoísmo, capaz de matarse, sino que destruye el fruto de un amor que es asqueroso, la semilla que, un día, será hombre y hará lo mismo. Esto es obra de una mente profundamente retorcida y enferma en sus raíces, aunque no creo que Gerti esté loca sino sólo cansada. Cobarde y sometida, no encuentra otra salida, ni siquiera la de las grandes heroínas de la literatura o los actos no tan sublimes pero sí diarios de miles de mujeres que huyen, reconstruyen su vida lejos o matan al marido. Claro, estoy escribiendo mi novela y no la de Jelinek. Pero es muy decepcionante creer en la actitud feminista de alguien para terminar leyendo una novela cobarde y machista.

[1] http://www.vozuniversitaria.org.mx/numero1/elfriede_jelinek.htm. Página consultada el 9 de octubre de 2007.
[2] Nora, personaje protagónico de Casa de muñecas, la obra de teatro de Henrik Johan Ibsen (1828 - 1906). Pero Deseo no se atreve a tanta liberación de la mujer.

BIBLIOGRAFÍA.
1- Gónzalez, Marta Leonor. “Gloria Guardia: No creo en lecturas obligatorias” La prensa literaria. Suplemento semanal del Diario La prensa, Nicaragua, 9 de marzo de 2002. en: http://www-ni.laprensa.com.ni/archivo/2002/marzo/09/literaria/ensayos/
2- Jelinek, Elfirede. Deseo. España, Destino, 2004
3- Kalinsky, Beatriz. “Una construcción antropológica del tratamiento jurídico-penal de madres imputadas de masacre familiar” en: http://www.ugr.es/~pwlac/G19_16Beatriz_Kalinsky.html
4- Montero, Mayra. Púrpura profundo. España, Tusquets Editores, 2000
5- http://www.vozuniversitaria.org.mx/numero1/elfriede_jelinek.htm
6- http://elmundolibro.elmundo.es/elmundolibro/2004/12/01/narrativa_extranjera/1101921583.html

domingo, 14 de octubre de 2007

Elfriede Jelinek ( Primera parte)


Donde no hay deseo.

Por YAMILET GARCÍA ZAMORA

Elfriede Jelinek ( Austria,1946) es una escritora que ha generado muchas polémicas con sus libros. Clasificada como feminista por la inmensa mayoría de la crítica, Jelinek ha publicado alrededor de una veintena de libros, entre los que se desatacan Somos reclamos, baby ( 1970), Los excluidos ( 1980)), La pianista ( 1983) y Deseo ( 1989). Y de esta última, precisamente, voy a hablar a continuación.
La primera impresión que me produjo la novela fue de una obra con un lenguaje inquietante. El estilo telegráfico del mismo se fue revelando como una novela donde el protagonista, el gran protagonista es el lenguaje. Tengo que admitir que para despertar el cúmulo de sensaciones que la obra abre en el lector hay que tener un manejo único de la forma. Y es algo que no se le puede negar a la autora. Pero –y aquí vienen mis críticas- el lenguaje se convierte en violador de las imágenes, nada poético, profundamente retorcido y repugnante. Lo curioso de esta narración es que aquí no hay deseo y el paratexto del título se convierte en la primera gran bofetada: este matrimonio, en apariencia ejemplar, es una fachada de la mujer comprada y sometida, humillada una y otra vez por el macho. Aquí no hay erotismo. No hay orgasmos. No hay sexo para complacer sino para autocomplacerse. Esta mujer, Gerti, es violada sistemática y brutalmente por su marido. Y hago énfasis en el concepto violación porque ella no participa en el show que su marido monta sino que es una pasiva y complaciente acompañante de un marido dominador. Cualquier acto sexual que se realice con la complacencia de los implicados está bien –sea lo que sea- pero cuando uno de ellos lo hace obligado, física o moralmente, es una violación. Crudo hasta la escatología más humillante, Gerti se pliega a los caprichos de su marido porque él es quien la mantiene.
Aun cuando es una novela llena de sexo, las escenas son tan repetitivas que llegan a cansar. No hay imaginación, ni inventiva, con una mujer siempre pasiva y un hombre dominante que la usa a su antojo. Lectora y escritora, como lo soy, de textos eróticos, no pude menos que comparar Deseo con Púrpura profundo[1] . Efectivamente, la novela de Jelinek no es erótica porque no juega con ese sentido de los más vastos, inconfesables y abismales sueños sexuales de los humanos que es, en definitiva, lo que nos despierta la libido. Página a página, la autora se esfuerza –y lo logra- por mostrarnos un mundo donde la mujer es juguete sexual de los hombres, con referencias al sexo francamente despectivas, con un odio concentrado que hace levantar muchas sospechas acerca de la salud mental o, al menos, sexual, de una narradora omnisciente que utiliza descripciones crudas, nada complacientes y sí altamente denigrantes para referirse al acto del amor. De esta manera: “La mujer se queda quieta como la taza de un retrete, para que el hombre pueda hacer su gestión dentro de ella”[2]. O los hombres utilizan un rabo-abrelatas. Este hombre, de nombre y rostro desconocido, ordena que la mujer no se bañe para disfrutar sus olores ( p. 52), la golpea cuando ella se niega a hacer algo, o puede, incluso, meterle guisantes, lentejas, imperdibles o cuentas de cristal por el sexo. Puede orinarla. Puede defecarla, aunque ella quiera o no. A medida que avanzaba en la lectura, me pregunté cuál era el objetivo de la autora al describir una realidad que, si bien es cierta –y no sólo en las clases medias, a esto me referiré más adelante- no apuntaba a una visión feminista.

DESEO Y EL FEMINISMO.
La crítica actual se ha dedicado con bastante tenacidad a establecer las posibles diferencias entre literatura feminista y literatura femenina. Al respecto, la escritora Gloria Guardia[3] expresó:
La diferencia es clara: literatura fémina,{femenina} como nos dice su etimología latina, quiere decir propio de mujer, de persona del sexo femenino. Esta literatura puede ser escrita tanto por hombres, como por mujeres. Porque el tema, no tanto el tratamiento que se dé a éste, es lo más importante en este tipo de escritura. Un ejemplo de Literatura Fémina es “Madame Bovary” de Gustave Flaubert. Aquí, la visión que tenemos de la protagonista es la patriarcal, la que incluso fue imitada por muchas escritoras europeas de finales del siglo XIX, y de principios del XX y que desafortunadamente algunas de nuestras autoras siguen calcando a esta fecha. La otra, la literatura feminista es aquella que refleja, en su lenguaje, en sus metáforas y en sus mitos, la visión femenina contemporánea. Un buen ejemplo de esta literatura feministas es “Simetrías”, de la argentina Luisa Valenzuela. Se trata de un libro de narraciones que puede considerarse como un autoanálisis; o sea como una reflexión sobre la escritura que se vuelve meditación sobre la propia identidad.[4]
Existe, por lo tanto, una clara distinción entre ambos términos aunque todavía haya quienes los confundan. No obstante, hay algunos ejemplos en la literatura mundial de obras escritas por hombres que son femeninas y feministas –aunque parezca muy extraño que un representante del “sexo fuerte” pueda escribir desde la visión femenina. Tal es el caso de Las Honradas, de Miguel de Carrión[5] Y al comparar ambas, la del cubano y la austriaca, me pregunto qué quiso decir, plantear y demostrar Elfriede Jelinek con Deseo, una novela con una sexualidad pacata, repugnante y conformista. Jelinek se autoproclama feminista pero creo que entre sus confesiones y la literatura que escribe, en muchas ocasiones, hay una contradicción. En una entrevista realizada por el periódico austriaco 'Der Standard', la autora dijo: “… {que en Deseo había} intentado constituir el lenguaje femenino de lo pornográfico… {pero} es imposible dado que la óptica de lo obsceno es inevitablemente masculina.. El sujeto del deseo es el hombre, y cuando lo es la mujer no tiene (aún no lo tiene) un lenguaje para su deseo..."[6] No puedo leer esto sin sentirme profundamente irritada por una opinión tan machista, máxime cuando es una mujer la que la expresa. Quizás la fuente no la citó correctamente pero no es necesario, siquiera, averiguar esto porque cada página de la novela está diciendo, precisamente, lo mismo. Para una mujer del siglo XXI con libertad imaginativa, económica, cultural y vivencial, es denigrante siquiera pensar que no posee, como ser humano, lenguaje para su deseo y que lo obsceno es territorio exclusivo de los hombres. Es cierto que las féminas librepensadoras han sido clasificadas, históricamente, como meretrices, putas y hasta lesbianas pero de ahí a negarles –negarnos- un lenguaje de lo erótico, lo que deseamos y lo que debemos expresar en nuestra vida sexual, se me hace una posición medieval. Si no pudo construir un lenguaje femenino de lo pornográfico, inclusive siendo mujer, es que está muy alejada del erotismo real de la vida.
¿ Que hay en el mundo, todavía, matrimonios como el de la novela? Nadie puede negarlo. Y peores, diría yo sin temor a equivocarme. Y no hay que ir a Austria para encontrarlos. El machismo latino es profunda y ancestralmente más violento que otros del mundo. México es, desgraciadamente, un muy buen-mal ejemplo de esto, a todos los niveles sociales. Un machismo que se expresa desde lo más burdo –los golpes- hasta lo más “sofisticado” de ciertas clases acomodadas, al no permitir a la mujer trabajar con el manido pretexto “yo gano lo suficiente”- pretexto que, en ocasiones, aplica para todo tipo de estratos en la sociedad. Es, por lo tanto, casi risible una denuncia literaria contra una hipocresía matrimonial casi generalizada a todos los niveles y en todos los países, máxime cuando aquí la justificación es el SIDA. Creo que nuestros queridos machos latinoamericanos jamás han necesitado un motivo, banal o cierto, para tener amantes u obligar a las mujeres a un sexo contra su voluntad. Quizás sí funcione en Austria pero me queda la gran, terrible duda, ¿acaso las clases menos acomodadas, los proletarios, no hacen lo mismo? Ese proletariado sin rostro –o con un gran rostro colectivo- que presenta la novela con una mirada casi utópica. El proletariado de la fábrica, la gente del pueblo, que trabajan, comen embutido y se reproducen, sin entrar en los juegos de la doble moral burguesa, son casi un símil de la idea roussoniana[7] del hombre natural. La realidad de la vida cotidiana muestra que no es cierto, que la hipocresía y la doble moral es común a todos y hasta en las sociedades del “hombre nuevo”, donde el “vil Capitalismo” ha sido derrotado y la moral “revolucionaria” prima, existen ambas condiciones. Y muchas otras.
Continuará...

CITAS:
[1] Mayra Montero. Púrpura profundo. España, Tusquets Editores, 2000. Esta novela obtuvo el XII premio de literatura erótica La sonrisa vertical en el año 2000
[2] Elfriede Jelinek. Deseo. España, Destino, 2004, p. 36.
[3] Novelista, ensayista y académica panameña- nicaragüense; nació en Venezuela el 12 de marzo de 1940. En 1984 la Academia Panameña de la Lengua la eligió Individuo de Número. En 1990 colaboró, en Madrid, en la elaboración y redacción de la vigésima primera edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia. Y desde 1999 forma parte de la Comisión de Lingüística, de la Academia Colombiana de la Lengua. En 1992 fundó, por sugerencia de la sede central en Londres, el capítulo panameño de la Internacional P.E.N, la más antigua sociedad mundial de escritores, cuya tarea prioritaria es la defensa de los derechos de los escritores alrededor del mundo.
[4] Marta Leonor González. “Gloria Guardia: No creo en lecturas obligatorias” La prensa literaria. Suplemento semanal del Diario La prensa, Nicaragua, 9 de marzo de 2002. en: http://www-ni.laprensa.com.ni/archivo/2002/marzo/09/literaria/ensayos/
[5] Miguel de Carrión (1875-1929), escritor cubano. En 1918 publica Las honradas, una novela donde se presenta a la mujer en sus distintas facetas y el papel que juega en la sociedad. La visión de Victoria, la protagonista, es extremadamente liberal y feminista en su época y el parlamento final de la misma es un breve ensayo acerca de cuál es el papel de la mujer en la sociedad cubana de principios del siglo XX y el dilema de una madre ante la educación futura de su hija. No obstante ser considerado por los críticos como una figura menor en la narrativa cubana, creo que en Las honradas y Las impuras ( 1919) –más en la primera que en la segunda- hay un texto muy vigente acerca de los sentimientos, deseos, anhelos y frustraciones –incluso sexuales- de las mujeres de todos los tiempos. Y hay, además, un deseo de búsqueda y una rebelión contra el papel impuesto por la educación al llamado “sexo débil”.
[6] http://elmundolibro.elmundo.es/elmundolibro/2004/12/01/narrativa_extranjera/1101921583.html. Página consultada el 7 de octubre de 2007.
[7] Juan Jacobo Rosseau ( 1712-1788), filósofo ilustrado francés. Introduce, en El contrato social (1762) la imagen del "buen salvaje", una suerte de inocencia natural (no existe el pecado original), la bondad es innata así como la igualdad absoluta. El concepto de naturaleza –que está muy marcado en la novela con la presencia del bosque, las casitas, las nevadas en el campo, el río- sirve como punto de referencia y concepto directivo.

FOTO TOMADA DE:
http://www.elmundo.es/elmundolibro/2004/10/07/protagonistas/1097147317.html

A propósito del gerundio.

La noticia ha recorrido el mundo: el gobernador de Brasilia ha prohibido el uso del gerundio en los documentos administrativos de la capital brasileña. En vez de alentar a los servidores públicos a un uso adecuado de las formas no personales del verbo y de los tiempos en futuro, el camino más sencillo, alentar la ignorancia, es el que ha sido tomado. Nadie niega -mis alumnos lo saben- que la utilización adecuada de los ando y los iendo es una labor laberíntica. Tan complejo es este asunto que la mayoría de los lingûistas y gramáticos -desde Gili y Gaya, pasando por María Moliner y Manuel Seco, que le dedica varias páginas en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española- invierten tiempo, conocimientos y estudios en tan difícil tema. Pero la clave está en aprender su utilización correcta. Dominarlo. Y ponerlo al servicio de nuestra lengua. Si empezamos a eliminar todo lo difícil, engañoso, problemático de nuestro idioma -o de otras lenguas romances- ¿ a dónde llegaremos?

Y para demostrar que sí es posible escribir bien con gerundios -y hasta poéticamente- les dejo un cuento de Diana Gamarnik, correctora y redactora del periódico Clarín y de la editorial Heliasta, ambas de Buenos Aires. Y después de revisar a conciencia la gramática del cuento, estoy muy asombrada de un texto breve, capaz de utilizar un lenguaje telegráfico pero profundamente poético, un manejo adecuado de los gerundios y de las oraciones con verbos elípticos. Un excelente ejemplo del dominio escritural.

Mi cara en el espejo

La mesa cubierta de libros y de apuntes.
Sergio leyéndonos las características de los yacimientos de oro.
Alicia preparando café.
Mi mano derecha a veintisiete centímetros de tu mano izquierda.
El anillo en el dedo anular de tu mano izquierda.
Tu voz retumbando en mi cabeza confesándome que no sabías qué hacer con lo que sentías por mí.
Mi voz retumbando en tu cabeza contestándote que eras mi amigo y que estabas casado.
Los nueve días que pasaron entre esa conversación y este momento.
Tu mano que me atrae y me repele como si fuera un imán de polos invertidos.
El anillo que brilla desafiante.
Mi mano que abandona la distancia y busca tu caricia.
Tu mano que se adueña de la mía y la penetra.
Sergio levantándose a buscar agua.
Vos estampándome un beso que me lastima y me desdibuja la boca.
Tu barba raspándome la piel.
Yo enmudeciendo sin saber qué decir.
Vos caminando como un tigre enjaulado.
Sergio avisando que terminamos de estudiar por hoy y que se tiene que ir.
Alicia anunciando que tiene que salir pero que enseguida vuelve.
Vos diciendo que te quedás un rato más para tomar unas notas.
Las respiraciones contenidas esperando encontrarse a solas.
Tu vida apoderándose de mi vida.
Las palabras que no alcanzan para todo lo que queremos contarnos.
Vos y yo escondidos en el baño por si Alicia llega.
Las ganas demoradas de comernos el uno al otro.
El apuro entremezclado con la lentitud de la espera.
Mi camisa azul y mi corpiño desabrochados.
Las bocas cumpliendo todo lo que las manos habían preanunciado.
Mi pollera levantada.
Mi bombacha en tu bolsillo.
Tus pantalones en los tobillos.
Los dos enfrentados a nuestra imagen en el espejo.
El tirón de pelo que me diste para que levantara la cabeza y me mirara.
Tu cara oscura perdida en mi pelo rubio.
Mi cara en el espejo y la rotunda comprobación de la imposibilidad de ponerle límites al deseo.
CUENTO TOMADO DE: http://www.elcastellano.org
FOTO: http://diana-marina-gamarnik.neurona.com/

lunes, 8 de octubre de 2007


JINETERAS

Por José Ramón Gómez Cabezas

En el año 98 viajé por primera vez a Cuba. En el vuelo de regreso a España me invadían sensaciones ambiguas sobre el viaje que acababa de realizar: por una parte, Cuba me había parecido un país espectacular en sus paisajes y con una historia curiosa y envidiable en muchos aspectos, pero a la vez estaba decepcionado o quizás angustiado por algunos detalles que dejábamos atrás, entre ellos, ver como una muchachita de no más de doce años, en una de las playas cercanas a la capital, consentía los tonteos de un grupo de asiáticos, algo ya veteranos, con intenciones muy definidas.
Quizá fuera el sabor agridulce de esta decepción lo que me impulsó a acercarme, con cierto desespero, a la literatura policial cubana, de la que había oído maravillas, pero aún no había tenido el placer de leerla.
Fue así como, tras una búsqueda intensa, me hice con algunos libros de autores cubanos: Leonardo Padura, Lorenzo Lunar, Amir Valle, Daniel Chavarría, Reynaldo Cañizares. Todos ellos mostraban, con poderosa narrativa, un mundo de picaresca donde la supervivencia a cualquier precio pasa de ser un instinto a convertirse en el leitmotiv de todo un país
De toda esa pléyade de autores isleños, me atrajo desde un primer momento un tal Amir Valle, refinado autor que traslucía un auténtico amor por su patria, pero al que no le dolían prendas remover algunos cimientos de la hipocresía del poder en Las Puertas de la noche, Si Cristo te desnuda o Entre el miedo y las sombras. Ni que decir tengo que devoré estas novelas donde se dibujaba una realidad mucho más parecida a la que yo intuía que a la probablemente oficial o turística. Drogas, abusos sexuales, proxenetismo; todos sus libros esbozaban un submundo lleno de cotidianeidad corrupta, incluso putrefacta, que duele en los ojos al leer y un nudo cabrón te acompaña en el pecho durante su digestión.
Ahora, cuando ya han pasado algunos años y he podido charlar con el autor en innumerables ocasiones, cuando ha publicado Santuario de sombras, para mí la mejor de la serie de novelas protagonizadas por Alain Bec y el viejo Alex Varga, llega a nuestras manos formalmente editada Jineteras, un envidiable ensayo periodístico que ha implicado del autor prácticamente nueve años, nueve dolorosos años para que esta tesina sobre el mundo de la prostitución en el Caribe vea la luz, emprenda una peculiar carrera de obstáculos y reciba los elogios y premios que merece.
Algunos pudimos conseguirla a través de Internet hace tiempo, pero aquello no era serio; era, digamos, un esbozo, un boceto que curiosamente no acabó con el libro, si no que más bien le confirió una inesperada publicidad: ¡para que luego digan de la red de redes!
El jineterismo es prostitución, llamada con otro nombre más cubanizado, afirma el autor; es una de sus variantes, y la prostitución en el Caribe ha existido desde que en La Pinta viajaran seis prostitutas para aliviar las tensiones de la tripulación. A partir de aquí, Amir Valle reconstruye este fenómeno históricamente hasta nuestros días, con inigualable pericia.
Para llevar a cabo su trabajo de investigación, el autor se ha entrevistado con 125 jineteras, 32 proxenetas, 15 dueños de casas de alquiler, 3 dueños de burdeles, 14 dueños de casas para shows de travestismo, 9 travestís, 6 taxistas particulares y 27 médicos, abogados, psicólogos, policías, empleados de hotel, etc..., impresionante elenco del peculiar universo que se esconde tras este reclamo que, año tras año, atrae a miles de turistas de medio mundo.
Las verdaderas protagonistas nos irán desvelando, en primera persona, cómo se iniciaron, sus motivos, los beneficios que sacan, las reglas no escritas, incluso detalles mucho más escabrosos. Por su parte los chulos nos hablarán del reparto de las zonas, los castigos que se han de inflingir si alguna osa trabajar por su cuenta, los sobornos a policías y custodios de hoteles y negocios. En definitiva, no falta ni un solo ángulo de visión para este complejo prisma.
La oficialidad probablemente tenga sus manidas explicaciones al respecto. Incluso, autores ideológicamente más cercanos a esa oficialidad, como Daniel Chavarría en su premiada novela “Adiós Muchachos”, utilizan el fenómeno para componer un magnífico personaje. En cualquier caso, y en el libro queda reflejado, más de un cubano gira la cabeza decepcionado cuando se les habla del fracaso de la Revolución en este aspecto.
Para los que hemos leído la obra de Amir Valle, Jineteras se convierte en un referente indiscutible para conocer, de primera mano, las desdichas de los verdaderos protagonistas de sus libros anteriores. Para los que nunca hayan leído a este autor, Jineteras les abre las puertas de un mundo semioculto, pero real, donde las perversiones y el salvajismo comparten almohada con el desencanto y el poder y, en definitiva, tan solo reflejan el quehacer diario de la dolorosa perspectiva de un país.